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A seis metros de profundidad, en las aguas de la bahía de Cartagena, se hizo un hallazgo que se consideraba impensable: los restos del fuerte de San Matías, una estructura construida en 1567 por orden del gobernador Pedro de Acuña, al suroeste de lo que hoy se conoce como El Laguito, en Cartagena de Indias, para la defensa de la bahía contra ataques de piratas y corsarios. Sin embargo, a finales del siglo XVI cayó en desuso y con ello quedó en el abandono.
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Para 1602, el gobernador Jerónimo de Zuazo promovió su reconstrucción, pero ya no tenía importancia estratégica, por lo que en 1626 ordenaron su desmantelamiento, que demoró dos años. Para finales del siglo XVIII los restos del fuerte habían desaparecido, quedando sumergidos bajo las aguas de la bahía de Cartagena tras la construcción del malecón de Bocagrande.
El redescubrimiento
El hallazgo actual no fue fruto del azar, sino parte de la investigación del Registro Nacional del Patrimonio Cultural Sumergido, liderado por la Dirección General Marítima (Dimar), el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.
“Desde 2019 venimos adelantando un proyecto de investigación denominado Registro Nacional del Patrimonio Cultural Sumergido, que comenzó con una fase exploratoria en la bahía de Cartagena. La implementación metodológica de este registro se inició en aguas someras como un proyecto piloto”, explicó el capitán de corbeta Saúl Vallejo Quintero, responsable del área de Patrimonio Cultural Sumergido de la Dimar.
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Durante la investigación utilizaron ecosondas multihaz, una tecnología que permite mapear con precisión el fondo marino, determinando su profundidad, composición, granulometría, entre otras variables. Inicialmente, los arqueólogos Richard Guzmán, Diana Quintana y Carlos Andrade tenían como objetivo estudiar la escollera submarina que cerró permanentemente la navegación por Bocagrande desde el siglo XIX, pero en 2014 lograron generar imágenes tridimensionales del fondo marino, en las que encontraron restos de la escollera, con los que determinaron que se extendía desde el parque de la “Caracucha” en Bocagrande hasta Tierrabomba.
Luego de ampliar el área de estudio y revisar mapas náuticos y planos históricos, descubrieron que las piedras formaban una estructura con un diseño específico. “Precisamente el interés de crear el proyecto surgió por estos relatos orales que nos daban luces sobre posibles hallazgos. Muchas veces son los propios pobladores quienes nos informan sobre estructuras que han sido parte de su memoria colectiva”, señaló el capitán.
El proceso incluyó buzos especializados de la Armada Nacional, lo que permitió confirmar la presencia de una estructura que, por su diseño arquitectónico y gran tamaño, coincidía con los registros históricos del fuerte de San Matías. “A pesar de su antigüedad, los cimientos del fuerte se encuentran en buen estado de conservación. Hoy es posible observar el trazado de la fortificación, incluyendo sus baluartes”, agregó Vallejo.
Las condiciones de la escollera de Cartagena dificultan la exploración, ya que las corrientes marinas, la baja visibilidad y el tráfico de embarcaciones menores complican el acceso a buzos deportivos. “Es posible que la estructura haya sido vista antes, pero quien la observó no hizo ninguna asociación o ese análisis histórico”, explicó Vallejo.
Por otra parte, la exploración submarina implica sus retos, pues el trabajo en el mar requiere una planeación minuciosa. “Lo que no se planea en tierra, nos lo cobra el mar”, enfatizó Vallejo. Por ello, cada expedición demanda un alto nivel de coordinación y de integración de arqueólogos y oceanógrafos hasta historiadores y expertos en robótica submarina.
“Independientemente del tamaño del hallazgo, cada evidencia arqueológica nos ayuda a reconstruir cómo era la vida en su época, las costumbres y las creencias de aquellos tiempos. No se trata de una sola estructura, sino del conjunto de elementos que nos permiten entender nuestro pasado”, concluyó el capitán.