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Una sorpresiva decisión se tomó en la última reunión del Consejo Nacional de Paz, que fue convocada a instancias del mandatario Juan Manuel Santos y presidida por el alto comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, y en la cual se acordó invitar a las Farc para que ocupe un asiento fijo allí. No se trata de una iniciativa de poca monta, pues es la primera puerta que se abre para que la organización guerrillera aterrice en la arena política.
Si bien el Consejo Nacional de Paz no es una instancia de toma de decisiones, sí está compuesto por cinco ministros, el procurador, el defensor, el alto comisionado, gremios, iglesias y 34 sectores de la sociedad civil, y tiene como tarea aterrizar el debate de la paz en las regiones, hacer pedagogía y plantear propuestas al Gobierno.
La decisión de vincular a las Farc se ampara en el artículo 3 de la Ley 434, que le dio vida jurídica al Consejo Nacional del Paz y claramente señala en un parágrafo que “si existiere conflicto armado interno, podrán igualmente participar los actores armados irregulares, siempre y cuando, a juicio del Consejo, hayan manifestado su voluntad expresa de participar en un proceso de paz”.
De acuerdo con la norma, las condiciones están dadas y en pocos días viajará a La Habana una comisión del Consejo Nacional de Paz para formalizar la invitación con el fin de que la participación y discusión por parte de las Farc trascienda las fronteras de la mesa de diálogo.
El Espectador habló con Luis Ignacio Sandoval, presidente colegiado de Redepaz y uno de los que encabezaron la propuesta de vincular a las Farc. “Estuve en La Habana en noviembre y que ellos aceptaran empezar a participar en la discusión para la construcción de la paz territorial, que es hoy una de nuestras prioridades, es un gran avance”, argumentó Sandoval.
La decisión levantó ampolla de inmediato. El senador Alfredo Rangel, del Centro Democrático, manifestó su rotundo rechazo y afirmó que “me parece un exabrupto invitar a las Farc, mientras estén armadas y no se hayan desmovilizado, a participar en un escenario de este tipo. No tienen por qué formar parte de un espacio legal y democrático, simplemente porque siguen siendo narcotraficantes, extorsionistas, no han liberado los niños que tienen reclutados y tampoco han dicho nada de las cerca de 3.000 personas desaparecidas”.
Contrario a este planteamiento, Roberto Vidal, director del Instituto Pensar de la Universidad Javeriana y representante del sector académico en el Consejo Nacional de Paz, argumentó que la decisión “tiene un importancia gigantesca porque se trata de un organismo asesor del Gobierno, y por eso alcanza una connotación política dentro de la discusión de la paz. Consideramos que es oportuno porque ya estamos discutiendo la construcción de la paz, que son temas en los que va a participar activamente las Farc”.
Vidal agregó que “el alto comisionado ha dicho varias veces que el Consejo será protagonista a partir de la firma. Por eso pensamos que es el momento de incluir a las Farc para la verificación de los acuerdos. El Consejo Nacional de Paz es una instancia entre la sociedad civil y el Gobierno, y si queremos que el proceso de paz salga adelante y se construya desde las regiones, lo mínimo es que las Farc sean una voz deliberante, pensando en la implementación de los acuerdos”.
Aunque la llegada de las Farc al Consejo Nacional de Paz se convierte en el punto más espinoso de lo aprobado el miércoles pasado a instancias del alto comisionado, Sergio Jaramillo, en el encuentro también se avanzó en otros temas. Por ejemplo, se dio vía libre a la realización de una conferencia internacional de apoyo político y económico al proceso de paz.
Además, el Consejo Nacional de Paz y las comisiones de Paz de Cámara y Senado emprendieron conjuntamente la realización de ocho foros regionales de sensibilización y apropiación ciudadana de la agenda de paz para que influyan en la construcción de los planes municipales y departamentales de desarrollo.
Y como prioridad para el Gobierno, que se encuentra en campaña para conseguir los 4,4 millones de votos para que el plebiscito por la paz sea aprobado popularmente, también se acordó que entre el 22 y el 26 de febrero se adelantará un ejercicio pedagógico denominado “La paz es una nota”, sobre agenda en todos los establecimientos educativos del país.
Fructífero y polémico resultó el encuentro del Consejo Nacional de Paz que le abre las puertas a la participación de las Farc y en el cual de paso se establecieron lineamientos para que la sociedad civil, en bloque, defienda la negociación de paz, haga pedagogía y, sobre todo, ayuden a generar el optimismo suficiente para llevar a los ciudadanos a votar el plebiscito con el que se refrendará la negociación de La Habana.