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Édgar Torres Prestán, el secuestrado del que nadie se acuerda

El médico fue plagiado en septiembre de 2013 cuando se desplazaba en una embarcación por el río San Juan, en Chocó. Desde la fecha, su familia nunca ha recibido ni una sola información sobre su paradero.

El médico Édgar Torres Prestán. / Cortesía
El médico Édgar Torres Prestán. / Cortesía

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«Yo que me maté tanto por mi negro y se me lo llevaron. No sé dónde está». Ruth Prestán Carrascal es la madre de Édgar Torres Prestán, secuestrado el 3 de septiembre de 2013 (cuando tenía 27 años), al parecer, por miembros del Eln en inmediaciones de Noanamá, una pequeña población del municipio de Itsmina, Chocó, a orillas del río San Juan.

Édgar había partido ese día desde el corregimiento de Palestina, en el municipio chocoano Litoral del San Juan —donde hacía el año rural tras haber hecho la carrera de medicina en la Corporación Universitaria Rafael Núñez, en Cartagena— con destino a Sipí, un trayecto de unos 180 kilómetros a lo largo del serpenteante río San Juan, para tomar otro transporte hasta Itsmina. Casi a mitad de camino, hombres armados interceptaron la embarcación, dijeron su nombre y se lo llevaron. Solo a él. Su paradero, luego de tres años, es desconocido.

«Él iba para Itsmina y nunca llegó. Le avisaron a la novia que lo habían bajado de la panga (pequeña embarcación a motor) y se lo habían llevado. Yo no sé nada de la vida de mi hijo, las autoridades no me han dicho nada y no sé qué hacer. Yo estoy en Acandí (en la frontera con Panamá) y no tengo plata. ¿Para dónde cojo? Ya me cansé de caminar y no tener respuestas», dice Ruth con la voz notablemente desgastada. En Cartagena, Édgar vivía con su abuela y la mamá lo sostuvo, mientras estudiaba, a punta de la venta de panelitas, dulces y chorizos.

Desde Turbo, Antioquia, su hermana Elvira también clama por tener una respuesta por parte de las autoridades. La última vez que esta mujer habló con el médico fue el 26 de agosto de 2013, ocho días antes de que nadie volviera a saber de él. «La comunicación era difícil porque allá no había buena señal. Me dijo que estaba muy amañado, que la gente era muy amable», cuenta Elvira, quien también asegura que su familia ha hecho lo que más ha podido para encontrar a su hermano: «Fuimos a la Cruz Roja, a la Defensoría del Pueblo, a los entes eclesiásticos. Mi mamá nunca pudo llegar al pueblo en el que se lo llevaron porque le han infundido mucho temor».

Aunque nunca se ha determinado oficialmente que el plagio fue cometido por el Eln, todas las informaciones que fueron obtenidas a lo largo del río San Juan apuntan a que la acción fue cometida por esa guerrilla. “Parece que los que se lo llevaron se identificaron como miembros del Eln”, dice Elvira Torres. Sin embargo, para su madre lo más urgente es tener, por lo menos, una prueba de supervivencia de su hijo.

La hija de Édgar Torres Prestán tiene los mismos años que él ha estado ausente. Es decir, la pequeña aún no conoce a su papá, y a su madre hoy el cuerpo le pasa factura de todo el sufrimiento que ha significado la incertidumbre del secuestro: “Mi hijo es mi razón de vivir. Yo estoy esperando con paciencia a ver si llega algún día”.

 

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