
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El mercado de Bazurto en Cartagena nunca para. Entre las seis y las siete de la noche comienzan a llegar los camiones cargados con alimentos, muchos de los cuales vienen del resto del departamento o el centro del país. Las carretillas se comienzan a mover entre algunas de las calles de los cinco barrios alrededor y dentro del mercado distribuyendo, despachando y enviando productos, en una dinámica que se mantiene en la madrugada y parte de la mañana. Con el sol también comienzan a moverse los restaurantes y puestos de comidas por los que abundan los turistas, mientras que habitantes de la ciudad recorren sus puestos para conseguir cualquier cosa, porque en todo lo que se piense se puede encontrar allí.
“Bazurto puede ser una ciudad dentro de Cartagena. Hay 4.500 unidades de trabajo, se generan más de 10.000 empleos directos y 30.000 indirectos, se reciben alrededor de 25.000 toneladas de comida mensual y los días de comercio es visitada por al menos 300.000 personas”, asegura Luis Carrillo, vicepresidente de la Asociación de Comerciantes de Frutas Cítricas de Cartagena (Acofrucicar).
Pero no todo es color de rosa. Si se ve desde afuera, lo que se puede definir es un caos. Transitar la avenida El Lago o la Pedro de Heredia en este punto es sumirse en un largo trancón por el cuello de botella que provocan los carros de carga pesada del mercado mayorista y de las personas en carretillas que ofrecen sus productos ocupando parte de la vía. A esto se les suman el ruido y la contaminación por el mal manejo de las basuras, que también lleva a la contaminación de la ciénaga de Las Quintas, que funciona de embarque del mercado y donde también terminan parte de los residuos.
“Hay carretas, desorden y contaminación que se ha extendido al barrio Martínez Martelo. Ya han cogido varias casas. Los camiones se estacionan e impiden el paso. Se forma un caos. Hemos tenido que soportar horas en un carro y hasta tener que devolvernos para buscar otra vía. También está el ruido de la madrugada. Por donde quiera que uno analice, la situación es terrible”, indica Dani Vels, habitante de la zona.
Por esto último, en 2010, un juez ordenó el retiro o traslado del mercado de Bazurto en respuesta a una acción popular que promovieron los habitantes del barrio de Vels, y que fue ratificado por el Tribunal Administrativo de Bolívar. Se justificó que el mercado se expandió por una zona residencial, y además del traslado se ordenó realizar las acciones correspondientes para iniciar la renovación urbana en la zona. En los últimos 15 años, Mercabastos y universidades han hecho por lo menos tres estudios, pero ningún alcalde ha logrado cumplir el fallo.
Antes de hablar de lo que está pasando en estos días es necesario entender lo que representa Bazurto. El mercado inicialmente se encontraba en Getsemaní, donde hoy está el Centro de Convenciones, pero como lo indica el Museo Histórico de Cartagena de Indias, “se comenzaron a asomar una serie de problemas como la invasión del espacio público, crecimiento de los vendedores informales, infraestructura precaria, deficiente ambiente de trabajo, actividades ilegales y problemas de movilidad”. A la par, un incendio destruyó parte del pabellón principal, lo que aceleró el traslado del mercado a una zona que para entonces no se consideraba urbanizable.
“En ese tiempo no era comerciante, participé en ese traslado como militar ayudando a montar a la gente en las volquetas. Trajimos a la gente acá obligados. Luego se quedó un grupo allá de militares evitando que se regresaran”, recordó Jorge Luis Moreno, de la Asociación de Comerciantes Minoristas del Mercado de Bazurto.
A esto el historiador Orlando Deávila Pertuz explicó en un podcast de Cartagena Federal que Bazurto no se pensó como una gran central de abasto, sino como una de siete plazas de mercado que tendría la ciudad y que finalmente no se construyeron (se alcanzaron a hacer dos más, entre esas la de Santa Rita), así como tampoco se previó que esta zona sería un paso vial importante para conectar el sur con el norte de la ciudad, lo que hoy es un problema.
Pero sin duda, pese a la suma de inconformismos mencionados, el mercado de Bazurto es un ícono de Cartagena, central de abastecimiento, sinónimo de pluralidad y, en cierta forma, puede considerarse hasta parte de la resistencia al gran cambio que ha tenido el centro de la ciudad por el creciente turismo. Aunque no ha sido ajeno, pues ahora son reconocidas las rutas turísticas para ir a comer al restaurante donde Cecilia, a Rosa La Primorosa, donde estuvo Luisito Comunica, o al Songo Sorongo, en el pasaje de la salsa, frente al puesto del “Runner”, que también es famoso por hacer los carteles del mercado y de los picó.
Bazurto representa muchas cosas de lo que es Cartagena, pero algo en lo que todos coinciden es que sí se debe hacer algo con el mercado.
Hacia las afueras
La semana pasada el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, señaló que se firmó un acuerdo con la Cámara de Comercio para evaluar los escenarios de sacar el mercado de abastecimiento, el mayorista de Bazurto, así como se integró a la Gobernación de Bolívar, y se buscan alianzas público-privadas para que haya una central de abasto fuera de la ciudad, como en Turbana, Arjona o Santa Rosa del Norte. A esto añadió que se tendrán más mercados en la ciudad, así como hará una renovación de Bazurto para que sea una “central de abastos más organizada y moderna con una conexión más directa con el sector turístico, hotelero y gastronómico de la zona norte de Cartagena, enfocada en la compra al por mayor”.
Vels celebró la acción del alcalde, y afirmó que han participado en mesas con la Cámara de Comercio y la Sociedad de Ingenieros, en las que se ha hablado de las islas que quedarán del mercado, así como de lo que se proyecta en la zona. Pero en una posición distinta se han encontrado los comerciantes, quienes señalan que no han podido entablar diálogos con la Alcaldía ni la Cámara. Carrillo, de Acofrucicar, dice que no se opone a que se saque el mercado mayorista de Bazurto, pero cree que el camino no es dejarlo en manos de privados, sino que se cree una empresa pública.
Sumado a esto, pide que se cumplan otras promesas, como la categorización, liderada por universidades, de quienes están en Bazurto y la formalización de los que tienen puestos en el mercado. “Todavía hay personas que llegaron de Getsemaní hace más de 50 años, hoy tienen alrededor de 80 años y están heredando sus puestos a sus hijos y nietos. Hay una renovación importante que se debe aprovechar”.
Por su parte, Moreno asegura que se ha enterado de todo por televisión, y si bien acepta que se debe hacer algo con el mercado, no apoya el traslado, sino que propone reorganizar. “Somos más de 5.500 personas que podríamos vernos afectadas por el traslado, porque ganamos lo del día a día. Se necesita claridad de lo que van a hacer, porque no se está teniendo en cuenta que muchos de los minoristas dependen de lo que traen los mayoristas. No estamos en contra del progreso de la ciudad. Lo que pedimos es que si se va a hacer el proyecto, se cuente con la materia principal, que son los comerciantes”.