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La inauguración de la Casa del Cuidado Ancestral incluyó prácticas culturales, palabra tradicional y recorridos comunitarios en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Mujeres arhuacas tejen mochilas como parte de las prácticas que articulan el cuidado y la vida. Algunas de estas ahora son exhibidas en la Casa de Cuidado.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Detalles del espacio construido en el resguardo de Jimaín.
Foto: Laly Malagón - OIT
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La Casa de Cuidado Ancestral Arhuaca abrió sus puertas en el resguardo de Jimaín, entre Valledupar y Pueblo Bello, como un espacio para mujeres y sus hijos.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Autoridades, organizaciones y lideresas indígenas durante la apertura de la Casa del Cuidado Ancestral en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Este es un espacio que busca redistribuir el tiempo del cuidado y fortalecer la autonomía económica y cultural.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Niñas y niños de las comunidades arhuacas hacen parte del circuito de cuidado que funciona en la nueva casa comunitaria del resguardo de Jimaín.
Foto: Laly Malagón - OIT
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La Casa de Cuidado Ancestral Arhuaca abrió sus puertas en el resguardo de Jimaín, entre Valledupar y Pueblo Bello, como un espacio para mujeres tejedoras y sus hijos.
Foto: Laly Malagón - OIT
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La Casa fue impulsada por organizaciones comunitarias e instituciones, que busca fortalecer la autonomía y el trabajo del cuidado.
Foto: Laly Malagón - OIT
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Algunos de los elementos que se han ido integrando para atender a las infancias que asistirán a la Casa.
Foto: Laly Malagón - OIT
En el resguardo indígena de Jimaín, en la Sierra Nevada de Santa Marta, comenzó a funcionar la primera Casa de Cuidado Ancestral, un proyecto que busca redistribuir y reconocer la labor del cuidado, fortalecer las prácticas culturales, visibilizar el tejido de mochilas y promover la autonomía económica de las mujeres indígenas.
El espacio, construido con apoyo de organizaciones nacionales e internacionales, también integra a hijas e hijos de mujeres tejedoras en procesos de aprendizaje de la lengua, y las tradiciones propias. Los recursos económicos y los avales vinieron de la OIT, que puso capital semilla para adecuar el espacio; el Ministerio de la Igualdad dotó parte del material, y las autoridades del pueblo en la Sierra aportaron el predio y la estructura inicial de la vivienda.
Se trata de una apuesta por el reconocimiento del trabajo de cuidado que históricamente han sostenido las mujeres arhuacas, y por la posibilidad de ampliar sus tiempos para el estudio, la creación y el desarrollo de proyectos propios.
🗞️ Lea aquí la historia de una casa que hoy empieza a transformar el cuidado y la vida de las mujeres y las infancias en la Sierra.
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