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El drama del cautiverio en las voces de los secuestrados

Durante una rueda de prensa los seis policías contaron sus anécdotas y expectativas de vida.

03 de abril de 2012 – 03:29 p. m.

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Los sargentos César Augusto Lasso Monsalve, Jorge Libardo Forero y los Intendentes Jorge Humberto Romero Romero, Wilson Rojas Medina, Jorge Trujillo Solarte y Carlos José Duarte, narraron al país lo que significó permanecer por más de una década en la selva, en condiciones inhumanas y obligados a pasar sus días, meses y años encadenados.

Los policías que lucen bastante delgados pero con una alegría indescriptible en sus rostros comenzaron agradeciendo esta nueva oportunidad que les da la vida y manifestaron su deseo de continuar viviendo cada día como si fuera el último.

El sargento César Augusto Lasso dijo que la «misericordia de Dios» los salvó de haber muerto víctimas de un rayo. Narró los momentos de angustia que vivieron y de los malos tratos que recibieron.

A su turno el intendente Jorge Trujillo Solarte reveló que junto con su compañero José Libardo Forero tuvieron un intento fallido de fuga en el que permanecieron durante un mes perdidos en las selvas del sur del país. «Nosotros teníamos que intentar salir y tomamos la decisión de volarnos”.

En ese tiempo que permanecieron en medio de la selva, sobrevivieron sin apenas comida, antes de volver a ser atrapados por los guerrilleros y estar a punto de ser ejecutados.

En una rueda de prensa ambos confesaron que el momento en que volvieron a ser apresados fue el más duro de su largo secuestro, que comenzó en julio de 1999, cuando las Farc tomaron el pueblo de Puerto Rico, en el departamento del Meta, y los secuestraron.

«El día que me fugué con Forero, ese día renunciamos a la vida, había que salir, vivir o morir, y salimos», relató el intendente jefe de la Policía Nacional de Colombia Jorge Trujillo Solarte, liberado ayer junto a otros nueve uniformados.

El uniformado describió también el momento en que fueron apresados de nuevo por las Farc: «en ese momento estoy esperando un tiro, ahí puse la cabeza para que me mataran, eso nunca pasó y gracias».

Trujillo dijo que pese a que esa situación fue la más difícil de esos largos años en cautiverio, momentos complicados hubo «muchos, muchos, desde el día en que nos cogieron casi hasta el último, cuando nos liberaron».

El sargento primero Forero fue su compañero de aventura, juntos decidieron escapar en una noche lluviosa. Ni siquiera se acuerdan de qué año, sólo saben que a finales de 2009 o 2010 estaban otra vez cautivos, con cadenas al cuello.

«Trujillo estaba enfermo, yo le dije que si nos fugábamos, pero no había aceptado, y fue él quien me dijo después: volémonos, y yo acepté», explicó Forero a los periodistas.

Prosiguió: «fue un día especial, con lluvia, el guardia estaba a unos tres metros de la caleta de nosotros, la salida era peligrosa, tanto así que cuando íbamos saliendo por poco retrocedemos».

Forero hizo en varias ocasiones alusión a la fe para que los periodistas entendieran sus vivencias: «pedía a Dios que me diera algo para iluminar y apareció una luciérnaga; el señor nos había indicado y a partir de ahí sobrevivimos con siete paquetes de galletas y dos arepas».

Con esos víveres sobrevivieron hasta el día 16 de su fuga, cuando pudieron atrapar dos pescados en un río, que al parecer era el Guaviare, por cuyo curso caminaron hasta llegar a una casa.

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«Llegamos a una casa civil y nos ofrecieron un almuerzo, cuando nos disponíamos a salir, la guerrilla otra vez. Nos tendieron en el piso, nos quitaron la ropa, dijeron que nos iban a fusilar«, contó el policía.

Y así los dos policías regresaron a la selva vivos porque, según el propio Forero, los podían haber fusilado, pero no lo hicieron en ese momento porque había presencia de la población civil.

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«Sabíamos que nos iban a fusilar. La orden era muy estricta fusilar a todo el que intentara escapar», remarcó.

Este policía también detalló que otro momento crítico que vivió durante el cautiverio fue el 27 de abril de 2008, cuando los bombardearon desde el aire las Fuerzas Armadas.

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«Las bombas cayeron a 200 metros de nosotros, gracias a Dios pudimos salir corriendo con los guerrilleros», dijo.
 

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