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A los cinco años Daniel Piñacué aprendió las primeras palabras del español guiado por religiosas que fundaron una escuela rural a los pies del Nevado del Ruiz en el resguardo de Calderas, municipio de Inzá, Cauca. A esa edad se dio cuenta de que el nasa yuwe, la lengua madre de su comunidad nasa o páez, tenía un valor especial porque era la que compartía en las reuniones indígenas y la otra eliminaba una barrera de comunicación con el resto de la gente. Han pasado 38 años, es comunicador social. Intuye que el presidente Álvaro Uribe lo llamó por el tono enérgico en que hablaron las últimas semanas.
Fue a las seis de la tarde del jueves. Piñacué estaba reunido con líderes indígenas conversando de los planes de la marcha para los próximos días, cuando timbró su celular. Daniel, le dijeron sin titubear. Era el Presidente, quien le pidió dialogar pese a las diferencias y se ofreció a atender a los participantes de la marcha. Después de tres minutos Uribe le pidió al líder que activara el altavoz de su teléfono. Habló con toda la comunidad y luego se despidió cordialmente. Cuando colgaron hubo un silencio prolongado, porque la gente no esperaba tal sorpresa, que era el logro de su primera petición: la reunión.
Antes y después de la llamada, el líder miembro del Consejo Regional Indígena del Cauca, siguió pensando lo mismo de Uribe. Que es un hombre fuerte en lo relacionado con los problemas del país, que puede escuchar al pueblo, pero que está mal asesorado y eso le proyecta una imagen negativa en algunos sectores.
El segundo de los hermanos Piñacué no duda al decir, ante la expectativa por la reunión de hoy, que sus demandas justas no se negocian, se cumplen, y recordó un antecedente. Durante un concejo comunitario realizado en Santander de Quilichao (Cauca), los indígenas se levantaron, porque el Presidente regañaba y daba y quitaba la palabra a su antojo, “se llenó el pocillo y cuando decimos no, es no”.
La movilización de hace dos semanas lo puso ante los ojos del país y Daniel Piñacué, tan político como los suyos, su hermano Jesús Piñacué (senador) o su tío Nicolás Piñacué, el mentor político de la familia, descarta sacarle provecho al pantallazo de días recientes: “Detesto la gente que utiliza las actuaciones comunitarias de masa como trampolín para el ejerció de la participación política electoral. Esas cosas las deciden los indígenas, no uno”.
Obedeciendo a ese mandato de servicio, Piñacué terminará su período como gobernador del cabildo indígena de Calderas el próximo 30 de diciembre, y si el pueblo considera que debe permanecer en el cargo, lo hará. Pero no es un político como otros. Él no recibe ninguna remuneración económica por su labor y vive de la generosidad de la comunidad que le da pan, techo, agua y solidaridad.
Si la decisión de la gobernación del cabildo se extiende por otro año, Piñacué tendrá que aplazar otra de sus pasiones: la producción de cine y televisión, que le ha permitido conocer, según él, casi todos los países del mundo. Con México, Ecuador y Guatemala se ha sentido más identificado.
Pero de continuar como Gobernador, Daniel estará al lado de su padre Victoriano Piñacué y Ana Beatriz Achicué, cultivadores de maíz y fríjol, un matrimonio que comenzó en 1965 y de cuya unión quedaron nueve hijos. Todos caracterizados por la causa del movimiento indígena, aunque sus padres tengan inquietud, zozobra y miedo por los riesgos de la resistencia.
Afortunadamente la familia no ha enterrado a ningún Piñacué, pero ha visto morir a muchos de la comunidad, para no ir muy lejos mencionó esta movilización. Daniel está convencido de que las heridas que vio en los marchantes de Villarrica fueron de bala y no de esquirlas. En la María de Piendamó asegura haber visto a la fuerza pública disparar.
Gobierno espera diálogo amplio y constructivo
El compromiso de un encuentro entre el Gobierno Nacional y los indígenas en Cali quedó pactado desde el jueves. Por escrito lo informó el Ministerio del Interior, que además destacó el buen desarrollo de la marcha. Es que el presidente Álvaro Uribe esperó al final del día el reporte de tranquilidad de la movilización, para aceptar.
La propuesta inicial de Uribe era una reunión en Popayán, como lo anunció en su alocución presidencial del miércoles, al explicar que de los cerca de 115 millones de hectáreas que tiene Colombia, más de 30 millones se han asignado a las comunidades indígenas. Y se defendió: “Los colombianos deben saber que este Gobierno ha dialogado permanentemente con esta comunidad indígena. El señor vicepresidente, Francisco Santos, ha hecho enormes esfuerzos, los ministros y, en algunas ocasiones, también los he hecho yo”.
El secretario de prensa de la Casa de Nariño, César Mauricio Velásquez, aseguró que el Primer Mandatario espera sostener un amplio y constructivo diálogo con los líderes indígenas.