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Liam Gael Rodriguez Narváez cumplía su primer año de vida el 18 de octubre. Ahora, su familia lo llora. El 29 de septiembre, el Hospital Divino Salvador, del municipio de La Calera (Cundinamarca), declaró su fallecimiento. Ese día comenzó con normalidad. Sobre las 7:00 a.m. Mildred Narváez dejó a su hijo con vida en el Centro de Estimulación Temprana Art & Kids, una especie de salacuna, para que lo cuidaran. Tres horas después recibió la llamada que le partió el corazón: le informaron que al niño lo habían llevado de urgencia al hospital.
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Luego se enteró de que el pequeño llegó sin signos vitales al centro asistencial y, a pesar de las labores de reanimación, nada se pudo hacer. En medio de la tragedia, la madre alcanzó a preguntarle a una docente ¿qué sucedió? La respuesta fue desconcertante: al parecer, el niño broncoaspiró por ingerir muchos alimentos. Hoy, sin tener mayores detalles ni la confirmación oficial sobre la causa de la muerte, tanto familiares y como amigos tienen su hipótesis: negligencia. El caso de Liam junto al de Valeria Afanador (Cajicá) son dos episodios, en menos de dos meses, en los que la aparente falta de cuidado docente deja ausencias irreparables.
Los permisos
La validez sobre los permisos que tenía este Centro de Estimulación Temprana Art & Kids, fue una de las primeras preguntas que surgieron tras el lamentable caso. El Espectador consultó el certificado ante la Cámara de Comercio de Bogotá y encontró que el establecimiento fue registrado desde el 3 de agosto de 2019 y renovado el 16 de mayo de 2025, por las propietarias y docentes Erika Juliana Garzón y Jéssica Andrea Peña. Según el documento, se matricularon para desarrollar actividades de servicio de apoyo a las empresas y educación de la primera infancia.
De acuerdo con la DIAN, esta última actividad comprende “dar apoyo temprano al desarrollo cognoscitivo, físico, social y emocional del niño, y familiarizarlos a corta edad (cero a dos años) con la instrucción organizada fuera del entorno familiar (…) para prepararlos a la educación preescolar”.
Esta educación caracterizada en Art & Kids la recibió el hijo de Laura Padilla en 2019 por al menos nueve meses. Laura, también tía de Liam, cuenta que durante una jornada completa, su niño recibía actividades de motricidad fina, lenguaje, estimulación, alimentos e, incluso, transporte si los padres no podían desplazarse. “Juliana y Jessica ofrecían acompañamiento permanente a los niños. En su momento, manifestaron su experiencia con menores y nosotros como papás, claro, confiamos en que tenían los estudios para ejercer este cuidado”.
Laura recuerda que, si bien durante la estadía de su hijo no ocurrió nada extraño, sí resalta casos, apuntando a un presunto descuido. “Mi hermano, de 2 años, a veces llegaba con pañalitis. Íbamos a reclamar y nos decían que ‘el niño se había dormido con el pañal puesto y despertaba quemado’, respuesta que, evidentemente, denota un descuido o falta de previsión”.
Ahora, tal parece que esas fallas, dejaron de ser pequeñas para terminar en tragedia. De confirmarse que la causa de muerte de Liam fue por broncoaspiración o asfixia -evento potencialmente letal y común entre bebés, adultos mayores o personas en estado de alicoramiento-, lo que deja es una estela de dudas, empezando por saber si las docentes contaban, al menos, con un curso de primeros auxilios enfocado en niños, así como cuánto tardaron en reaccionar antes de llevar al niño al centro asistencial.
Por ahora, las docentes, a través de un comunicado, se defienden diciendo que ellas sí le brindaron primeros auxilios al niño e inmediatamente los llevaron a urgencias (…) “Estamos dispuestas a prestar nuestra total colaboración a las autoridades”, indicaron las profesoras.
¿Quién vigila?
El alcalde de La Calera, Juan Carlos Hernández, aseveró que las labores de vigilancia e inspección de las instituciones educativas están a cargo de la Gobernación de Cundinamarca. Sin embargo, Mario Correa, secretario Social y la Familia del departamento, respondió que los servicios comerciales de cuidado y sala cuna, como en el que murió Lian, no se encuentran regulados ni hay lineamientos para la prestación del mismo. “Por lo tanto, se presta como un servicio comercial, por lo que no tenía vigilancia ni del municipio ni de otra autoridad competente, al desconocer la existencia del mismo”.
Juan Pablo San-Ta, defensor DD. HH. de niños, niñas y adolescentes, ve en ello un deslinde de responsabilidades, que incumple el principio de corresponsabilidad. “Hablar de un vacío legal es incorrecto. Lo que existe es una falta de articulación interinstitucional. Aunque el municipio no sea certificado en educación, la Alcaldía tiene el deber de activar rutas de protección, verificar la legalidad del establecimiento y dar aviso al ICBF y a la Gobernación cuando detecten riesgos. La Constitución obliga a que toda autoridad proteja de manera prevalente los derechos de la niñez”.
Por su parte, desde el ICBF indicaron a este diario que solo hacen ejercicios de inspección, vigilancia y control a las unidades de servicio que están bajo su operación, como los centros de desarrollo infantil.
El caso de la muerte de Liam Gael ya está en manos de la Fiscalía, ente que aperturó una noticia criminal y selló el Centro de Estimulación Temprana Art & Kids. Mientras tanto, familiares esperan los resultados de Medicina Legal para darle sepultura, a través de una ceremonia en la que las camisetas y las bombas blancas serán los símbolos para darle el último adiós. Por ahora, no queda más que los recuerdos de las sonrisas y la espontaneidad del pequeño en los corazones de quienes lo amaban. Al duelo, lo acompañan preguntas sobre ¿qué ocurrió?, y ¿quién tiene la responsabilidad?
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