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Las consecuencias del conflicto interno que vive Colombia hace rato superaron sus fronteras y pusieron al país en el triste podio de los que más compatriotas ha obligado al exilio. Algunos estudios hablan incluso de que más de dos millones de colombianos estarían en el exterior en contra de su voluntad. Personas a las que, irónicamente, les ha sido creado un día especial: el del refugiado, que se conmemora hoy en todo el mundo.
Según el encargado de la oficina regional de Panamá de Acnur, José Samaniego, las políticas estatales de los países latinoamericanos conceden a los refugiados los mismos derechos y acceso a servicios que tiene cualquier nacional. Pero a pesar del marco legal, “en muchos casos los refugiados llegan a comunidades que tienen otras necesidades, por eso hay déficit de empleo, vivienda, tratamientos médicos y educación secundaria”.
En el caso de los refugiados colombianos, por tratarse en su mayoría de afrodescendientes e indígenas, la discriminación es otro factor que dificulta su integración a otras comunidades.
La primera causa de búsqueda de refugio de los colombianos es el desplazamiento interno. “Hay en promedio dos o tres desplazamientos internos antes de que la persona, al darse cuenta de que no puede conseguir seguridad al interior de su país, cruce la frontera hacia países vecinos”, cuenta Francesca Fontanini, oficial regional de información pública del Acnur. En Colombia, los afrodescendientes constituyen 12% de la población desplazada internamente y los indígenas, 8%.
Según la Organización Indígena de Colombia, las etnias que este año han sido más afectadas por el conflicto armado son los pueblos Nasa, en el Cauca, y Awá, en Nariño y Putumayo.
Huyendo de la violencia han ido a parar a Ecuador, mayor receptor de refugiados colombianos y la frontera más crítica. Allí hay cerca de 54 mil refugiados y 27 mil solicitantes de asilo colombianas. Cerca de 70% de refugiados vienen de minorías indígenas o afrocolombianas del Valle del Cauca, Nariño y Putumayo. Según Fontanini, “son discriminados no sólo por ser extranjeros, sino por pertenecer a una minoría étnica”.
El problema con estas comunidades es que no conciben las fronteras en su cosmovisión, su territorio puede abarcar dos países. Además, ignoran su derecho a la doble nacionalidad y los procedimientos para solicitar protección. Acnur y los países que conforman su territorio buscan documentarlos para proteger sus derechos.
Venezuela es el segundo país receptor de refugiados colombianos y tiene mejor acogida, porque el Estado ofrece, entre otros, programas de microcrédito para quienes pasan la frontera. Este país alberga cerca de 15 mil solicitantes y 3 mil refugiados, aunque recientes investigaciones estiman que puede haber hasta 200 mil colombianos allí sin recurrir al sistema de asilo.
Costa Rica, que cuenta con 10 mil refugiados reconocidos, está en tercer lugar antes de Panamá, donde está la mayor problemática de discriminación hacia los dos mil refugiados que habitan en Ciudad de Panamá y los 900 solicitantes que están en la región fronteriza. Se estima que los pueblos indígenas Kunas, Ngobe-Bugle, Emberá, Wounaan y Naso ocupan cerca del 20% del territorio panameño y tienen el índice de pobreza extrema más alto del país.
Según Fontanini, 70% de los 87 pueblos indígenas están en condiciones de vulnerabilidad por el desplazamiento y reclutamiento forzado, por los megaproyectos petroleros, mineros o viales que amenazan sus territorios y por las enfermedades que los aquejan.
Entre los programas que Acnur implementa para proteger a refugiados está el de Fronteras Solidarias, que busca mayor presencia institucional en los límites entre países ; el de Ciudades Solidarias, para garantizar los derechos fundamentales de los refugiados; y el de Reasentamiento Solidario, donde participan Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, cuyas condiciones socioeconómicas los convierten en destinos más prometedores para los refugiados.