La cuarentena y la gratitud con nuestros viejos: Pensamientos desde casa, día 36

Uno de los grandes desafíos que nos plantea esta época de aislamiento familiar es la reivindicación de la vida de abuelos y padres, y de nuestra relación afectiva con ellos.

Bomberos voluntarios del municipio de El Rosal, Cundinamarca, reparten pan a los adultos mayores más necesitados todos los días de la cuarentena. / Cortesía
Bomberos voluntarios del municipio de El Rosal, Cundinamarca, reparten pan a los adultos mayores más necesitados todos los días de la cuarentena. / Cortesía

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Hoy quiero hablar de mis amados viejos, de nuestros amados viejos, no con los eufemismos que nos han impuesto para dejarlos como material de decoración: personas de la tercera edad o adultos mayores. No. Esta pandemia me ha permitido agradecer y ponderar lo que he recibido de mis abuelos y padres. Desafortunadamente no tenemos una cultura tan respetuosa de ellos como la oriental, porque también merecen admiración y venias, y sólo en momentos extremos como este valoramos su importancia en nuestras vidas.

Creo que este largo mes no sólo se ha tratado de cuidarlos como la población más vulnerable ante el nuevo coronavirus, sino de observar y aprender de su existencia de una manera integral. Tan imprescindible como estar pendientes de sus necesidades básicas, salud, vivienda, alimentación, vestido, es recordarles cada día lo que significan para la familia. (Recomendamos más de esta serie: Las fotografías y la memoria familiar).

Durante toda la vida nos preguntamos ¿Llegaré a viejo? ¿Cómo será mi vejez? Y teniendo al frente a nuestros viejos no terminamos de entender. Es el momento de lograrlo. Más que nunca ellos necesitan que los oigamos. A veces para fortalecer las relaciones basta recordarles una buena época para que nos la recreen. Un comentario o una fotografía puede ser el punto de partida de una charla amorosa que mitigue las tensiones. Así se puede transformar una situación de crisis en una oportunidad para acercarse a ellos y decirles: estamos con ustedes. Por la imposibilidad de abrazarlos y besarlos, en esta cuarentena hablo más con mi mamá y mi papá que antes. Esta prueba mejorará aún más nuestros vínculos.

Es paradójico, pero podemos utilizar el distanciamiento físico temporal para romper silencios o zanjar diferencias que se crean dentro de las familias, entre algunos de sus miembros, y que parecen abismos con el paso de los años. A veces abuelos y jóvenes se aíslan en su propio silencio. Hay que tener entereza para reconocer nuestros errores hacia ellos y dar el primer paso que permita restablecer una relación. Se puede empezar con un gesto. Darles gracias por algo específico, una situación de apoyo, un regalo, que ustedes recuerdan y tal vez ellos no. Decirles a mamá y papá cuánto extraña uno su compañía, sus almuerzos de fin de semana, desata cualquier nudo.

Otra sugerencia es pedirles que nos recuerden ¿cómo enfrentaron crisis similares en sus vidas? En el caso de mi familia, sufrieron enfermedades graves y las superaron. Son supervivientes y perseverantes admirables. Nos reconfortaremos con sus experiencias y al compartirlas sentirán su vida justificada.

Ellos también tienen muchas inquietudes sobre este presente y el futuro incierto. Dialoguemos a partir de esas visiones. Contémosles cómo estamos enfrentando la situación para que nos sientan realistas y optimistas. Si tenemos dudas, problemas, proyectos, pidamos su opinión y consejo. Eso los ayuda a sentirse útiles, no una carga.

Ahora requerimos más paciencia para entenderlos. Apoyarlos en su encierro con pequeños detalles como pasar para darles un saludo desde afuera de la casa o apartamento, a través de las ventanas, llevarles algo de lo que les gusta comer, dejarles un mensaje, un periódico, una revista, un libro. Es vital animarlos a hacer ejercicio. Alegrarlos poniéndolos en contacto con sus nietos, que ellos les digan cuánto los quieren y les dediquen dibujos, con familiares en otras ciudades o países o con amigos con los que no hablaban hace tiempo.

Para ello es clave acercarlos a la tecnología, cuando se puede porque en este país todavía un 40 por ciento de la población no disfruta de ella y menos la mayoría de nuestros cinco o seis millones de ancianos. En todo caso, es necesario apoyarnos al menos en los teléfonos celulares para estarles hablando a diario, para verlos y hasta para intentar juegos virtuales.

En la medida en que mantengamos arriba su autoestima, menos probable será que se enfermen o se depriman. Si nos proponemos cumplir con este plan de restablecimiento afectivo hacia y desde nuestros viejos, creo que el reencuentro de las familias cuando la pandemia esté controlada será una redención para todos.

@NelsonFredyPadi / npadilla @elespectador.com

* Estamos cubriendo de manera responsable esta pandemia, parte de eso es dejar sin restricción todos los contenidos sobre el tema que puedes consultar en el especial sobre Coronavirus

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