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¿Cómo apagar la máquina de odio y guerra?

Para el premio Nobel de Paz, acabar con una guerra como la colombiana requiere coraje y liderazgo de todos, fe y determinación.

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Premio Nobel de Paz por sus esfuerzos por encontrar una solución pacífica para la independencia de Timor Oriental, bajo ocupación indonesia. Con el apoyo de la Comunidad Europea, presentó un plan de paz decisivo para que la ONU presionara al presidente de Indonesia, Suharto, a cooperar. La negociación comenzó en 1994 y se llegó a un acuerdo básico en 1996.

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Nunca es fácil terminar una guerra y construir la paz. Es muy fácil empezar las guerras cuando el malestar general se desata; luego, ¿cómo se puede apagar esa máquina de guerra, la rabia, el odio y la desconfianza mutua?

La paz tiene que ser construida ladrillo a ladrillo, en comunidades, escuelas y en toda la nación. No hay atajos para la paz, se debe ser determinado y paciente. En Timor Oriental la paz con Indonesia se volvió un tema interno. La paz está dentro de nosotros, tras años de guerra, los dos países disfrutamos hoy de una relación ejemplar.

La lección más importante que aprendimos fue la tolerancia, evitar la confrontación política y siempre ser prudentes cuando manejamos temas políticos y sociales sensibles.

Sé cuán difícil es perdonar y reconciliarse con aquellos que mataron a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros parientes, a nuestros hijos. Cuanto más tiempo dure un conflicto más profundas serán las cicatrices del alma y, por lo tanto, más difícil será borrar las pesadillas, los recuerdos, el dolor y todo aquello que vimos. Y no hay otra manera: tenemos que continuar con la vida, reconstruir y esto no lo podemos hacer si estamos obsesionados con el deseo de venganza o consumidos por la ira.

Es importante que los colombianos construyan su propio modelo de confesión de la verdad, de reconciliación y de justicia. Tiene que ser una experiencia hecha por y para colombianos. Sé que toda clase de “expertos” llegarán a Colombia con sus “consejos” y “lecciones aprendidas”. Pero una cosa es clara, cada país y cada sociedad tiene que diseñar y decidir cuál es la mejor opción para superar el pasado violento y el trauma que eso deja. Nosotros en Timor Oriental diseñamos y tomamos nuestras decisiones basados en nuestra compleja realidad.

Myanmar lo está haciendo de la manera en que ellos sienten que es la mejor para su situación compleja y frágil. Aung San Suu Kyi está desarrollando una estrategia cuidadosa, trabajando con los mismos militares que gobernaron durante 50 años su país y los mismos que la encarcelaron durante dos décadas. Ella sabe que para consolidar la paz y construir la democracia en Myanmar tiene que forjar una asociación con las mismas personas que perpetraron las peores barbaridades.

Así que para aquellos en Colombia que no confían en el proceso de paz, les digo: es comprensible. No se puede esperar que todos los habitantes de un país se sientan de la misma manera. Sin embargo, visto desde afuera (aunque soy cercano a Colombia) estoy complacido con el proceso. Requiere coraje y liderazgo de todos, fe y determinación, prudencia y vigilancia sacarlo adelante. Esta es una oportunidad real de que la paz sea una realidad en Colombia luego de 50 años.

Un gran país, de gente grande, de escritores, de artistas y de empresarios que disfrutan de una tierra ampliamente bendecida por Dios y la naturaleza, puede disfrutar mejor de esos recursos ilimitados si están en paz. Con el final de guerra, Colombia puede proyectarse como una economía fuerte y su gente podrá vivir en paz y prosperidad.

 

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