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Lo tiene claro: en pocos días termina su inhabilidad para litigar en derecho penal por su condición de exfiscal general de la Nación. Ya organizó su oficina, en la que por ahora estudia asuntos constitucionales, pero se sabe que Eduardo Montealegre es un personaje público que no huye a la controversia y por eso ha sido protagonista de dos lances en las últimas semanas. El pulso que perdió en la Corte Constitucional con su sucesor, Néstor Humberto Martínez, por la reforma a la Fiscalía, y la pelea pública que casó con el rector de la Universidad Externado, Juan Carlos Henao.
Respecto al pulso por la reforma a la Fiscalía, el debate está enmarcado en una ley de 2013 que le otorgó facultades extraordinarias al presidente Juan Manuel Santos para modificar la estructura y la planta de personal del ente investigador, lo que dio pie a tres decretos que, entre enero y febrero de 2014, le permitieron al entonces fiscal Eduardo Montealegre promover un revolcón administrativo en la entidad. En el contexto del proceso de paz, luego se expidió la Ley 898 de 2017, que indujo a la Fiscalía a una nueva reestructuración para cumplir con lo acordado en La Habana (Cuba).
En su momento, el fiscal Montealegre modificó la planta de personal e intentó incluir 5.000 nuevos cargos —entre los que están las cuatro polémicas embajadas de la Fiscalía—, replanteó los niveles jerárquicos de la institución y ordenó crear una institución universitaria para capacitar a investigadores, entre otros aspectos. Pero la ley de 2017 se enfocó en crear una unidad especial de investigación para desmantelar las organizaciones responsables de homicidios y masacres, por lo que Martínez Neira replanteó lo hecho por Montealegre. El tema se dirimió en la Corte Constitucional.
Al final, la Corte respaldó los ajustes de Néstor Humberto Martínez, pero Montealegre tiene otra lectura de que su proyecto fracasara. Según él, nunca hubo choque de trenes entre las dos reformas, porque en principio, de los 5.000 cargos que tenía que proveer, 3.700 nunca se asignaron por falta de presupuesto. Lo que en su criterio es válido es que, más allá de los ajustes burocráticos, se conservó el modelo de investigación que él instauró en su mandato. Se refiere a la investigación en contexto y a la priorización de casos, que, Montealegre cree, será determinante para los trabajos de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
“El error de la Ley de Justicia y Paz fue querer resolver todos los casos. Lo que se hizo en mi administración fue concentrarse en las estructuras criminales, sin querer abarcar todos los delitos. Esa visión macro es ahora lo importante”, refiere Montealegre. Agrega que su modelo en contexto le servirá al fiscal Martínez para cumplir con su nuevo objetivo: desarticular las redes de apoyo del crimen organizado, pues los casos de graves violaciones de derechos humanos quedarán en manos de la JEP. “Esto es como un juego de Lego, en el que cada fiscal acomoda sus fichas dependiendo de sus necesidades”.
A pesar de las fuertes críticas y del fracaso inminente que fue la creación de la universidad de la Fiscalía, Montealegre dice que lo triste fue que no le hubieran permitido nacer, pero que la infraestructura está lista y su aporte es necesario. No descarta que se den demandas contra el Estado por el despido de algunos funcionarios que se posesionaron en altos cargos gracias a su reforma, pero no cree que haya perdido el pulso: “Mi prioridad fueron los derechos humanos y la de ahora es la lucha contra la corrupción. Cada quien tiene su enfoque, pero el modelo investigativo quedó a salvo”.
La segunda pelea está circunscrita a la universidad que a Montealegre le permitió ser abogado y por muchos años profesor: la Universidad Externado de Colombia. Y el pulso es con su actual rector, Juan Carlos Henao, quien reivindica el legado de Fernando Hinestrosa Forero, por muchos años regente de la máxima instancia de este centro educativo. Una confrontación con una coyuntura específica: en pocos días se vence el mandato de rector de Henao, quien aspira a seguir en el puesto. Montealegre estima que el entorno actual es de un alto “déficit democrático”.
Además de la continuidad de Henao en la rectoría, Montealegre enfoca sus críticas en que el consejo directivo del Externado no ha cambiado desde hace casi 20 años y hacerlo debe ser el primer paso, con la suspensión de la elección del rector. De lo contrario, insiste Montealegre, se van a desconocer los derechos de las minorías, entre estudiantes, profesores, exalumnos y empleados. Su inconformidad se hizo manifiesta en un derecho de petición, cuyos contenidos han sido recogidos por otros profesores —valga decir, cercanos al exfiscal, como Jorge Perdomo—, que no ven con malos ojos el cambio.
“Hay muchas cosas que deben cambiar en el Externado. Los exalumnos tienen que tener mayor vocería. Ya es hora de pensar en la doble titulación, en una gran facultad de filosofía y en ampliar su oferta académica hacia las ciencias duras. El Externado se ha quedado como una escuela de derecho y por eso se está encerrando en sí misma, impidiendo el debate”, insiste Montealegre. Eso sí, deja claro que no aspira a ser rector ni tiene candidato para hacerlo. Lo que busca es un cambio generacional, pues incluso entre sus contradictores incluye a su mentor, el exprocurador Jaime Bernal Cuéllar.
Por ahora, la respuesta de los directivos de la universidad, en cabeza de Juan Carlos Henao, es que su derecho de petición carece de legitimidad, pues todas las transformaciones que pretende pasan por la autonomía universitaria, que no se puede desconocer. Henao, quien ocupa la rectoría desde hace seis años y puede ser reelegido por otros tres, considera que la configuración actual del consejo directivo, sus estatutos y sus normas se ajustan a la constitución de la ley, dejando un espacio libre para que, en el contexto de la libertad de expresión, cualquier persona pueda hacer observaciones.
Eduardo Montealegre se graduó como abogado de la Universidad Externado en 1982 y fue profesor auxiliar y monitor de Alfonso Reyes Echandía y Jaime Bernal Cuéllar, antes de emprender una ascendente carrera pública en la que fue viceprocurador, magistrado de la Corte Constitucional y fiscal general. A su vez, Juan Carlos Henao también es egresado del Externado, fue magistrado auxiliar del Consejo de Estado y titular de la Corte Constitucional, pero sobre todo reconocido académico. Esta última razón fue determinante para que llegara en 2012 a la rectoría.
En los círculos de la universidad se dice que el verdadero origen de la disputa entre Henao y Montealegre tiene que ver con un objetivo que tenía el exfiscal al concluir su labor en 2016: adelantar una comisión de estudios en Alemania. Cuando Montealegre hizo el requerimiento, Henao le ofreció mil euros de apoyo, lo que el exfiscal consideró un trato discriminatorio respecto al apoyo que reciben otros becarios. Desde ese momento, sus relaciones se rompieron. Henao recalca en su respuesta que Montealegre incluye en su escrito una serie de consideraciones personales y descontextualizadas.
En síntesis, tal como fue su mandato en la Fiscalía, Eduardo Montealegre y sus peleas están de regreso. Cuando se le pregunta cuántas investigaciones tiene en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, responde que muchas, pero que no le preocupan porque tiene una abogada que lo defiende: su propia esposa. Por lo demás, no le inquieta que se haya caído su reforma, que le sigan recordando a Natalia Springer, a quien defiende, y afirma que antes de volver al litigio en penal, tiene una obsesión: que la Universidad Externado de Colombia vuelva al pluralismo.