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El drama de un cautiverio

La ex congresista es una de las retenidas por las Farc y convertidas en imagen de los políticos secuestrados. El lunes 10 de septiembre de 2001 la vida de la familia Perdomo González dio un giro inesperado.

11 de enero de 2008 – 03:40 p. m.

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El lunes 10 de septiembre de 2001 la vida de la familia Perdomo González, una de las más queridas y reconocidas en el ámbito empresarial y político de los departamentos de Huila y Caquetá, dio un giro inesperado. Pasó cuando Consuelo González de Perdomo, perteneciente al Partido Liberal y representante a la Cámara por el departamento del Huila, fue secuestrada por la guerrilla de las Farc en la carretera que de Pitalito conduce a Neiva, a escasas seis horas de Bogotá.

Los autores del plagio fueron integrantes de la columna móvil Teófilo Forero de las Farc, catalogada como el brazo terrorista y de inteligencia del grupo armado ilegal. Está adscrita al Bloque Sur de las Farc y ejecuta directamente las decisiones del secretariado del grupo guerrillero.

Ese día, varios hombres armados interceptaron el vehículo en el que la parlamentaria se movilizaba. Según testimonios de los pobladores de la zona, el secuestro estuvo a cargo de Humberto Valbuena Morales, alias Yerbas, guerrillero que recibía órdenes directas de El Mocho, comandante de esta fracción subversiva.

La retención ocurrió en el lugar conocido como Puente de Río Neiva, a escasos 25 minutos de la capital del departamento y a donde la congresista se dirigía para poder abordar el avión que la traería a Bogotá para integrarse a su labor parlamentaria.

El plagio inició cuando guerrilleros en motocicletas persiguieron el vehículo de Consuelo González y un segundo grupo de subversivos la esperaba en el puente donde privaron finalmente de la libertad a la parlamentaria. Luego fue llevada a la vereda Chía y posteriormente a un lugar llamado "Hotel Opita", donde según vecinos del sector, se mantenían a los secuestrados del departamento del Huila. En este sitio estuvo sus primeros días de cautiverio.

Desde allí fue trasladada nuevamente y, en un tercer escondite, conocido como La División, ubicado en la región de Balsillas, a tres horas de la capital de Caquetá, fue entregada a alias El Paisa, el jefe máximo de la columna móvil Teófilo Forero. Desde ese momento, la suerte de la representante a la Cámara sólo fue conocida tras un paquete de pruebas de vida que las Farc envió a los familiares de los secuestrados en agosto de 2003, casi dos años después de que fuera privada de la libertad.

Una serie de escritos en los que Consuelo González y otros cuatro políticos plagiados daban fe de la grave situación que estaban pasando en cautiverio y en la que, además, solicitaban al Gobierno Nacional pedir la mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para obtener su libertad, pues las condiciones en las que vivían eran deplorables y no había esperanza clara de diálogos de paz entre las partes. Allí dejaron ver que Consuelo González de Perdomo y el ex congresista Óscar Tulio Lizcano eran dos de los secuestrados en condiciones de salud más delicadas.

Con estas noticias la situación empeoró en la familia Perdomo González y el esposo de la ahora ex congresista, Jairo Perdomo, murió en 2005 como consecuencia de un infarto. Entonces Patricia, la hija mayor, que ya hacía parte de la fundación País Libre, empezó a liderar una nueva cruzada en contra del secuestro desde la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, lugar donde sigue la lucha por la libertad de su madre y de todos los plagiados del país.

Una causa que se verá recompensada con la inminente liberación de su madre, junto a Clara Rojas y Emmanuel. Más de seis años de cautiverio que parecen llegar a su fin. Esto, sin duda, puede ser la llave de la cerradura que mantiene privados de la libertad a más de 3.000 colombianos, los mismos que esperan atentos a que la puerta de la libertad, esta vez, esté abierta para todos.

 

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