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Es en este marco regional histórico que Colombia está comenzando a cerrar una herida que ya lleva más de cinco décadas de sufrimiento para un pueblo que siempre le tocó poner los muertos, los desaparecidos, los desplazados y los empobrecidos.
Pero estos acuerdos de paz no son entre dos partes, son un trabajo conjunto entre cuatro actores imprescindibles: el pueblo colombiano, el gobierno, las Farc-Ep, y los países garantes.
Para respetar la búsqueda de verdad, justicia, reparación y no repetición, entonces las cuatro partes deben acordar y colaborar en pos de un diseño institucional que permita darle permanencia a la paz través de los gobiernos que se sucedan en un futuro.
La paz es un derecho del pueblo que se construye y no puede ser negado. Todos los latinoamericanos debemos estar atentos y participativos porque, en un mundo cada día más conflictuado, estos diálogos son parte de esa identidad regional y ese ejemplo que estamos construyendo para nuestras futuras generaciones y para el mundo.