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La reapertura por la vía al Llano parece complicarse con los días. Se cumplieron dos semanas del deslizamiento en el kilómetro 18, conocido como Cuatro Carriles, en donde cayeron alrededor de 100.000 metros cúbicos de material sobre la carretera, pero, lejos de lo que podría creerse, en la zona no hay gente trabajando en reabrir el paso, a pesar de la gran cantidad de pasajeros y carga que se mueven entre los llanos orientales y el centro del país. El problema es tan grave que no se resuelve solo con retirar el material que cayó. A esto suma un dilema: ¿quién debe encargarse de la reapertura de la vía?
Una vez se registró la emergencia, la gobernación de Cundinamarca trasladó a la zona volquetas y retroexcavadoras para intentar remover la tierra que cayó sobre la vía, pero tras cuatro días de trabajo no lograron remover ni el 7 % del material. Se siguieron presentando deslizamientos, por lo que se volvió a taponar la zona que ya habían limpiado. El trabajo fue en vano.
“Hay un evento rotacional, que significa que cada vez que le quitas algo en el soporte, vuelve y se llena, porque como la montaña está tan cargada desde arriba, sigue cayendo material. Entonces, mientras que no se controle y se hagan obras de estabilización de la montaña, puede que toda la vereda se venga por ese punto si se quita ese soporte que se armó con los escombros que cayeron sobre la vía”, explicó el gobernador de Cundinamarca, Jorge Rey, quien añadió que por eso se pidió a la concesión encargada de la vía (Coviandina), que se haga el monitoreo del riesgo en la zona.
Para retomar el tránsito por la vía al Llano, las autoridades reabrieron una variante, a pocos metros de donde se presentó el deslizamiento, pero esto no responde a la demanda que tiene la vía, pues, por este punto alterno solo alcanza a pasar entre el 30 % y el 40 % de los vehículos que lo hacen normalmente en un día, a lo que se suma que es una carretera empinada a la que le tuvieron que hacer adecuaciones para que pudieran transitar vehículos de carga pesada, así como para soportar el tráfico diario.

Sobre estas acciones, la gobernadora del Meta, Rafaela Cortés, advierte que estos corredores no serían alternativas que “llegan siquiera a calificar como una solución de corto plazo”, por lo que asegura que se debe dar prioridad a atender los puntos críticos, así como ha pedido al Gobierno Nacional priorizar las grandes obras que prevengan nuevas emergencias sobre el corredor. Pero no está claro quién va a poner los recursos para los trabajos que se requieren.
El limbo
El gobernador de Cundinamarca comenzó esta semana alertando que no hay trabajadores en la zona de la emergencia porque las entidades nacionales han estado pasándose la pelota de quién se debe hacer cargo de la situación. “La concesión dice que no le corresponde atender el deslizamiento y la ANI, que no tiene plata. O sea, estamos en el peor de los mundos”, añadió Rey.
No se trata de una discusión nueva. En pasadas emergencias Coviandina ha advertido que no le corresponde atender lo que pasa fuera del corredor vial, debido a que, al tratarse de una concesión de Primera Generación (se adjudicó en 1994), en el contrato no se incluyó obras sobre afectaciones que se presenten alrededor de la carretera, es decir, situaciones como esta donde lo que hubo fue un derrumbe de la montaña.
“Por eso el concesionario se puede deshacer fácilmente de las actividades de estabilización de la ladera, del manejo de aguas en la parte superior y de la remoción de la parte baja”, afirmó el mandatario.
Por su parte, la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, corroboró que este es uno de los 90 puntos críticos que no está dentro del contrato con Coviandina, lo que confirmaría que las acciones están en manos del Gobierno Nacional, pero la misma funcionaria asegura que no hay dinero para atender la situación.
“Estamos evaluando con el Gobierno, con el Ministerio de Hacienda, qué posibilidad hay de recursos, pero un no podemos tapar con el sol con un dedo, no hay plata. Esos puntos críticos nunca se incluyeron para un trabajo estructural de fondo en ninguna concesión (…). Tendré una reunión con el ministro de Hacienda para revisar que posibilidad de unos recursos que hoy no están en el Ministerio de Transporte, ni en la ANI, ni en Invias para poder hacer esa atención”, explicó Rojas.
Por lo pronto, desde la gobernación señalan que se está caracterizando a la población en la zona del derrumbe, así como se entregan subsidios de arrendamiento y se abrieron albergues transitorios. Además, se adelantan trabajos para reconectar a dos centros poblados que se quedaron sin acueducto y se cambiaron los horarios en una institución educativa de la zona, cuyos estudiantes se han visto afectados por el cierre de la vía.
“También estamos apoyando a los productores agropecuarios de la región con el transporte para poder llevar sus cosechas y estamos haciendo un inventario para entregar ayudas que permitan mejorar sus esquemas productivos”, añadió el gobernador.
La otra emergencia que se está generando
Con el grave deslizamiento que se presentó en el kilómetro 18, se recuerda que hay más zonas en riesgo. En sectores como La Mone y Abasticos hay fisuras similares a las de Cuatro Carriles y sobrecarga de agua en la montaña, que amenaza con provocar una nueva emergencia en la carretera. “Las grietas están a escasos metros de la vía al Llano y en pocos días podría llegar a la carretera”, ha advertido Óscar Rincón, habitante de la región, quien ha publicado videos de las condiciones del sector.
Sobre los puntos críticos, Rey añade que “esto se produce por la falta de conducción de aguas adecuadas por la misma vía. Como esta es una vía que zigzaguea, cuando llueve recoge agua que va por las mismas cunetas y las bota por la montaña y los que se ven afectados es la población bajo la vía, que no tienen pozos de abatimiento. El agua finalmente carga la montaña y los taludes se van para abajo”.
Es por esto que, Modesto Portilla Gamboa, profesor de Geociencias de la Universidad Nacional, ha advertido que los derrumbes sobre la vía al Llano no son nuevos ni impredecibles, sino resultado de la construcción de la carretera sin información suficiente y ni estrategias para contener derrumbes como el más reciente.
El docente explica en un artículo publicado en el periódico de la Unal que la vía se construyó sobre las vertientes montañosas empinadas y escarpadas de las cuencas de los ríos Une, Cáqueza y Negro, que se abrieron paso sobre sedimentarias arcillosas, que de hecho se explotan muy cerca del lugar en el que se presentó el derrumbe. Junto a esto, advierte que con el paso del tiempo, las rocas que se han consolidado alrededor de la vía se han ido erosionando “principalmente por el agua lluvia y por efecto de la gravedad, generando desestabilización y grandísimos derrumbes”.

Además, resalta que las emergencias en el kilómetro 18 ya son recurrentes, pues se han registrado cinco deslizamientos en los últimos 15 años, y las medidas preventivas no han sido suficientes. “Ya se sabía de esa zona recrítica, pero la habían “estabilizado” con una estructura de contención no adecuada para este tipo de materiales: muros de gaviones, que son mallas metálicas rellenas de piedras, que sirven para deslizamientos rotacionales, cuando la superficie sobre la que se desliza la masa es cóncava —como en una cuchara de helado —, pero no para flujos, donde no hay una superficie de deslizamiento clara, que es lo que ha estado pasando desde hace más de una década en el punto», añadió Portilla.
El lío es que la emergencia puede ser más grande. En el kilómetro 18 ha seguido cayendo material de la montaña. A comienzos de septiembre, cuando se registró el deslizamiento, las rocas y el material vegetal solo estaba en la vía, pero 15 días después ya llegan 150 metros más abajo. Ha comenzado a caer por un abismo que da a la quebrada Mina, que está taponada en un 80 %, según la gobernación de Cundinamarca, mientras que al río Une ya comenzó a llegar material de arrastre.
“Le hemos perdido a Corporinoquia el permiso de ocupación de cauce para que con nuestras maquinarias, ya que la concesión no responde y ya que no tenemos apoyo de la infraestructura, se haga la remoción de esos escombros porque si se represan aguas abajo se puede generar una desgracia para todos los que viven en ese corredor”, aseguró Rey, refiriéndose a posibles afectaciones a comunidades en la parte baja como el caso urbano de Une o Cáqueza.
Ante las condiciones que se presentan sobre la vía al Llano, no solo se espera que el Gobierno Nacional tome medidas estructurales para la rehabilitación de la vía, sino también las acciones necesarias para atender los puntos críticos, que ya están más que identificados. La ministra Rojas aseguró que este miércoles 24 de septiembre habrá una nueva reunión para analizar los avances y determinar qué harán, además se nombró al vicepresidente ejecutivo de la ANI, Roberto Uparela, como el vocero del Gobierno para atender los problemas sobre la vía al Llano. El afán es que las acciones se concreten, para evitar que riesgos ya alertados generen nuevas emergencias.