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Guillermo Alfonso Jaramillo piedra angular

La administración de Gustavo Petro se ha caracterizado por inestabilidad política y administrativa, agravada por su destitución, pero tras las crisis ha sido el secretario de Gobierno quien asume el control.

14 de diciembre de 2013 – 04:00 p. m.

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En medio de una administración cuya cabeza, el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, contaba con muy poca popularidad y muchos frentes de lucha, Guillermo Alfonso Jaramillo, secretario de Gobierno, brilló en este 2013 en medio de un gabinete desdibujado y poco destacado. Pero sobre todo, brilló por echarse al hombro el funcionamiento de la ciudad mientras el alcalde se defendía de la destitución impuesta por la Procuraduría.

Jaramillo llegó a la administración de Bogotá en 2011 a ocupar el cargo de secretario de Salud, después de una larga carrera política. Este médico cirujano ha sido concejal, diputado, representante a la Cámara, senador y gobernador del departamento del Tolima. Su incursión en la política se dio por el Partido Liberal, colectividad de la cual hace parte su familia. Su padre, Alfonso Jaramillo, fue ministro de Salud durante el mandato del presidente Turbay. Su madre, doña Hilda de Jaramillo, fue concejal de Bogotá y senadora por el Tolima cuando no había circunscripción nacional. Su hermano también hizo parte del Legislativo con las banderas rojas, desde 1998 hasta 2010. Sin embargo, después de ires y venires decidió abandonar el partido que vio nacer su carrera política y después de una pausa en el exterior fue uno de los fundadores del Polo Democrático Alternativo, colectividad en la que siempre fue cercano a las posturas de Gustavo Petro y Antonio Navarro.

Considerado por sus cercanos como un hombre sensato, con experiencia y bastante realista, sentía desde hace varios meses que el destino de su jefe era la destitución por parte de la Procuraduría, por lo cual su intención y petición dentro de la administración era siempre que se concentraran en ser más ejecutivos y menos retóricos.

Reconocido por no tener “pelos en la lengua”; es bastante directo y no tiene miedo a sobrepasarse en el lenguaje. Le canta la tabla al que sea, incluso al mismo alcalde. Es importante recordar el episodio en el cual, frente al escándalo por la implementación del nuevo sistema de basuras en Bogotá, Jaramillo dijo públicamente que Diego Bravo, exgerente de la Empresa de Acueducto de la ciudad, debía renunciar por la forma improvisada en que había llevado al alcalde a prestar un servicio deficiente, lo que finalmente llevó a su destitución. Asimismo fue conocido el enfrentamiento que tuvo con su antecesor en la Secretaría de Gobierno, Guillermo Asprilla, debido a unos funcionarios que retiró por no estar de acuerdo con sus nombramientos.

A pesar de haber sido uno de los promotores del movimiento Progresista y de haber impulsado a Gustavo Petro a retirarse del Polo Democrático para iniciar un nuevo proyecto, este año se hicieron públicas algunas diferencias con el alcalde. Tanto así que en el mes de septiembre se llegó a especular sobre su salida del gabinete, después de que manifestara que su carta de renuncia siempre había estado a disposición del mandatario, así como cuando pronunció que “en los próximos días habría un quiebre en la administración para afrontar la etapa final del gobierno”. Jaramillo llegó a presentar su renuncia por el distanciamiento y la falta de respaldo que sentía por parte del alcalde Petro frente a diferentes decisiones suyas, propias de su estilo de mano dura en temas de seguridad.

Pero la distancia no se dio sólo con el burgomaestre. Sus relaciones con otros integrantes de la administración tampoco gozaron este año de armonía. Muchos consideraban que Jaramillo era una ficha incómoda, una especie de rueda suelta dentro del gobierno. Sin embargo, su importante trabajo dentro de la administración lo blindó de cierta manera frente a las diferencias.

El actual secretario de Gobierno de Bogotá sabe que su paso por la administración distrital es un peldaño más en su larga vida política, pero que de él depende que lo reconozcan como portador de un perfil administrativo para así poder aspirar con importantes opciones a otro cargo electoral en el futuro. Actualmente trabaja por forjar esa imagen. Primero porque es quien hoy estructura el funcionamiento de la administración de la capital, pero también por defender a su jefe, el alcalde Gustavo Petro, quien ahora tiene una gran popularidad por cuenta de lo que muchos consideran una arbitrariedad de la Procuraduría.

 

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