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El Defensor del Pueblo Carlos Negret se comprometió a trabajar, en conjunto con otras instituciones del Estado, para restablecer el nivel de vida que tenían los habitantes de Mocoa luego de la masiva avalancha que sepultó cerca de 17 barrios de ese municipio. “Tenemos que trabajar todo el Estado y la sociedad para estas personas que lo han perdido todo y, hacer todo lo que tengamos que hacer, para volverles a restablecer el nivel de vida que tenía cada uno de ellos”.
La intervención del Defensor se da en la visita que realizó en altas horas de la noche al Instituto Tecnológico de Putumayo (ITP), uno de los albergues establecidos para recibir a los damnificados que perdieron sus viviendas y no tuvieron donde pasar la noche. Este albergue aloja, por lo menos, 150 mocoanos distribuidos en dos salones dotados de colchonetas, sillas y los medicamentos necesarios mientras las autoridades empiezan a esta hora a realizar un consolidado de los muertos, damnificados y personas desaparecidas. No obstante, el número de afectados que han llegado al ITP aumenta paulatinamente y piden más ayuda humanitaria.
“Vamos a estar en compañía con la Unidad de Riesgos para hacer todo el acompañamiento sicosocial y ayudando, también, en el levantamiento del censo de los damnificados así como el de los desaparecidos”, sostuvo Negret que, a su vez, resaltó que trabajarán para cuidar a los niños que quedaron huérfanos con el fin de evitar ser raptados como sucedió en Armero, días posteriores a esa tragedia, “tenemos la tranquilidad que de acá ya hay funcionarios del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar que estarán encima de ese tema y no volverá a pasar que los niños no vuelvan a su hogar como sucedió en Armero”.
“Estaba jugado videojuegos con mi hermano y nos tocó salir corriendo”
Jair Fernando Panameño, uno de los tantos jóvenes afectados por la tragedia de Mocoa, le contó a El Espectador como como vivió en la madrugada del sábado el desbordamiento de los ríos y cómo logró salvarse al escuchar los fuertes sonidos que, por su paso, le quitó su casa construida en tablas de madera. “Estábamos jugando video juegos y, cuando sentimos el estruendo, salimos corriendo a la ventana y observamos que las casas se estaban colapsando. Así que con mi hermano logramos escapar del lugar mientras mirábamos como el rio se desbordaba inundando nuestra casa”.Cuenta que en el momento que la avalancha estaba pasando escuchó gritos de mujeres y niños tratando de escapar, “fue aterrador, terrible, es un suceso que deja una gran secuela para nosotros sobre todo en mi barrio Sam Miguel”. Al amanecer, y luego de pasar la noche en vela, Jair Fernando y su hermano de ocho años, en compañía de otros vecinos del sector, ayudaron a otras personas que estaban aprisionadas en un alud de tierra y a otras que estaban bañadas en barro. “Son sensaciones que nos producen nostalgia de ver a las personas llorando por sus seres queridos, con esa angustia y esa desesperación de buscar a los seres queridos, quizás, sepultados por el alud”.