Publicidad

El poder del estigma

Habla el sociólogo Andrés Fernando Suárez, coordinador del informe de la masacre de El Salado.

12 de septiembre de 2009 – 03:59 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Suárez fue el coordinador del informe sobre la masacre de El Salado, donde se comprueba una de las perversidades de la guerra colombiana: la estigmatización de toda una población como subversiva. Estas son sus apreciaciones.

¿A qué se refiere el título del informe “La masacre de El Salado, Esa guerra no era nuestra”, con que “Esa guerra no era nuestra”?

Es el reclamo de las víctimas ante la injusticia de padecer las consecuencias de un conflicto del cual no eran parte, a la vez que una condena moral contra los actores armados por la cobardía de no enfrentarse entre sí. También es una interpelación a la sociedad que asume la misma frase para optar por la indiferencia frente a las víctimas. Si esa guerra no era nuestra, las víctimas sí lo son,  y lo son porque una sociedad no puede ser indolente ante una injusticia.

¿De qué es emblemática la masacre de El Salado?

Es un caso emblemático de las consecuencias perversas de la estigmatización de la población civil en medio de un contexto de escalamiento de la guerra y polarización política, además de la degradación de una guerra en la que el territorio se volvió un imperativo para los actores armados aún si ello implicaba el exterminio de la población.  

Parece que esta es una masacre en la que se condensan la sevicia y la crueldad. ¿Podría darnos algunos ejemplos?

El repertorio de la crueldad extrema desplegado por los paramilitares durante la masacre de El Salado nos confronta una vez más con la ausencia de límites para sus invenciones macabras, pero más grave aún es que en sus versiones impongan una escala o una jerarquización desde la cual valorar éticamente las atrocidades.  “El Tigre” señaló en una de las versiones libres de Justicia y Paz, a propósito de la masacre de El Salado, “no se hizo nada del otro mundo, fueron muertes normales”. Él ha negado el uso de motosierra, las decapitaciones y el uso de las cabezas para jugar fútbol, pero silencia el uso de cuerdas de estrangulamiento, el empalamiento de una mujer, el sorteo, el corte de oreja, el  uso de palos para golpear a las víctimas, el uso de las bayonetas de fusil para apuñalar a las víctimas, el asesinato de una mujer en estado de embarazo y el degollamiento de las víctimas. Esas atrocidades son las que se nombran como “normales, nada del otro mundo”. 

¿Qué rol cree usted que jugaron los excesos en esta masacre? ¿Por qué no era suficiente con matar?

Yo preferiría no llamarlo exceso, pues ello presupone un desbordamiento de la acción que desconoce el hecho de que la tortura y la sevicia fueron parte del entrenamiento de los paramilitares. Hay una racionalidad estratégica en la tortura y la sevicia que busca humillar al enemigo, demostrarle que era impensable ganar la guerra y seguir luchando. 

¿Es cierto que pusieron música mientras orquestaban los atroces asesinatos y torturas?

Ellos sacaron los instrumentos musicales de la Casa de la Cultura y tocaron una tambora con cada persona que iban acribillando en la cancha de microfútbol. Pero no fue sólo eso. Ellos encendieron los equipos de sonido de las casas, de las tiendas y de los billares, creando un ambiente festivo mientras consumaban la masacre. Una vez más los paramilitares han respondido en sus versiones libres con minimizaciones de los hechos, afirmando que eso lo hicieron fue por ocio, que no había intencionalidad en el toque de la tambora.

¿Qué relación existía entre la guerrilla y los habitantes de El Salado?

En primer lugar, una relación de poder entre un actor armado y una población desarmada. Parece obvio pero la omisión de las obviedades es la que permite que se vayan construyendo estereotipos y estructurando estigmatizaciones como las que afectaron a la comunidad de El Salado. La guerrilla no realizó trabajo político ni social en El Salado, era ante todo una guerrilla militar. Lo que le importaba a las FARC era el territorio y no la población, llegando a convertir éste en una zona de retaguardia estratégica en la región de los Montes de María. La guerrilla de las FARC nunca dependió críticamente de su contacto con la

población civil, pues su aparato militar era bastante autónomo.  Si se suponía que El Salado era un pueblo guerrillero, lo previsible era que después de la masacre la guerrilla se debilitara. Pero no sucedió así. Los niveles más altos de actividad armada de las FARC en la región de los Montes de María se produjeron en los años subsiguientes a la masacre mientras que el pueblo permaneció vacío.  Sólo una ofensiva continua y sostenida por parte de la fuerza pública por casi cinco años fue la que pudo debilitar militarmente a las FARC en los Montes de María. Los sobrevivientes de El Salado siempre le han reclamado a la estigmatización como pueblo guerrillero el que se invisibilicen las coacciones  y las presiones de la guerrilla contra la población civil.

¿Cómo se llega a una generalización como la que cayó sobre los habitantes de El Salado?

Publicidad

La banalidad del origen de un estigma contrasta con la perversidad de sus consecuencias. La estigmatización casi siempre se origina en el supuesto de que no es posible la coexistencia en un territorio entre población civil y guerrilla sin que haya complicidad, organicidad y legitimación. Lo que ese supuesto suele ignorar es que se trata de una relación entre un actor armado y una población desarmada.  Una relación de poder que limita las opciones de la población civil en un contexto de guerra. También incide en la generalización de la estigmatización de la población civil como pueblo guerrillero la importancia que va adquiriendo el territorio dentro de los objetivos estratégico de los actores armados. La territorialización con la que se percibe el enemigo hace que lo que sea que haya en el territorio quede marcado como parte del enemigo, incluyendo a la población civil.

¿Qué es un discurso legitimador y cómo opera?

Un discurso de legitimación es una justificación del victimario que lo que busca es normalizar un hecho intrínsecamente repudiable para que no genere condena moral. Los paramilitares normalizan sus atrocidades en El Salado bajo la justificación de que eran guerrilleros, como si la crueldad extrema se relativizara e incluso fuese admisible si se opera sobre un enemigo. También opera un discurso de legitimación cuando se asume que las masacres son acciones “necesarias” o “preventivas”. Asi mismo, los paramilitares suelen poner sus énfasis en las atrocidades y no en los asesinatos, como si lo socialmente aceptable fuera matar y lo condenable hacerlo con sevicia.  No menos relevante es un discurso de legitimación que da licencia para matar casi indiscriminadamente como lo es la fórmula perversa de “guerrilleros vestidos de civil”.

Publicidad

¿La memoria de las víctimas ha sido atendida?

Si algo ha distinguido a la masacre de El Salado ha sido la imposición de la memoria de los victimarios sobre la de las víctimas.  Y esa imposición es para las víctimas una prolongación de la masacre, la consumación de una doble aniquilación, física y simbólica.  

¿Qué pasó con El Salado después de la masacre y qué sucede hoy?

Publicidad

La masacre acabó con el pueblo. Los sobrevivientes que decidieron retornar dos años después de la masacre constataron que su pueblo había sido borrado. El Salado es hoy en día un pueblo en ruinas, un pueblo que espera una reparación colectiva, con una existencia amenazada por la compra masiva de tierras que está comprimiendo y cercando la tierra en la que pueden laborar los retornados y que está cerrando la puerta del retorno para el 90% de los sobrevivientes que hoy viven en situación de desplazamiento forzado en El Carmen de Bolívar, Sincelejo, Barranquilla o Cartagena.

¿Y qué ha pasado con la justicia?

De los 450 paramilitares que perpetraron la masacre, sólo 15 han sido condenados. Carlos Castaño, quien reconoció públicamente su responsabilidad días después de la masacre, nunca fue condenado. 

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido