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Los papeles perdidos de García Márquez

Debate acerca de dónde deberían estar estos documentos, que incluyen manuscritos corregidos de varias de sus obras y cartas, entre otras piezas.

Santiago La Rotta
24 de noviembre de 2014 – 10:35 p. m.
Gabriel García Márquez trabajando en ‘Cien años de soledad’. / Fotos: cortesía Centro Harry Ransom
Gabriel García Márquez trabajando en ‘Cien años de soledad’. / Fotos: cortesía Centro Harry Ransom

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A finales de 2013, la familia de Gabriel García Márquez contactó al Centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.), para negociar la entrega del archivo del escritor, que incluye manuscritos, pruebas corregidas de sus trabajos posteriores a Cien años de soledad, álbumes fotográficos e incluso computadores y máquinas de escribir del autor, según el recuento de Steve Enniss, director de la institución.

Las introducciones entre Enniss y su equipo, que incluye a José Montelongo, experto en literatura latinoamericana de esa universidad, las hizo un intermediario de la familia que contactó al centro por ser el lugar que guarda archivos de William Faulkner, Virginia Woolf y Jorge Luis Borges, entre otros escritores que influyeron en la obra de García Márquez, según cuenta Montelongo.

Esta negociación se conoció ayer, cuando un artículo del diario The New York Times anunció que los papeles de García Márquez son ahora de la Universidad de Texas, gracias a una transacción que Enniss no quiere discutir públicamente. La revelación se hizo al mismo tiempo que el centro como tal aseguró poseer el material que incluye, a grandes rasgos, siete piezas con manuscritos, obras de ficción y la autobiografía del autor, cuatro piezas de correspondencia (con escritores como Julio Cortázar, Graham Greene, Salman Rushdie, Milan Kundera, entre otros) y al menos 10 piezas con álbumes fotográficos, además de máquinas de escribir y computadores, cuyo contenido aún es desconocido, incluso para el mismo Centro Harry Ransom.

“Tuve la suerte de ver el material en México: fue un gran privilegio y una gran suerte gozar de la hospitalidad de doña Mercedes y Gonzalo García Barcha, quien fue uno de los hijos que estuvo ahí mientras estábamos nosotros. Uno no puede evitar un sentimiento de gran emoción al estar ante los documentos que nos permiten acceder al taller del escritor. Hay también una cierta sensación de indiscreción por estar frente a papeles que no estaban destinados a hacerse públicos”, cuenta Montelongo, quien fue una de las personas que en julio de este año fueron a México para evaluar los documentos.

“El archivo no incluye nada anterior a Cien años de soledad, porque, me permito especular, en ese tiempo García Márquez estaba más preocupado con la supervivencia que con la posteridad literaria: era un hombre que viajaba mucho y era difícil hacerlo con papeles y borradores. Cartas y fotos sí hay de la época anterior a Cien años de soledad”, relata el catedrático. En ese viaje de mediados de este año también estuvo Enniss, quien asegura que “el material confirmó nuestras sospechas: que sería de gran interés para alumnos e investigadores, pues es una ventana abierta hacia el proceso creativo de un gran escritor, algo que resulta especialmente cierto en el caso de Nos vemos en agosto”. Enniss se refiere a una novela no publicada del escritor, quien consideró que aún no se encontraba lista para ir a imprenta, aunque han aparecido fragmentos en The New Yorker y en el periódico español La Vanguardia. El Centro Harry Ransom adquirió los manuscritos de por lo menos 10 versiones de este trabajo que, confirma Enniss, podrán ser consultados incluso mientras la familia del autor decide qué hacer con el material en términos de publicación. Claro, serán documentos que probablemente no sean fotografiados ni escaneados ni puestos en línea, al menos hasta que esta cuestión no se decida. “Es el manuscrito más rico en el aspecto de la composición, y aunque sea la única novela no publicada de este archivo, es también una de las más reveladoras en torno al proceso creativo del escritor”, sostiene Montelongo.

Los documentos pasan ahora a un proceso de catalogación que tomará unos meses, según las cuentas de Enniss. Una parte del material de García Márquez estará disponible en línea y todo el proyecto del archivo debe entrar en funcionamiento a mediados del próximo año.

Casi predeciblemente, la adquisición del archivo por parte de la Universidad de Texas, en Austin, desató un debate en Colombia, pleno de patriotismo y algunas acusaciones alrededor de un material que, en la visión de algunos, debería haberse quedado en el país. Algunas versiones incluso señalaron que hubo una especie de puja en la que el establecimiento cultural del país brilló por su ausencia. Enniss, por su parte, asegura que no estuvo enterado de que hubiera conversaciones para ofertar por el material por parte de instituciones, colombianas o de otros lugares, y repite que el Centro Harry Ransom fue contactado por la familia de García Márquez.

Al respecto, el Ministerio de Cultura aseguró que “la directora de la Biblioteca Nacional, Consuelo Gaitán, fue delegada por el Gobierno Nacional desde finales de 2013 para comunicar a la familia García Barcha el interés porque el legado del escritor reposara en Colombia y específicamente en los fondos de la Biblioteca Nacional”. La familia del autor afirmó en un comunicado que “…nosotros decidimos que el archivo de los documentos literarios y del correo fuera al Centro Harry Ransom (…). Hay otra serie de objetos personales de Gabo, como son la máquina en donde escribió Cien años de soledad, la medalla y el diploma del Premio Nobel, así como parte de su biblioteca personal, que están destinadas a la Biblioteca Nacional de Colombia, con quienes hemos mantenido conversaciones durante más de un año”.

Más allá de la inmediatez de la polémica, hay un debate de fondo acerca de quién es el dueño de un escritor, o su obra para este caso: el país donde nació, el país sobre el que escribió o el lugar de donde proviene la lengua que usó para comunicar sus ideas. Llegan a la mente ejemplos levemente problemáticos como Emil Cioran (rumano de nacimiento, escribió en francés, murió en Francia), Joseph Conrad (polaco, escribió en inglés y vivió en Inglaterra), Vladimir Nabokov (ruso, catedrático estadounidense, publicó en ambos idiomas) o incluso el mismo García Márquez: colombiano cuya obra está profundamente vinculada al país y al continente, pero cuya carrera, en buena parte, se desarrolló en México. Cabe recordar que a mediados de los años 80 el autor salió huyendo del país gracias a ciertas amenazas veladas por parte del Gobierno y los militares de turno, todo esto según la propia versión del autor.

slarotta@elespectador.com

@troskiller

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