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Querida Jasmín, acabo de leer la primera carta que recibes y que hace alusión a tu bello nombre. Y decidí unirme a las cartas que te escriben propios y extraños repudiando el acto violento que te hace permanecer en coma inducido. (Lea aquí la historia del caso de Jasmín)
Quiero que despiertes y te encuentres con un mundo que se ha sacudido porque no necesita ni un solo caso más de maltrato para actuar a favor de la mujer.
Quiero que abras tus ojos y veas cómo claman de inmediato atención todas las autoridades para frenar esta aversión de algunos hombres ante el maltrato a la mujer, estos feminicidios.
Quiero contarte que tengo una amiga feminista, a la cual admiro mucho, porque me ha enseñado a reflexionar aún más sobre el verdadero papel de la mujer. Ella me ha explicado que no podemos seguir recibiendo el rótulo de novia, esposa, amiga, empleada, hermana, sino el de mujer, ese, que sin importar el rol, nos da un lugar especial en este mundo que también es de nosotras y que nos avala cualquier tipo de respeto, que nos resignifica solo por el hecho de ser mujeres, por nada más.
Mi amiga activista me ha enseñado también que no podemos actuar con violencia ante la violencia, y que no podemos quedarnos en la forma sino ir a las capas más profundas para ser respetadas y valoradas. Ella me explicaba que algunos piensan que la alternativa es que aprendamos defensa personal para poder ir seguras por el mundo, pero esto no sería una solución sino una responsabilidad que recaería de nuevo sobre la mujer. ¿O es que todos los hombres deben ser cinturón negro para caminar por las calles con tranquilidad? Lo analizamos con la risa propia del sarcasmo que dejan estas alternativas.
Mi amiga feminista también me ha enseñado que es sorprendente ver cómo siguen los hombres tomando decisiones sobre temas que le competen a la mujer, por ejemplo, sobre su propio útero. Muchas decisiones quedan en manos de jueces hombres, o de los mismos esposos, tal y como ocurría a comienzos de 1900.
Con dolor, leo tu noticia y me imagino la marcha que adelantaron el viernes en tu nombre frente a la Torre del Reloj en Cartagena. Yo estuve ahí de corazón, repudiando la situación de violencia que te dejó en un coma inducido por el simple hecho de tomar un taxi en la noche.
Hoy, digo no más, y aprovecho para contarte que desde mi papel de mujer, asumo la responsabilidad de continuar enviando ese mensaje reflexivo a los hombres, a todos los de mi familia, a mis amigos más cercanos y a quienes puedan leer este mensaje, para que entrenen sus emociones, para que entiendan que estamos cansadas del atropello, que somos mujeres dispuestas a vivir, porque es nuestra decisión y no de ellos, que estamos dispuestas a reparar nuestro corazón, a decir no más y a exigirle al Estado que sea severo y nos garantice el derecho a la vida. Es su responsabilidad.
*Esta carta hace parte de la serie de #CartasAJasmín, publicada por El Espectador, en la que amigos y desconocidos le envían un mensaje de fortaleza a Jasmín Álvarez Romero, quien está en coma inducido tras ser víctima de una brutal agresión en Cartagena. Si quiere publicar una carta puede enviarla a pcuartas@elespectador.com
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