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Ocurrió un 17 de diciembre

El estado de la población de Gramalote, en Norte de Santander, un año después de la tragedia que la destrozó.

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“La noche del jueves, un día antes de la tragedia, al barrio Santa Clara le correspondía la Novena de Aguinaldos. Me acuerdo que en ese tiempo estábamos recogiendo ayudas para los damnificados por el invierno en Gramalote”. Tiene los ojos aguados. Una lágrima le atraviesa el rostro. María Belén Riveros, habitante de Gramalote, cuenta de manera pausada los momentos previos al desastre, ocurrido el 17 de diciembre de 2010. La voz suena entrecortada. Un nudo en la garganta impide la fluidez verbal.

“Después de la Novena que hacíamos en el barrio, nos íbamos a misa a la iglesia San Rafael”. La nostalgia invade el relato. En esa fecha eran las comparsas en el pueblo. Los vecinos se reunían para bailar y compartir las alegres veladas. Esa noche, María Belén y la familia volvieron a casa temprano. Se acostaron tranquilos y confiados en que todo estaba bien alrededor. “No nos habíamos dado cuenta de nada. Algunos decían que la tierra se estaba abriendo, pero en el sector todo parecía normal”.

Esa fue la última noche de esta mujer mayor en su casa. Los rugidos de las montañas que escuchaban Ana y Matilde Escalante cuando niñas habían sido un preaviso. Hoy, las dos hermanas están vivas para contar que la tragedia nació en las veredas mucho tiempo atrás. A la mente de Matilde llega el recuerdo de las mañanas en que subían a hacer los mandados de la mamá. “A medida que íbamos caminando, podíamos escuchar ruidos extraños, como si los cerros ‘gramaran’. Nosotras decíamos que la tierra estaba brava y salíamos corriendo”.

Por esta razón, afirmaron, de ahí surgió el nombre Gramalote. El municipio pertenece a Norte de Santander. Es de clima templado y hasta 2010 tuvo 5.928 habitantes. El casco urbano distaba 29 kilómetros de Cúcuta. María Belén lo definió como un pueblo grande, de gente amable y cordial, que quedó con el último barrio inconcluso. El 17 de diciembre de 2010 se abrió el libro del Apocalipsis para los gramaloteros. A Belén, su esposo la despertó en la madrugada y le dijo: “Parece que esto es en serio”. A las 10:00 de la mañana sucedió lo peor. Esa escena no la va a olvidar. La primera reacción fue alistar ruanas, colchonetas, abrigos y poca ropa. Aunque sabía que no sería fácil lo que los esperaba, guardaba la ilusión de volver el lunes a casa.

“Cuando bajamos en el carro con mi esposo, mi hija y mi nieto, vimos cómo la tierra y los árboles se venían al suelo. La montaña se desmoronaba sin compasión y los vecinos corrían tratando de salvar sus cositas. Todo empezó en la urbanización Santa Elena”. Ese viernes, en la tarde, regresó al municipio su hijo, el policía, para inspeccionar el lugar. Horas después la llamó para decirle, en medio del llanto, que cualquier intento para salvar a Gramalote era fallido, porque poco a poco desaparecía.

El 18 ya no había nadie en el religioso pueblo. Una falla geológica causó la desaparición del municipio, como consecuencia de la oleada invernal que entonces azotaba al país.

María Belén Riveros vive con su familia en Cornejo, corregimiento de El Zulia (Norte de Santander). “Un amigo de mi hijo nos dio albergue y ahora dijo que nos podíamos quedar el tiempo necesario”. A pesar de lo vivido está agradecida con Dios. Le duele en el alma haber perdido a Gramalote, donde nació, vivió y formó su hogar. Su hija, María del Pilar, es la líder de los albergues en El Zulia. El 17 de diciembre, al cumplirse un año de la tragedia, los damnificados recibieron el dinero que les corresponde para pagar tres meses de arriendo. María Belén extraña el pueblo natal y las misas de las 6:00 de la tarde, a las que no ha vuelto, porque casi siempre la iglesia está cerrada.

***

Al otro lado de la ciudad, en el colegio Inem José Eusebio Caro, vive un hombre cuya vida permite hacer un marcado contraste con la de Belén. Carmelo tiene 65 años y proviene de Gramalote. Llegó al plantel junto a 300 damnificados. El lugar está adaptado como albergue. Los demás gramaloteros que lo acompañaban se fueron, al igual que los estudiantes que terminaron el año escolar. Ahora está solo. Su “casa” es uno de los últimos salones del colegio, las cortinas son sábanas de variados colores y dibujos, la “cama” está sobre mesas y la cocina es un espacio multiusos. En la tragedia perdió la casa, la familia y la razón. Este anciano no coordina, no se le entiende lo que habla y sólo se acuerda de su nombre, con el que responde a todas las preguntas. Miguel Alvarado, portero del Inem, dijo que pronto enviarán a Carmelo a un asilo para ancianos.

“El colegio no puede seguir dándoles albergue (a los gramaloteros) y no les puede prestar la atención que necesitan. Los habían advertido de la tragedia. No hicieron caso pensando en las cosas que podían perder”. Un año después del desastre, los habitantes de Gramalote no permanecen en albergues. Se esparcieron por diferentes zonas del departamento y pagan arriendo con el dinero que reciben del Gobierno.

El municipio de Gramalote será reubicado en el sector Pomarroso (vereda Valderrama), el cual pertenece al casco rural de Gramalote. “Aproximadamente a unos 20 kilómetros”, dice Mauricio Cardona, coordinador de Comunicaciones de Servivienda. El Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, en compañía de Colombia Humanitaria, contrataron a Servivienda (Fundación Servicio de Vivienda Popular) para la reubicación del municipio. La etapa de reasentamiento consta de cinco fases: prefactibilidad, plan de desarrollo urbano, diseños definitivos, fase de traslado y evaluación. Hasta el momento se ha terminado la fase de prefactibilidad. El informe de los logros obtenidos se entregó el pasado 27 de noviembre a la comunidad, instituciones y gremios gramaloteros.

¿Por qué ese sector?

Atendiendo a las recomendaciones de Ingeominas respecto a las dos alternativas de sitio (el sector norte del Instituto Técnico Agrícola —zona Miraflores— y el sector Pomarroso —vereda Valderrama—), Servivienda llegó a unas conclusiones de diagnóstico que hicieron que la Comisión Intersectorial optara por el segundo.

La elección fue tomada teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

– Mayor área útil, que permitirá tener un casco urbano más amplio y con proyección de crecimiento.

– Zona por fuera de la reserva ambiental, con disposición de zona forestal productora.

– Mejor conectividad regional con Santiago y Cúcuta; menores distancias, tiempos y costos de viajes.

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– Abastecimiento de agua con líneas de conducción más cortas y, por ende, menores costos de construcción y mantenimiento.

Según El Gramalotero, boletín periodístico diseñado para informar a la comunidad afectada de los procesos que se desarrollan, Servivienda inició en el mes de septiembre una serie de perforaciones en la vereda Valderrama del sector Pomarroso, con el propósito de conocer las obras de adecuación que se necesitan, comprobar la estabilidad del terreno y garantizar la seguridad de todos los gramaloteros en el nuevo sitio donde estará reubicado el municipio.

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Los resultados definitivos se entregaron hace una semana, y de acuerdo con ellos se definirá si es necesaria la ejecución de obras para cumplir a cabalidad los objetivos propuestos. Teniendo en cuenta la importancia de que la comunidad estuviera permanentemente enterada de los avances de la fase de prefactibilidad, y con el fin de generar un espacio de construcción participativa, se desarrollaron más de 30 talleres de socialización, entre los meses de julio y noviembre, tanto en el área rural como urbana, a los cuales asistieron más de 1.000 representantes de las familias gramaloteras.

Adicionalmente a estas actividades, y con el propósito de que los habitantes comenzaran a desarrollar lazos de pertenencia e identificación con el nuevo emplazamiento, más de 150 gramaloteros visitaron el sector Pomarroso y conocieron el lugar donde va a quedar reasentado el nuevo municipio. Afirmaron estar complacidos con el bello bosque, las abundantes fuentes de agua y el entorno natural que los rodea. Servivienda envía constantemente informes al Fondo de Adaptación, que suministra los recursos económicos para la ejecución del proyecto, y al Ministerio de Vivienda.

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“No sabría decir la fecha exacta de la culminación del trabajo, eso lo definen ellos”, dice Mauricio Cardona, coordinador de Comunicaciones de Servivienda. No obstante, algunos gramaloteros ven lejana la posibilidad de volver a habitar la tierra de la que huyeron para salvar la vida. El dolor que conservan los hace sentirse defraudados y desanimados.

“Con tantos damnificados que hay, no creo que reconstruyan pronto nuestro Gramalote”, dice Matilde Escalante.

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LO QUE OCURRIÓ

El 17 de diciembre de 2010 una falla geológica causó la desaparición de Gramalote, como consecuencia de la fuerte oleada invernal que entonces azotó al país. Era un municipio con 150 años de historia, perteneciente al departamento de Norte de Santander; será reubicado en el sector Pomarroso (vereda Valderrama) que pertenece al casco rural de Gramalote. Con el fin de generar un espacio de construcción participativa, se han hecho más de 30 talleres de socialización con la comunidad, a los cuales han asistido más de 1.000 representantes de las familias gramaloteras.

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