Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
A diez minutos del centro de Medellín, en el oriente de la ciudad, recorriendo estrechas y empinadas calles, se llega al barrio Caicedo. Allí, justo detrás de la iglesia, se encuentra el “Cerro de los Valores”. Una pequeña montaña que hasta hace pocos años sólo era referente de basuras, ladrones y viciosos, y desde donde se puede ver gran parte de la Comuna Ocho. A este cerro se asomaban los vecinos para ver el resplandor de las armas y oír el eco de los disparos en cada barrio en disputa entre la guerrilla y los paramilitares, y entre los narcotraficantes por las plazas de vicio.
Pero hoy El Cerro es un lugar distinto. Desde las seis de la tarde, cuando llega la noche y se encienden las luces, cientos de personas llegan allí en una especie de peregrinación. Ya no hay basuras, ladrones ni viciosos.
A medida que se recorre el camino, los ojos de los visitantes descubren un inmenso regalo de Navidad. Flores multicolores por doquier, un campesino que ordeña su vaca mientras otro pesca tranquilo en un río cristalino. Más abajo, otro hombre cuida sus gallinas y cerdos, y los burros transportan la leña para el fogón. En la finca el abuelo bate la natilla, mientras una anciana sentada en una mecedora teje una bufanda. Al final del camino, los silleteros caminarán por las empinadas lomas con sus flores a cuesta.
Son 30 figuras elaboras con cuidadoso detalle, en tamaño real, distribuidas a lo largo de los 180 metros cuadrados del lugar. Los autores de este hermoso “Jardín paisa para la convivencia y la reconciliación”, como lo han denominado, son 15 desmovilizados de las autodefensas. “No todo puede ser malo. Estamos construyendo reconciliación. Esto se llama un milagro, porque la gente que antes estábamos haciendo daño ahora estamos construyendo convivencia. Desde septiembre iniciamos la elaboración de las figuras, las cuales las hacemos con varillas de hierro forradas en costales pintados y con bombillería por dentro para que alumbren”, relata orgulloso Joaquín Calle, el coordinador del proyecto. Un hombre que se cansó de la violencia y desde que se desmovilizó con el Cacique Nutibara ha concentrado sus esfuerzos en hacer de este cerro un referente para la convivencia.
El “Cerro de los Valores”, como ha sido nombrado desde hace cinco años, atrae cada año a miles de visitantes que llegan allí para admirar las figuras, las flores, los mensajes. Un lugar que hoy es orgullo para los habitantes de Caicedo. “La recompensa es ver a la gente feliz. Esto trae paz. Es demostrarle a la ciudad que estamos construyendo reconciliación”, puntualiza Joaquín.