El cura Camilo Torres que conocí

El periodista José Briceño recuerda al capellán en la Universidad Nacional en 1959.

15 de febrero de 2016 – 05:58 p. m.

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Corría el año de 1959, cuando hubo cambio de capellán en la Universidad Nacional, el padre Edilberto Rodríguez era reemplazado por un curita joven, de unos 30 años el Padre Camilo Torres Restrepo, quien acababa de llegar de Bélgica y el suscrito José Briceño, de 17 años, era el acolito desde hacía dos años en las residencias femeninas de la Nacional en donde funcionaba la Escuela de Enfermería más tarde convertida en Facultad. La capellanía de la Universidad pertencia jerárquicamente a la Parroquia Nuestra Señora del Pilar del barrio El Recuerdo y había el convenio de celebrar misa en las residencias femeninas los viernes en la noche y los domingos a las 7 de la mañana. El padre Camilo y yo nos veíamos dos veces por semana, los viernes nos daban comida y los domingos desayuno, como a todas las residentes. Hablábamos cosas sin ninguna importancia ni trascendencia.   Hago memoria de lo que viví y vi en aquella época, lo demás fue otra cosa. Camilo era un hombre muy alto, de 1.90 metros de estatura y como dato anecdótico los ornamentos le quedaban pequeños: el alba y la casulla. En la celebración de la misa era muy devoto, fervoroso,  muchos otros curas mecanizaban la ceremonia. Le gustaba mucho hablar con las señoritas después de la misa, cuando estábamos en el comedor, a veces se quedaba más tiempo. Tenía una conversación amena y jovial. Al año siguiente, en 1960,  Camilo fue nombrado profesor en la naciente Facultad de Sociología en la Nacional, en donde militaban como catedráticos gente de izquierda. Recuerdo que todos lo trataban por su nombre de pila y le decían cura reaccionario, a Camilo le gustaba mucho  el debate con los estudiantes. Ese año formó el grupo de Acción Comunal de la Universidad Nacional y los domingos se iban en el bus de la Universidad junto a los estudiantes: hombres y mujeres, a los barrios más populares del sur de Bogotá a enseñar en las casas de familias pobres, los principios básicos de educación, alimentación y aseo.  También estableció la misa diaria en la iglesia de la Nacional a las 12 horas. Muchos estudiantes iban, por lo menos media iglesia, entonces el contacto era mayor y los muchachos le caminaban a Camilo. Poco tiempo después tiene problemas disciplinarios con la curia y el cardenal Concha Córdoba lo aparta de sus funciones apostólicas. El Padre Camilo Torres Restrepo era muy amigo de don Hernando Santos y lo frecuentaba con frecuencia en El Tiempo de la Jiménez con séptima. Todavía usaba sotana. Meses después me lo encontré en la esquina de la 19 con séptima acompañado de Isabelita, su madre, repartiendo el periódico Frente Unido, que había fundado y ya se había declarado izquierdista, abiertamente. Iba con un grupo de estudiantes, nos saludamos, me regalo su periódico y nunca más lo volví a ver. Empezaron a aparecer en las paredes frases como: ¿Dónde está camilo? ¿Qué se hizo Camilo? Ya había ingresado a la guerrilla, se sabía que estaba con el Eln. Cuando se supo que estaba en la zona de Santander, el comandante de la V Brigada era el entonces coronel Alvaro Valencia Tovar, quien se conocía con Camilo porque pertenecían a familias muy distinguidas de la capital. Al coronel le dijeron que cuidara la vida del ya famoso exsacerdote.  Cuando se sospechaba que Camilo había caído en combate con el ejército, por su estatura era un blanco fácil y como “hijo de papi” del médico Calixto Torres Umaña no estaba preparado ni para el combate ni para vivir en el monte, como tenía barba y el pelo largo no era fácil su identificación. Fue el mismo coronel Valencia Tovar quien reconoció el cadáver, por la boquillera de plata, encontrada en la ropa, que Camilo usaba para fumar. Veinte años más tarde, en la cárcel de mujeres del Buen Pastor, a donde iba como Ingeniero contratista del hoy Inpec, hablando con unas reclusas del Eln les preguntaba por qué habían mandado a Camilo al combate, si era más importante en los grupos urbanos, no en el monte. Ellas me comentaban que en la historia de la guerrilla les enseñaban que en ese momento el verdadero guerrillero revolucionario tenía que ganarse su arma en combate y Camilo perdió en su primer intento. *Periodista e ingeniero civil bogotano 

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