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El 15 de julio de este año, el desminado humanitario en Colombia cobró su primera víctima. El soldado Wilson de Jesús Martínez, integrante del Batallón de Desminado Humanitario (Bides), falleció tras la explosión de un artefacto que intentaba desactivar dentro de las actividades que se realizan en el país desde 2009 con el objetivo de limpiar el suelo colombiano de minas antipersonas. El accidente ocurrió en la vereda El Orejón, municipio de Briceño (Antioquia), en donde en julio pasado había arrancado el plan de desminado humanitario que el Gobierno y las Farc concretaron en La Habana como una iniciativa para desescalar el conflicto.
Desde ese momento, los ojos de Colombia y el mundo se concentraron en esa vereda, que históricamente ha sido víctima de la guerra entre la guerrilla y el paramilitarismo. La muerte del soldado Martínez aumentó todavía más esa fijación por la zona y el Ministerio de Cultura, con el ánimo de darle un respiro a la comunidad afectada por el uso de minas como estrategia de guerra, anunció que Briceño y El Orejón serán los primeros en tener bibliotecas públicas. Aunque la campaña empieza en este sector de Antioquia, la idea del Ministerio es construir un espacio como este en todos los municipios afectados por minas.
Las primeras construcciones comenzarán en el corregimiento de Pueblo Nuevo y en el municipio de Briceño, en donde la Alcaldía ha entregado dos predios para que el piloto de estas bibliotecas –que serán móviles y fáciles de construir– comience a funcionar. “Por el difícil acceso que tienen estas zonas, propusimos que los espacios sean elaborados a partir de contenedores de metal y así evitar la mampostería y la mano de obra, que solo aumentaría costos. Es un material que se está usando en muchas partes del mundo con usos muy diferentes”, le explicó a este diario María Claudia López Sorzano, viceministra de Cultura.
Cada uno de los contenedores contará con un aislamiento termo-acústico, iluminación interna, un diseño amigable para los usuarios, conectividad para equipos y un espacio adecuado para exhibir los libros y mantenerlos en buen estado. En este sentido, la viceministra señaló que es común encontrar lugares en donde los libros están expuestos de manera incorrecta, sin los muebles necesarios, sin sillas para sentarse a leer e, inclusive, oscuros y sin ventilación. Ese es el caso de la escuela de Pueblo Nuevo, en donde Kelly Andrea Peña enseña dese hace dos meses a niños desde preescolar hasta quinto de primaria.
“Cuando llegué aquí encontré una escuela un poco caída, con ventanas rotas y un solo salón. Los libros que tenemos, que son mas o menos unos 100, los tengo en dos bibliotecas pequeñas, pero el resto están guardados en cajas”, le contó Peña a El Espectador. Por eso, agrega la profesora de los 29 niños de esta escuela, que exista un espacio adecuado para la lectura podría ser fundamental para que los niños mejoren su comprensión de lectura y para que la meta del Ministerio de Cultura, de aumentar el índice de lectura del país a 3,2 libros al año en 2018, se cumpla.
La aspiración de Kelly Peña de poder usar la biblioteca con sus alumnos, también la comparte Alberto Yepes, un conductor que se dedica a transportar personas entre Briceño y Pueblo Nuevo. “Me gustaría poder ir con mis cuatro hijos a leer. A nosotros lo que nos hace falta es un espacio como estos, en donde podamos dedicar nuestro tiempo libre a actividades como la lectura”, señaló Peña. De igual manera, el secretario de Planeación de la Alcaldía de Briceño Ferney López, manifestó que estas iniciativas son fundamentales para que las zonas apartadas de las grandes ciudades sientan la presencia del Estado.
“A nosotros nos llegó la propuesta desde el Ministerio y pidieron dos lotes para la construcción de la bibliotecas, y la garantía de que vamos a mantenerlas en buen estado. Pero nosotros no ponemos un solo peso en esa construcción”, señaló el secretario López. Además de contar con una colección de 2.300 títulos, entre autores nacionales e internacionales, la idea es que dentro de estos espacios exista una sala con computadores y conexión a internet, un servicio que a pesar de los esfuerzos del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones para llevarlo a todo el país, en Briceño solo hay tres puntos de conectividad y Pueblo Nuevo no tiene ninguno.
Pero lo más importante, resalta la profesora Kelly Peña, es que exista ese espacio comunitario. Un lugar en donde niños y adultos puedan encontrarse para hablar de temas de interés general, donde puedan desarrollar actividades alrededor de la música y el teatro. “Lo que los niños hacen aquí es tirar balón y nada más. Pero eso es porque no saben hacer nada más. Pero lo que aquí hay es puro talento”, concluye Peña.