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Dos imágenes han llamado la atención en Guatavita. La primera es la de un rénder de cómo se rediseñaría la plaza de toros Real Maestranza, que ahora pasaría a ser el nuevo Centro de Memoria del municipio, con una estructura muy diferente a la actual. La segunda es del interior de la plaza de mercado, en la que se ve cómo se ha demolido gran parte de la infraestructura arquitectónica, que se construyó hace 56 años, cuando el municipio fue reubicado. Aunque, en esencia, se trata de dos obras de renovación a manos de la alcaldía. Detrás está la historia del municipio, lo que hace que las intervenciones no sean vistas de la misma manera.
Para 1964, un hito se marcó en Guatavita. Ante la construcción del embalse de Tominé, con el que se buscaba regular el volumen de las aguas del río Bogotá y así reducir el riesgo de inundaciones de los municipios ribereños, se sacrificó al casco urbano del municipio y las viviendas quedaron bajo las aguas, por lo que se empezó la construcción de la nueva cabecera municipal, que en 1967 albergó a los habitantes trasladados. El nuevo pueblo se edificó con un mismo estilo y se pintó de blanco, por lo que hoy es un atractivo turístico de Cundinamarca.
De ahí que cada obra que se haga en el municipio llame la atención. En este caso, el de la renovación de las plazas, la preocupación gira alrededor de dos cosas. La primera es sobre los cambios que tendrá la plaza de toros, cuya arquitectura es similar a la de su homónima en Sevilla, España, y cuyos cambios contemplarían hasta una nueva fachada. La segunda tiene que ver con las demoliciones dentro de la plaza de mercado, pues si bien está claro que lo que se harán son reformas y se cumplirán las normas sísmicas, a los habitantes y turistas les preocupa la necesidad de destruir algo que no tiene más de 60 años de edificado y que es parte de lo que consideran patrimonio.
La Alcaldía de Guatavita asegura que el municipio está en obra. Se están construyendo placas huella, haciendo el mantenimiento de la malla vial que comunica con otros centros urbanos, así como se hace la remodelación de las plazoletas de mercado, la plaza de toros y la plaza de comidas.
Sobre esta última, Jeison Moyano, jefe de la oficina de Infraestructura del municipio, indica que más allá de la conservación, la edad de las edificaciones sí es un problema. En el caso de la plaza de comidas, afirma que “lleva más de 50 años hecha y que en la actualidad no cumple con las especificaciones ni la normatividad del Ministerio de Salud para este tipo de establecimientos. Además, su estructura estaba muy deteriorada y por eso fue necesario hacerle algunas modificaciones”.
El funcionario agrega que “muchos turistas que venían a Guatavita se estaban quejando por la atención, decían que olía feo, que había mucha suciedad, estiércol de aves, etc., lo que generó una problemática compleja, y por eso desde la Alcaldía se le quiso dar una nueva utilidad a esa plazoleta, que llevaba años cerrada. Lo que buscamos es comercio, así como un atractivo turístico y gastronómico a nivel de Cundinamarca. Queremos volver a darle vida al sector”.
Pero los problemas parecen más de comunicación. Aunque desde hace años se viene hablando de la necesidad de reforzar espacios abandonados, como estas plazas, los cambios abruptos son los que mantienen el debate en el municipio, debido a la estética que se consolidó desde que se trasladó el municipio. Esto ha sido cuestionado por el exconcejal Mauricio Calderón, quien asevera que obras como la que se plantea en la plaza de toros podría ir en contra del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), que pide conservar el tratamiento arquitectónico.
Además, resalta que con las obras se estaría pasando por alto una contravención que impide las demoliciones totales en el centro histórico, así como los habitantes de la zona han alertado que se han hecho intervenciones en zonas aledañas a la plaza de comidas, por lo que les preocupa que los cambios sean grandes para la estética de Guatavita.
Moyano explica que nada de lo que se está haciendo es improvisado: “Para hacer las adecuaciones se elaboraron estudios y diseños que se llevaron a una mesa de trabajo con el ICCU (Instituto de Infraestructura y Concesiones de Cundinamarca) y, después de realizar el convenio, se generó el contrato de obra para la remodelación”.
En este camino, el pasado 23 de febrero se firmó un contrato por $1,742 millones con C&C Consultoría y Construcción SAS para la adecuación y el mejoramiento de la plazoleta de comidas, mientras que el 12 de abril se firmó otro por $1,889 millones con el consorcio Cultura Open para la primera etapa de adecuación del nuevo Centro de Memoria Histórica en la plaza de toros. Ambas obras se firmaron a siete meses, por lo que antes de que finalice el año deberían estar listas.
Sobre la polémica, la alcaldesa de Guatavita, Ruby Jimena Prieto, indicó a La W que hicieron la consulta ante el Ministerio de Cultura y a las entidades correspondientes para corroborar que el municipio no tuviera estructuras patrimoniales (en esos casos hay que pedir permisos para intervenir los espacios), mientras que con respecto a la protección que se establece dentro del Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT), señaló que no se encuentra la plaza de toros y que lo que se va a hacer es una remodelación y no cambiar la estructura. Además, resaltó, que pese a que en unos primeros estudios se planteó cambiar la fachada de la plaza de toros, los planos actuales no contemplan esta opción.
“Lo que queremos hacer es recuperarla. Lleva muchísimos años como plaza abandonada y queremos volverla un centro cultural y de eventos”, dijo Prieto.
Sobre la plaza de comidas, la alcaldía le indicó a El Espectador que se tendrán seis puestos de cocina y se entregará para noviembre. “Las obras de infraestructura traen desarrollo, mejoramiento en la calidad de vida de la comunidad, en la economía del pueblo, mejora de viviendas, espacio público, movilidad, transporte, genera empleo, son beneficios que se obtienen para la comunidad, por lo cual nace el deseo y propósito de ejecutarlas”.
Ante la discusión, representantes de ICCU estuvieron verificando las condiciones de las obras y los cuestionamientos sobre las mismas, así mismo la Alcaldía participó en un cabildo abierto organizado por el Concejo, en el que los habitantes del municipio mostraron sus inconformismos y propuestas, por lo que al final se acordó crear una veeduría ciudadana para hacer seguimiento a las obras, a la espera de que se mejore la comunicación y que a finalizar el año estén listas las obras en controversia.