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Dando color a los años dorados

Para María Teresa Rodríguez preservar la vida de quienes fueron los hombres y mujeres vigorosos de Norte de Santander se ha vuelto una labor titánica desde hace 18 años.

17 de noviembre de 2015 – 10:57 p. m.

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Con sonrisa discreta y ojos dulces, María Teresa Rodríguez mira la cámara del equipo de Titanes Caracol y dice con firmeza: “Sueño que todos los viejitos de Convención tengan un lugar digno para vivir”. Y a eso se ha dedicado en los últimos 18 años: a trabajar por la tercera edad del municipio de Convención, en Norte de Santander.

Ciertamente, “la edad se vino encima, sin carnaval ni comparsa” como dice Piero. Con los años, la salud y la vitalidad que caracterizaban a los hombres y mujeres de este municipio se han desvanecido, sólo quedan en la memoria los años rozagantes que alimentan sus recuerdos y que los llenan de energía para seguir viviendo. “Aquí estoy muy amañado, porque como soy un señor de tanta edad y no tengo en qué pensar más, porque no tengo familiares, no tengo nada, pues entonces esta es mi casa y habitación”, afirma Ramón Castilla, residente del Hogar para la Tercera Edad San José, fundación que ha acogido a los hombres y mujeres que no tienen dónde pasar sus últimos años o que han sido abandonados por sus familias.

Aunque las instalaciones del hogar, que fue designado por el municipio, están adecuadas para 20 personas, albergan alrededor de 24 abuelos, a quienes se les brinda un espacio cómodo y amplio para vivir. De eso puede dar fe Vitelmo Garaviz, residente del hogar: “Es una dicha, porque nada le falta a uno: desayuno, almuerzo, comida, buena dormida. Todo muy bien”.

“La gente muy amablemente nos da 500 o 1.000 pesos, según la capacidad que ellos tengan, y así recogemos el dinero”. De esta labor se encargan María Teresa y tres personas más que la ayudan con el mantenimiento y sostenimiento del hogar y así evitan que sus inquilinos vuelvan a vivir una situación similar a aquella en que fueron encontrados. “Opté por llevarles comida a donde estaban. Más tarde los fuimos agrupando en otro lado y así fue como empezamos”. La idea es que cuenten con una alimentación balanceada, servicio de salud, aseo personal y afecto, además de que puedan participar en actividades religiosas, lúdicas y recreativas.

Muchos de los hombres y mujeres que llegan al hogar están a punto de fallecer, por eso María Teresa considera que los últimos días deben vivirse a plenitud, en medio de una familia que brinde calor humano y protección. “Cuando muere uno de mis viejitos hay sentimientos encontrados. Mucho pesar, pero también una gran satisfacción, porque hemos logrado uno de nuestros objetivos: que ellos mueran satisfechos después de haber recibido nuestro servicio, que es de amor por ellos”. Esta misión es una de las razonas por las que María Teresa Rodríguez es una de las 30 finalistas del concurso Titanes Caracol en la categoría Salud y Bienestar.

 

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