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La historia del cabo Róbinson Salcedo es de no creer. El 13 de noviembre de 1985, cuando Armero quedó hecha lodo y piedra, el entonces adolescente fue avisado y como pudo le escapó a la muerte, suerte que no corrió gran parte de su familia.
‘Pitalúa’, como lo conocen sus seres queridos, se enfiló en el Ejército a pesar del malestar que para la señora Trina, su madre, y Marta, su hermana, representaba dicha decisión. Así, cumplidos ocho años al interior de la institución y con 26 años de edad, llegó la Toma por parte de las Farc de Miraflores, el 3 de agosto de 1998, el motivo por el cual perdió su libertad.
"A él lo conocemos como ‘El Mechudo’ porque decidió no cortarse el pelo hasta que esté en el helicóptero que lo traiga a la libertad. Lo tiene larguísimo y, como cosa curiosa, es el peluquero de los demás. Es él quien más muestra una coraza, como si nada le importara, aunque esté sufriendo", recordó el ex gobernador del Meta Alan Jara, en diálogo con Elespectador.com.
"Es una persona con una mística y una convicción a toda prueba, con decirle que de recortes de camiseta armó una bandera nacional y la iza de 6:00 am a 6:00 pm mientras los guerrilleros lo miran; no se lo tienen prohibido. Es muy hábil con las manos para reparar cualquier cosa, hasta un radio viejo. Improvisa una linterna, se inventa un morral y casi nunca esos implementos son para él, sino para quien lo necesita", agrega.
"De Róbinson Salcedo supe que fue un sobreviviente de Armero y que él era casi un niño cuando se presentó la tragedia. Esa historia la sé porque en las clases de inglés él me las fue contando, en inglés", apunta el ex gobernador, tras explicar que de aquel hombre silencioso en demasía, oriundo de Ambalema (Tolima), no tiene referencia hace varios años, pues luego de compartir los primeros tres del secuestro, tiempo durante el cual supo de varios dolores en la espalda de su amigo, la guerrilla los dividió.
El dibujante introvertido
"Desde el día de mi liberación quise mostrar que no se trata de unos policías o militares sino de unos seres humanos que en esa condición, de humanos más que de militares, llevan 11 años allá. Son angustias, dolores, tristezas que se sufren en esa condición humana más allá de ser teniente o sargento".
Es la consigna del ex dirigente político Alan Jara para explicar el caso del nariñense Luis Alfredo Moreno Chagüezá. "Es una persona muy callada, muy introvertida, Nunca quiso estudiar en mi ‘Escuelita de inglés’, pero sí en mi ‘Escuelita de ruso’. Es muy bueno dibujando, además que su letra es casi de molde, le hace tarjeticas y detalles a los demás cuando está previsto enviar pruebas de supervivencia".
De acuerdo con Jara, fue de los alumnos más aplicados mientras duró la gran ‘La escuelita de la selva’. "Al día siguiente de empezar mi cautiverio les pregunté en qué se gastaban el tiempo libre, que era eterno. Decían que daban conferencias sobre sus especialidades. Intercambiaban experiencias, así que me preguntaron yo qué les podía aportar. Cuando les ofrecí enseñar inglés y ruso arrancó la ‘Escuelita de la selva’, con alumnos que llevaban dos o tres años de secuestro. Eran con todas las de la ley: horario, tarea, composiciones, se hacía examen, se calificaba, se respetaban los días festivos, teníamos el receso a mitad de año y al final, como aquí, en la libertad. Asumimos en esos momentos de clase, de 8 a 12 de la mañana, que estábamos libres, a pesar de que muchas veces me tocó dictar y ellos escuchar con las cadenas puestas o suspenderlas cuando había aviones sobrevolando. Así se fueron tres años".
En ese ir y venir de clases, Jara recuerda los momentos más duros para Luis Alfredo Moreno, padre soltero. "Lo llama la mamá, en realidad le envía mensajes, pero uno termina confundiendo terminología estando allí, y es increíble cómo ella transmite ese dolor, todos lo sentíamos. Ha tenido paludismo, al igual que todos, y uno sabe que está sufriendo porque su hijo está creciendo sin él". Con Luis Alfredo perdió contacto en 2004, cuando hubo la división de grupos.