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A las 4 en punto de la tarde del pasado domingo, justo cuando la depresión tropical ‘Beryl’ empezaba a pasar sobre los 27 kilómetros cuadrados de la pequeña isla de San Andrés, la empleada turística Marlene Torres levantaba su teléfono para llamar a los bomberos. La casa en la que vive con su esposo y sus tres hijos, en el barrio Back Road, se estaba llenando aceleradamente de agua negra, que comenzaba a llevarse por delante sus pocos enseres. La energía eléctrica se había ido. A la media hora le entró la llamada. La respuesta fue devastadora: los bomberos no podían salir a ayudarla porque también estaban inundados.
Es el mismo drama que vienen padeciendo muchos pueblos colombianos por culpa de los fenómenos naturales y de la posterior inoperancia estatal: las mismas caras tristes, la misma falta de ayuda. Eso es lo que vive San Andrés desde el pasado domingo, cuando ese fuerte aguacero tumbó techos, árboles, anegó la mayor parte de la isla, la dejó sin luz, desbordó el alcantarillado y obligó a cerrar el aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla todo el día.
Pero lo peor comenzó a aparecer ayer en la mañana, cuando las aguas evidenciaron con su descenso los estragos del drama. Por ejemplo, en la casa de Marlene Torres, rodeada de toda clase de basura mezclada con barro, yacían, inservibles, todos los electrodomésticos.
El Back Road es la zona más baja de la isla y siempre se inunda con cualquier lluvia. Parece un barrio de Cartagena, pues sus cerca de 80 casas están casi todas habitadas por continentales venidos de esa ciudad. Lo curioso es que muchos nieguen ser de allí porque, explican varios vecinos, no cuentan con la tarjeta de residencia legal que expide la Oficina de Control y Circulación (Ocre).
También permanecen anegados y sin mucha ayuda los barrios Juan XXIII, Natania, Santa Ana y El Cocal, casi todos sectores habitados por raizales.
El panorama es aún más sombrío al constatar las dificultades que afrontan en su labor diaria entidades de ayuda como la Defensa Civil (cuatro motobombas y dos motosierras para 70 mil habitantes) y el Cuerpo Oficial de Bomberos (15 hombres, un solo camión).
Hacia el mediodía de ayer aún la gobernación de la isla no tenía cifras oficiales sobre damnificados, pero extraoficialmente se hablaba de tres mil familias afectadas. El semanario The Archipiélago Press cree que, por su intensidad pluviométrica, se trata de los estragos de la peor tormenta en los últimos cinco años.