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Varios cuestionamientos surgieron el pasado primero de mayo por la aparición de una mancha de tono cobrizo en el sector de Castillogrande, en la bahía de Cartagena, que se esparcía de forma irregular y hacía ver oscuros los tramos que recurrentemente atraviesan las embarcaciones.
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Lo primero que hicieron las autoridades fue corroborar y descartar que la mancha no se debiera al derrame de hidrocarburos, aceites u otras sustancias. Luego, la Dirección General Marítima (Dimar) hizo los análisis en la zona y descartó la presencia de sustancias, mientras que el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe confirmó que, con los estudios hechos al agua, no se hallaron niveles fuera de lo normal de clorofila-a y de oxígeno disuelto.
Así, sobre lo ocurrido, Carlos Rivera Rondón, biólogo, limnólogo, profesor del departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana y parte del Instituto Javeriano del Agua, habló de las condiciones que se presentaron en la bahía y los factores que pudieron incidir en la aparición de aquella mancha.
Dentro de las hipótesis se habla de la presencia de microorganismos como el fitoplancton, ¿qué es y cómo se comporta?
En el medio acuático existen muchos organismos que pueden crecer rápidamente cuando aumentan las concentraciones de nutrientes. Esto puede ocurrir por distintas razones, por ejemplo, por el ingreso de sedimentos o corrientes de agua que transportan esos nutrientes desde otras zonas.
Hay unos organismos microscópicos, que son las algas, que tienen tasas de duplicación muy altas; cuando ocurre ese crecimiento, también aparecen otros organismos que se alimentan de ellas, como el zooplancton, pequeños crustáceos que las siguen. Todo esto forma parte del ciclo natural del ecosistema.
Lo que se puede observar entonces son manchas en la superficie o en la columna de agua que aparecen y desaparecen rápidamente. Estos cambios pueden ocurrir en lagos, embalses o en el mar. Las floraciones pueden durar muy poco tiempo: un día pueden estar presentes y al siguiente desaparecer o dispersarse debido al movimiento del agua y las corrientes.
¿Qué condiciones pueden favorecer su aparición?
A estas algas les gustan las aguas más quietas, porque si hay mucha circulación pueden ser llevadas al fondo y dejan de crecer de forma eficiente al ir a zonas más oscuras. En estos procesos, los nutrientes —principalmente el fósforo y el nitrógeno— son los elementos que más regulan el crecimiento de las algas en los ecosistemas acuáticos. La temperatura, en cambio, es relativamente constante y no es un factor tan determinante en este caso.
¿Hay otros procesos que hayan podido provocar el efecto en la bahía?
Las corrientes de agua pueden cambiar las condiciones: pueden aumentar la temperatura o traer sedimentos desde otras zonas. Uno puede ver cambios en la coloración cuando hay, por ejemplo, mucho invierno en el continente y las lluvias arrastran eso hacia el mar. También puede pasar que sean algas acompañadas de otros organismos que llegan a alimentarse de ellas.
¿A qué se debe que la coloración del agua se disipara en tan poco tiempo en este caso?
Por el tipo de coloración que se observó, podría tratarse de algas marinas como diatomeas u otros organismos del plancton, pero es muy difícil saberlo porque entiendo que no hay muestras de ese día, sino que se hicieron posteriormente.
Pero puede ocurrir, por ejemplo, que los organismos, de un día para otro, consuman todas las algas y estas desaparezcan. O que haya muchos de esos crustáceos que mencioné: he visto casos de lagos con crecimiento de algas y luego presencia de zooplancton, y eso provoca ese color café. En todo caso, si eran algas o plancton, pudieron haberse desplazado o dispersado por las corrientes.
Entonces es normal que estas floraciones permanezcan poco tiempo en el agua…
Cuando es una floración realmente grande, puede tardar una semana o un par de semanas en dispersarse. Hay algunas que son tóxicas, y esas pueden durar más porque no se las comen los organismos. Pero las floraciones por nutrientes sí pueden ser de corto plazo y durar un par de días. Para ver esas diferencias, hay que tomar muestras y analizarlas en laboratorio, y así saber qué especies podrían estar causando la floración.
En el caso de la mancha, se analizaron los valores de clorofila y, según la nota del CIOH, ya no había valores altos, entonces se descartó que hubiese un crecimiento importante de algas.
Cuando hay una floración, ¿es posible hacer algo para controlar su aparición?
Es muy difícil porque son organismos microscópicos y no puedes filtrar el agua, no puedes echarle una toxina porque también matarías los peces y otros animales del ecosistema. En teoría, hay que esperar a que baje la concentración de nutrientes o que haya cambios en las corrientes que ayuden a que disminuya.
¿Puede haber relación entre el fenómeno y los vertimientos de aguas residuales o la escorrentía urbana?
En buena parte de Colombia, las aguas que corren por la superficie —las aguas lluvias— no tienen una buena separación de las aguas residuales. Es bastante probable que gran parte de esas aguas residuales estén llegando directamente al océano, al mar. Entonces, pueden recibirse descargas de nutrientes sin que necesariamente vengan de la industria, sino también por la escorrentía superficial de alguna zona cercana.
No solo hay que pensar en los aportes por lluvias y escorrentías, sino también en escalas mayores. Por ejemplo, el río Magdalena carga nutrientes de muchas ciudades del país y de la actividad agrícola. Es una entrada muy importante hacia el Caribe. Entonces, a escala global estamos inyectando muchos nutrientes y eso favorece la aparición de estos fenómenos, que hoy son más frecuentes.
Sobre la toxicidad, ¿qué impactos puede tener en los organismos marinos?
Hay unas especies que son neurotóxicas, otras, hepatotóxicas, y otras, dermotóxicas. Hay casos en donde las algas que las producen suelen ser verdosas, que son las que generan toxinas. Pero también las hay causadas por algunas diatomeas, que no son tan verdosas, sino más marrones.
En general, las floraciones tóxicas ocurren con algunas cianobacterias, un grupo particular de algas. La recomendación es no bañarse o entrar en contacto con esas zonas. Mucho menos consumirla, porque puede generar mareo, vómito e, incluso, efectos neurológicos.