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Lo que para una pareja heterosexual toma 15 minutos para una pareja homosexual toma una eternidad. La primera tiene dificultades en temas como los anillos, las flores y la comida que se va a servir durante su boda. La segunda tiene que padecer para que la justicia la deje casar y consumar su amor, un amor, en ocasiones, de 30 o 20 años. Y lo que es peor –debido a un vacío jurídico que pareciera que ni el Congreso ni la Corte quisieran cerrar– nada le asegura a esa pareja homosexual que el contrato firmado ante un notario o un juez sea considerado un matrimonio. La Corte tiene en sus manos la posibilidad de definir esta espinosa controversia; sin embargo, una ponencia revelada por este diario promete dejar a las parejas homosexuales en un limbo mayor de ser aceptada por la plenaria de ese alto tribunal. (Vea el video ‘Somos’ aquí)
En medio del debate, la comunidad LGBTI dio a conocer un video en el que tres parejas homosexuales narran las vicisitudes que han tenido que padecer en su lucha por el matrimonio igualitario. Un documental que ya fue conocido por la Corte Constitucional. De hecho, en la ponencia revelada por El Espectador, el magistrado Jorge Pretelt hace referencia a este video y dice que en este: «ciudadanos integrantes de la comunidad LGBTI exponen que con el matrimonio ellos buscan una pertenencia social, comunitaria y familiar, la cual no es posible lograr mediante la figura de la unión marital de hecho, en cuanto esta ofrece un campo menor de protección además de no contar con el reconocimiento social propio del matrimonio».
Y agrega que, según estas parejas, «el logro de algunos matrimonios igualitarios ha sido una conquista frente a la persecución y el rechazo del que han sido objeto por parte de la comunidad y el Estado en la medida en que este último ha sido responsable de trabas jurídicas que han impedido el respeto a sus derechos». Pero no es solo eso.
El video retrata, además, las razones que llevan a una pareja homosexual a casarse y su posición ante las miles de trabas que se les han aparecido en el camino. El video, de hecho, es presentado junto con la frase siguiente: «En un país que camina hacia la paz, no se pueden profundizar las desigualdades. Este video reposa en la mesa de los magistrados de la Corte Constitucional de Colombia, quienes tienen en sus manos una importante decisión y una oportunidad histórica para demostrar que esta entidad es garante de derechos para tod@s los colombian@s. La tutela es un mecanismo para defender y proteger derechos… no para».
Estas tres parejas de cinco, nueve y 20 años de relación exponen su drama con frases muy sencillas pero lapidarias. «¿Cómo es posible que por querer casarnos nos pongan una tutela? La tutela es un mecanismo para garantizar derechos humanos ¿Será que es muy peligroso que queramos casarnos? ¿Qué es lo ilegal o peligroso que estamos intentando hacer simplemente por querer proteger esta familia?», sostiene Marcela, esposa de Adriana.
Adriana agrega que, para evitar manifestaciones y que detractores del matrimonio igualitario arruinaran su boda, tuvieron que llegar a la notaria casi que a escondidas y sin levantar sospecha. Y luego cambiarse de ropa entre expedientes. «Nos casó una juez valiente porque sí debo decir que la juez que nos casó fue una mujer valiente que no cree en el matrimonio pero que cree en la libertad y en la igualdad», responde con vehemencia Marcela y recuerda que una profesora de Adriana, que hizo parte del movimiento sufragista de mediados de siglo XX, la llamó para felicitarla y le dijo que «el matrimonio es un símbolo de igualdad. Nosotras las sufragistas no queríamos votar porque creyéramos en la democracia de este país sino por la igualdad. Porque también tenemos derecho a ejercer el voto. Y este es un símbolo, un símbolo de que las parejas del mismo sexo tienen derecho a casarse».
«No podíamos contarle a la gente que nos íbamos a casar. Eso es muy doloroso. Fue absurdo no poder contar ‘nos vamos a casar mañana, qué felicidad’. Porque sabíamos que en el momento en que lo dijéramos nos íbamos a encontrar con esa discriminación estatal», sentencia Elizabeth, esposa de Claudia, sobre las dificultades que han tenido que vivir como pareja. Y agrega que «la pelea por el matrimonio tiene una razón de ser muy claro. No es cierto que se adquieran los mismos derechos con la unión marital de hecho que con el matrimonio».
En su criterio, «enfrentarse a que desde la Procuraduría nos demanden, nos persigan, hagan una lista con nuestros nombres, con nuestros datos personales y usen esa esa información vaya a saber para qué, porque esa información no tendría por qué tenerla. Que interponga acciones en las solicitudes matrimoniales. Eso ha sido lo más difícil. Ese es un acto claro de discriminación muy violento y muy desgastante. No solo emocionalmente. Es una cosa que uno no espera cuando estamos en un Estado como este que es multiétnico, pluricultural, laico, que reconoce el libre desarrollo de la personalidad, en el que las personas homosexuales no son consideradas delincuentes ni enfermos. Enfrentarse a eso realmente ha sido muy desgastante. Yo no esperaba estos niveles de discriminación».
Por su parte Gonzalo, esposo de Carlos, señala que «hoy vemos que no tenemos nada concreto. La Registraduría no sabe qué hacer con este contrato innominado. Es un momento histórico, no solamente para nosotros sino para todas las parejas que vienen. Porque hay muchas parejas detrás de nosotros que se quieren casar. Entonces esos obstáculos que hemos ido saltando nos van a ayudar a que el día de mañana el matrimonio se estabilice para las demás parejas».
Y afirma «sentirse discriminado porque una Procuraduría que lo debería proteger a uno. Entonces sentirse uno como lastimado es muy horrible. Esta lucha ha sido una lucha de años. No de solamente dos o tres meses. Nuestro matrimonio no fue casual. Ha sido un matrimonio preparado, que venimos construyendo desde hace 20 años juntos. La lucha se está dando y la queremos ganar».
Elizabeth concluye vehemente: «Casarse es un acto de dignidad y un acto de amor que no tendría por qué estar prohibido. Yo creo que un pronunciamiento de la Corte Constitucional muy claro en el tema de matrimonio igualitario envía un mensaje perfectamente nítido para el país en el sentido de que este país respeta la igualdad y que en este país no se tolera y no se acepta que a una persona la discriminen por ser distinta. Y ese mensaje va a ser tremendamente valioso para millones de jóvenes que están descubriendo que son homosexuales, que están asumiendo su identidad sexual. Porque efectivamente el mundo ha cambiado».
En su ponencia, el magistrado Jorge Pretelt advirtió que para que pueda admitirse la aplicación del matrimonio civil para parejas del mismo sexo «debe realizarse una reforma a una institución que se encuentra protegida por principios constitucionales, así como por otras leyes del ordenamiento jurídico, lo cual conduce a determinar que dicho acto reformatorio implica una reestructuración drástica de conceptos que fueron previamente definidos por el legislador y, por lo tanto, no es la Corte Constitucional el órgano llamado a ejercer esta función». En palabras castizas: es el Congreso y no la Corte el que debe definir esta controversia. ¿Comprará la Corte esta tesis o escuchará a las parejas del mismo sexo que piden que las saquen del limbo jurídico en el que se encuentran?