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Eran las 7:00 de la mañana del miércoles 29 de abril. En compañía del teniente Oscar Soler, estudiante del curso 036 de aviación, la mayor Ximena Torres llegó a la pista de la escuela de aviación Rosso José Serrano, de Mariquita (Tolima) donde emprendería con su alumno el vuelo de Cruceros, (fase para la culminación del curso de un piloto).
Su destino era Bucaramanga. Despegaron. Aparentemente no había anomalías. Pero a 400 pies de altura, se presentó una falla del motor. Este se apagó.
Con prontitud, la oficial tomó los controles y la decisión de aterrizar la aeronave en un campo abierto, porque la altitud que tenía en ese momento no les permitía llegar hasta la pista.
“Sentimos la vibración del motor, se apagó, y ‘mi mayor’ cogió el control de la aeronave. Viró al lado derecho, que era el más conveniente por la topografía, y eligió un campo donde introducir el avión, porque la pista estaba demasiado lejos” relata el teniente soler, quien manifiesta que, a punto de graduarse, esta fue la clase más temible pero tal vez la más fructuosa de su carrera.
“Mantuvo la velocidad del avión lo más que se pudo para no entrar en una celeridad crítica. Evitó que la aeronave perdiera sustentación y nos cayéramos al terreno sin control”, dice el teniente de 24 años de edad, quien reconoce que aunque durante el curso se practican maniobras de peligro simulado, la realidad es otra cosa.
“Este entrenamiento se hace en la fase de maniobras, son simulacros donde el instructor nos corta la potencia del motor. Ahí se efectúan procedimientos para re encendido y se escoge un campo para aterrizaje. Pero aunque se tiene el conocimiento suficiente, cuando es real, los momentos son de mucha tensión”. Por eso agradece que el difícil incidente lo haya vivido al lado de quien para él se convirtió en la mejor profesora.
Finalmente a la tripulación no le pasó nada, y la aeronave quedó prácticamente intacta. La mayor Torres recuerda que cuando se bajaron del avión tras la emergencia, ella y su estudiante se abrazaron.
Según la mayor Torres, el poder y el instinto de supervivencia actuaron en ella. “Uno nunca está preparado, ni va a querer morir” dice. Se ha caracterizado por ser una mujer de armas tomar, fuerte. Es madre soltera, y cabeza de familia. Tiene dos hijos: una niña de 7 años y un bebé de 9 meses, a quienes muchas veces debe dejar por cumplir con su labor.
“Pensé en mis niños, y esa fue la motivación más grande que tuve para sortear el peligroso evento” relata. No niega que sintió miedo. “La experiencia le da a uno la capacidad de comprender que en aviación una equivocación o cualquier situación anómala técnica puede llegar a ser fatal”.
Es la única policía de la familia. En el año 1994 ingresó a la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional, donde se formó como oficial. En 1.996, se graduó como subteniente, y en el año 98 llegó a la Escuela de Aviación Rosso José Serrano, a hacer el curso como piloto, en la especialidad de Ala Fija. De su curso, fue la primera mujer que se graduó.
Su ilusión de ser Policía nació en Sogamoso (Boyacá) cuando cursaba el grado noveno. “La Policía iba a los colegios a hacer campañas de incorporación. Me gustó el uniforme, pero también me llamó la atención la disciplina de la vida militar”.
Para la época, la Institución era la única fuerza que les brindaba a las mujeres la opción de incorporarse y realizar el curso de oficial de fila, pues en las otras entidades militares solamente se podía hacer parte del área administrativa, pero como suboficial.
Durante su vida como mujer policía ha tenido experiencias que la han marcado como profesional.
“Hemos venido rompiendo paradigmas y hemos incursionado en labores que hace unos años eran únicamente para los hombres”.
Pero la Mayor siente que ellos, ahora apoyan a la mujer, que son condescendientes con la labor femenina. “Recibo el respaldo de mis superiores y tengo la ayuda y el respeto de mis subalternos”, asegura la oficial.
Aunque en ocasiones nota el machismo pero dice que se ha evolucionado en la sociedad en general.
“Las mujeres hemos estado en ámbitos diversos, y los hombres nos están permitiendo que nosotras ejerzamos cualquier labor”.
Aunque luego del accidente, ha recibido innumerables llamadas de amigos y familiares que le aconsejan que abandone la profesión por el peligro que representa, ella asegura que por su mente no ha pasado la posibilidad de retirarse.
“Me apasiona volar, son los riesgos de la profesión. Es algo que me gusta y creo que cuando uno ama lo que hace, nunca debe pensar en morir”.
Sus estudiantes y sus superiores, como el mayor, Oscar Rodríguez, subdirector de la Escuela de Aviación ven a Ximena como una gran persona, una mujer cuya pericia le ayuda no solamente para levantar a sus hijos sola, con sacrificio, sino para salvar vidas. “Se merece el respeto y admiración de todos” dice el oficial.
Sus aspiraciones también vuelan hasta lo alto. “Pienso llegar hasta donde el mando institucional lo considere pertinente, pero mi anhelo es llegar a ser general de la Policía” puntualiza