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Y según las cifras de los organismos de atención de desastres también tiene una de las tragedias humanitarias más gaves del país por cuenta del invierno: 60 de sus 87 municipios están afectados y más de 50 mil personas son damnificadas directas.
¿Qué está pasando en Santander?
Infortunadamente, una situación crítica por el invierno que azota al país, pero que está ensañado con esta tierra santandereana. Las montañas se están desmoronando, tenemos casi todas las vías seriamente dañadas, salvo Bogotá-Bucaramanga. En Puerto Wilches y en el bajo Lebrija hemos tenido duras inundaciones.
¿Cuántos municipios afectados?
60 de los 87, y la situación se agrava cuando entre cinco y seis municipios concentran el 60% de la población del departamento, que es de 2’100.000 habitantes.
¿Cuántos afectados hay?
El último registro, que habría que matizarlo con situaciones muy difíciles que nos han impedido tener un consolidado, indicaba que 12.000 familias, más de 50.000 personas damnificadas, pero hoy, cinco días después, la situación es peor.
¿Cuál es el impacto económico?
Delicado, porque la suspensión del tránsito automotor entre Barrancabermeja y Bucaramanga, que mueve gran cantidad de productos, afecta notablemente las economías nacional y regional. La economía avícola de Santander sufre por la falta de concentrado. En general, la actividad comercial y turística se ha visto afectada.
¿Piensa pedir una suspensión de la reforma a las regalías para enfrentar la crisis?
No somos un departamento muy fuerte, pero recibimos unas regalías que nos permiten atender estas situaciones: cuando llegue la etapa de la reconstrucción no vamos a tener regalías. Hay que hablar sobre lo particular. También hay un tema social y económico duro. Hay que brindarle posibilidades a la gente que tenía su ganado, sus potreros, sus plantaciones y que tiene deudas con el Banco Agrario. ¿Cómo van a pagar sus créditos?
¿Qué pasa en Bucaramanga?
Hay un problema estructural, que no es de ayer ni de hace 5 años. Es la acumulación de las necesidades de la gente que tiene que ubicarse en zonas de riesgo, de la dejación de muchas administraciones y de la falta de plata. Este invierno tan tremendo ha desatado muchos de esos problemas, pero el tema aquí es la gente. No es de cuántos kilómetros de carreteras, sino de cuántos miles de habitantes están en esos barrios. Es muy delicado. Los que más pagan el pato en estas emergencias son los pobres, son los que tienen sus casas en los bordes de los ríos que se desbordan, en las faldas de las montañas que se caen. El asunto es muy complicado. Es una emergencia social.