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Murió excorresponsal de El Espectador en el Caribe

Guillermo Valero Corso, de 78 años, falleció este martes en Barranquilla.

Guilermo Valero Corso, periodista
Excorresponsal de El Espectador en la costa Caribe.
Foto: Tomada del Facebook personal de Guilermo Valero

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A la edad de 78 años, y víctima de un infarto fulminante, falleció el pasado 16 de junio el periodista Guillermo Valero Corso, quien fuera corresponsal del diario El Espectador en Santa Marta y Barranquilla.

El comunicador, que estaba pensionado hace años por Telecom, trabajaba en Emisoras ABC de Barranquilla, con el programa Econoticias Regionales, en la cual desplegaba un ameno y tradicional estilo que lo llevó a destacarse en su profesión.

Para el periodismo colombiano, y especialmente el del Caribe, es una pérdida muy sentida por ser un hombre lleno de especial energía. “Guillo”, como le decían sus amigos, llegó a Barranquilla por traslado laboral del periódico El Espectador, cuando cerró sus oficinas en la ciudad de Santa Marta a comienzos de los años 90, y en cuya casa editorial desarrolló las funciones de corresponsal en la Costa.

Sus colegas en la región han sentido la partida de este lustre comunicador “dicharachero” y lo recuerdan “como un ser humano sencillo y noble que lo hizo granjearse el aprecio de sus colegas”.

Según relata Carlos Emilio Manjarrés Pastor (El niño Manjarrés), quien desde muy joven anduvo con el grupo de periodistas de la época de Guillo Valero, “muy pronto con su llegada a la ciudad, un compañero de trabajo lo acogió con su amistad, Humberto Acosta Nuñez, más conocido en el ámbito periodístico como “El Loco”, y lo integró a un grupo de amigos colegas que departían muy cotidianamente en la esquina de la calle 54 con carrera 39, donde aún funciona una tienda llamada “La Islita”.

Allí en La Islita, funcionó durante muchos años el tertuliadero de un excepcional grupo de periodistas, ya fallecidos, como “El loco” Acosta Núñez, Carlos Blanco, “El Mono” Manjarrés, Cecil Pardo, Otto Garzón, “El Ñerisimo” Boris Vergara, y otros que aún pueden contar muchas anécdotas de este grupo, como Ricardo Díaz De La Rosa, Pepe Sánchez y Carlos Manjarrés hijo, quienes han quedado, “por la gracia de Dios”, para recordar y contar las noctámbulas jornadas de tertulia, donde nunca faltaron bebidas etílicas y buenas picadas.

“Entre otras recuerdo –continua Manjarrés Pastor (hijo del Mono)– que la picada favorita de Guillo era la de bollo limpio con queso, la cual era requerida a Guillo por parte del Loco Acosta, expresándole: “¡Doctor bollo, ya es hora de la picada!”.

De inmediato “Guillo” se ponía de pie y se dirigía a comprar y a preparar la picada añorada. Al final, cuando ya ésta había sido consumida vorazmente por los integrantes de la mesa, “El Loco” le decía: “Misión cumplida, doctor bollo”, y Guillo, jocosamente, respondía: “Loco, me honro en mitigarles el hambre”.

Hoy, cerca del cielo donde seguramente estará, los colegas que ya han partido le estarán haciendo calle de honor para recibir a ese gran amigo con el cual compartieron en este paraíso terrenal. Paz en su tumba.

 

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