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La Banda Sinfónica de Cundinamarca guardará sus instrumentos por lo menos durante los próximos seis meses. A sus 57 músicos se les acabó el contrato el 25 de agosto y su renovación hasta el momento no se ve a corto plazo. La agrupación musical, una de las más reconocidas del país y ganadora en siete ocasiones del Premio Nacional de Bandas, hoy es motivo de polémica. Frente a las razones de su silencio hay versiones encontradas: La Gobernación de Cundinamarca dice que el cese temporal de actividades es normal, debido a que los contratos de los músicos eran de prestación de servicios y que mientras se realiza una convocatoria pública para rearmar la agrupación, no habrá presentaciones.
Por su parte, quienes hasta hace doce días eran músicos de la Banda aseguran que se les están violando sus derechos y que la gestora de Cultura de la Gobernación, Catalina Acosta, busca “reemplazar a los músicos profesionales con músicos juveniles e inexpertos quienes, además, recibirían sueldos menores”. La controversia se ha convertido en un dolor de cabeza para el Instituto de Cultura y Turismo de Cundinamarca y sigue creciendo.
“Van a arruinar un proceso de 15 años. No está mal que quieran vincular a los jóvenes a la Banda, pero que no sea poniendo en riesgo la calidad de la agrupación, que es reconocida a nivel mundial por su excelencia”, señaló Lucas Fernández, líder y representante de los 57 músicos, quienes se encuentran, según él, ensayando en garajes y plazas porque no quieren que el proyecto se muera. Agrega que el Instituto de Cultura y Turismo les viola sus derechos al contratarlos bajo la figura de la prestación de servicios. Fernández se basa en la Ley 1161 de 2007 que reza que los músicos que se encuentren vinculados con el Estado deben ser considerados trabajadores oficiales y, por ello, no pueden ser removidos como se hizo. “Es la primera vez que esto sucede. Normalmente la Banda no deja de tocar más de dos meses. No vamos a poder presentarnos en los principales eventos musicales del país por esta razón. Lo que quieren es sacarnos para poder hacer lo que les plazca”.
Al respecto la directora del Instituto de Cultura y Turismo, Catalina Acosta, responde que los miembros de la Banda Sinfónica de Cundinamarca no pueden ser considerados trabajadores oficiales y cobijados por la Ley 1161, debido a que la agrupación musical no tiene personería jurídica, a diferencia de otras agrupaciones como la Orquesta Sinfónica de Bogotá. Agrega que, además, la finalización de los contratos no es una masacre laboral como dicen los músicos, sino que hace parte de un proceso normal. “Vamos a abrir una convocatoria pública para que quienes quieran hacer parte de la Banda se presenten y los mejores serán elegidos. Si ellos quieren volver a la Banda, que concursen. Lo que sucede es que le tienen miedo a la competencia”, comentó. “Lo que queremos es darles la oportunidad a los mejores y aprovechamos para convocar a quienes quieran hacer parte de la Banda”.
La polémica viene de tiempo atrás. Desde que Acosta llegó al cargo, ha tenido roces con la Banda Sinfónica de Cundinamarca. Primero fue por el lugar de ensayos. Cuando la otrora Secretaría de Cultura se convirtió en Instituto, se quedó sin el derecho de un lugar propio para que los músicos practicaran. Entonces ellos empezaron un desfile por la Gobernación y luego por el Palacio de San Francisco, en el centro de la ciudad. El Palacio estaba en obra cuando llegaron. “Eso nos causó sordera, lo cual es gravísimo para un músico, que vive de su oído”, comentó Fernández. “La situación en la que practicaban sí era muy incómoda, pero la forma en que reclamaron para que esto cambiara no fue la mejor”, comentó Acosta.
Luego los músicos denunciaron que los instrumentos que tenían eran de pésima calidad y que ni siquiera tenían uniformes dignos de una agrupación como esa. “Nos tocaba ir en bus a los conciertos y con el instrumento a cuestas. No había un transporte que nos llevara y trajera como es debido”, insistió Fernández. A su turno Acosta aclaró: “Primero uno les da unos sueldos de $1’100.000 en el caso de los músicos y $4’800.000 en el del director, para que ellos se costeen esos gastos. Pero no sólo eso. Invertimos mucho en la Banda”. Y agregó: “A pesar de la situación económica mundial nunca hemos pensado en reducirle el presupuesto a la agrupación. Me duele mucho que se quejen así.”.
Mientras la discusión continúa, la Banda sigue en silencio. Algunos temen que este sea el fin de la Banda, otros, por el contrario creen que mejorará. “Sería ilógico que sucediera lo contrario”, comentó Acosta. No obstante, los antiguos músicos de la Banda temen que cuando vuelva a sonar ya no sea igual. Por ahora la suerte de una de las mejores agrupaciones musicales del país es incierta.