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Sólo bastó una hora para que Luz María Quiceno Rivera, madre superiora de la Comunidad Franciscana de María Inmaculada, en Pasto, se enterara de lo que había ocurrido en la congregación de Karangasso, en Malí, cuando el martes pasado en la noche un grupo de hombres, al parecer yihadistas, secuestraron a la hermana Gloria Cecilia Narváez Quiceno.
La noticia fue impactante y a la vez llena de inquietudes. ¿Por qué un grupo de encapuchados tenía la orden de ingresar en esta comunidad religiosa? ¿Cuál era la labor con la que no estaban de acuerdo? Y la más importante: ¿por qué se llevaron a la madre Gloria Cecilia?
Estas preguntas las tiene la madre superiora, quien ha estado en cuatro oportunidades en esta ciudad del país de África occidental, a ocho horas de la capital, Bamako. La religiosa señala que allí el trabajo consiste en capacitar a cerca de 300 mujeres musulmanas y católicas. “A esta labor es la que está entregada la hermana Gloria Cecilia. Ella nunca le ha hecho nada malo a nadie. Por el contrario, su vida se ha centrado en los pobres y necesitados”.
“Estamos entregados a la oración, pues Dios es el único que puede mover el corazón del hombre. No sabemos las intenciones de este grupo de personas que ingresó a la congregación. Sólo sabemos que la labor de la hermana Gloria ha sido ejemplar, siempre desinteresada y entregada a la ayuda de los más necesitados”, comenta la madre superiora.
Y fue esta actitud, sumada a la paciencia, espiritualidad, valentía, alegría y valor de ser una gran misionera, lo que siempre ha destacado a la hermana Gloria Cecilia. Por ello, desde hace muchos años, dedicó sus labores en la ayuda de los pobladores de Putumayo y otras poblaciones del suroriente del país, además de México y Suiza, en el exterior.
“Hace 15 años partió hacia Benín. En este país estuvo cuatro años y luego se desplazó a Karangasso. Allí atiende a cerca de 300 mujeres musulmanas y católicas, con quienes ejerce su labor como educadora y alfabetizadora”, destaca la madre Quiceno.
La hermana Gloria Cecilia tiene 56 años de edad y desde hace 33 está en esta comunidad franciscana. ”Aún recuerdo cuando llegó a esta comunidad religiosa. Su personalidad ha hecho que se destaque siempre, de allí que sus acciones en la comunidad han sido de gran importancia. Eso es lo que ha destacado”. La superiora de Pasto hace una pausa y recuerda que hace 20 días fue la última vez que habló por teléfono y por internet con la madre Gloria Cecilia. “¿Qué me dijo? Que la labor iba por buen camino, que no había ocurrido nada extraordinario en la población y que todo estaba muy tranquilo. Lo mismo me indicó por sus mensajes de internet. Pero esto que ha ocurrido, pues es preocupante”.
De la misma manera, la religiosa estuvo en Pasto en 2015 y en 2009 celebró en esta ciudad sus bodas de plata como integrante de esta comunidad. Y ratifico: “Nunca se había presentado una situación similar en los lugares en donde ha laborado la hermana Gloria”.
Esa incertidumbre, la que se siente en la Comunidad Franciscana de María Inmaculada, es la misma que se respira entre los familiares de la madre Gloria Cecilia. “Ellos han querido mantenerse al margen ante los medios de comunicación. Una vez nos enteramos de lo ocurrido, hemos estado en permanente comunicación”.
Doña Rosa Quiceno, madre de la hermana Gloria Cecilia, señala que no han tenido noticias del paradero de su hija. “No nos han dicho nada”, declara tajantemente, en medio de su tristeza, mientras recuerda que la religiosa realizó sus estudios secundarios en el Liceo Central Femenino de Pasto. “Siempre fue una niña muy devota”, concluye.
Pidiendo un milagro
“Estamos en cadena de oración, pidiéndole a Dios un milagro. Si los que se llevaron a la madre Gloria Cecilia son yihadistas no va a salir con vida. Ese es nuestro temor, porque ellos dijeron que tenían la orden de matar cuando se la llevaron y agregaron que regresarían en dos días”.
Las palabras de la madre Noemí Quesada, superiora general de esa orden religiosa en Bogotá, mantienen en vilo a los familiares y vecinos residentes en el barrio San Ignacio, en el suroccidente de Pasto, donde está la casa paterna, la cual se mantiene en silencio, pues sus moradores aún no se han manifestado a los medios de comunicación.
“Aunque siempre se han destacado por ser muy reservados, es entendible la situación por la que están pasando. Sin embargo, queremos que sepan que estamos con ellos y nuestras oraciones están encaminadas en que la hermana Gloria Cecilia sea liberada”.
“Nadie entiende por qué unos terroristas la emprenden contra una congregación religiosa. Eso no debe ser, es inaceptable”.
“Esa comunidad religiosa siempre se ha destacado por ayudar a la gente más necesitada y si una colombiana está en un país tan lejano del nuestro, pues es porque esas personas necesitaban las labores de este grupo religioso”.
Estos tres testimonios, entregados por igual número de habitantes del barrio, son el reflejo de lo que ha repercutido el secuestro de la religiosa nariñense. Entre tanto, en diversos hogares e iglesias católicas de la capital de Nariño se anunció que se realizarán diversas cadenas de oración para pedir por el pronto regreso a la libertad de la hermana Gloria Cecilia Narváez.