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“Recibimos la noticia de la muerte de Raúl Reyes en Rochester, Minnesota, donde nos encontrábamos con el general Correa y Claudia Estrada, responsable de la atención de los miembros de las Fuerzas Armadas heridos en combate que son atendidos en Estados Unidos. También me acompañaba Margarita Arango, integrante de la Misión de Colombia en la OEA. Visitábamos a los soldados que son atendidos por la Clínica Mayo en un acto de enorme solidaridad con Colombia.
En el televisor del apartamento donde convalecían John Diego Riascos, Willson Marcial Calderón, Will Freddy Pacanchique y el teniente Fabián Niño (heroicos soldados colombianos con gravísimas heridas de guerra) vimos todo el despliegue noticioso ese 1° de marzo, con la emoción propia de aquellos que sabíamos muy bien que era algo muy importante para Colombia. Algo por lo cual todos habíamos luchado y representaba un éxito muy importante de las Fuerzas Armadas colombianas, lo que marcaba el principio del fin del terror en nuestro país. La sensación general era de emoción y júbilo.
Ya en Washington, al día siguiente, se empezó a hacer evidente que el gobierno ecuatoriano no comprendía nuestros motivos ni nuestra causa. Durante ese día y el siguiente se fue evidenciando el malestar del vecino país y su decisión de hacer de ese caso un incidente internacional. Se realizaron contactos y acercamientos con embajadores y gobiernos, pero la tesis de la agresión a Ecuador ganaba terreno. Era necesario planear la defensa.
Rápidamente recibimos instrucciones del Presidente de la República y, siguiendo la estrategia que él recomendó, se coordinó la acción con el Canciller Fernando Araújo.
Ecuador estaba citando al Consejo Permanente de la OEA para promover una condena a Colombia. Era necesario preparar una presentación al hemisferio y al mundo que demostrara que Colombia había obrado cumpliendo con su obligación de preservar la integridad del país y sus ciudadanos, neutralizando a uno de los mayores terroristas del mundo.
El día 5 de marzo Ecuador presentó su caso al Consejo Permanente de la OEA reclamando por la violación territorial y solicitando la condena a Colombia. Se le respondió con los argumentos propios de un país que tenía la absoluta confianza de haber hecho lo correcto en el marco de lo posible. Un país que podía darle la cara al mundo para proclamar que se había obrado con el único objetivo de preservar la vida y libertad de muchos ciudadanos de Colombia y del continente. La pretensión jamás fue usurpar el territorio ni desconocer la soberanía del país vecino. El foro así lo comprendió y la pretensión ecuatoriana de condenar a Colombia no prosperó.
Ese mismo día recibí instrucciones del señor Presidente de desplazarme a República Dominicana donde se celebraría el día viernes la cumbre de presidentes del Grupo de Río. Pasábamos al terreno de los jefes de Estado, el más alto nivel posible en el campo de las relaciones diplomáticas. Allí vivimos uno de aquellos momentos históricos que es muy difícil que se repitan.
Con la conciencia en paz de quien sabe que ha obrado correctamente, el presidente Uribe, con paciencia y templanza, demostró la justicia del actuar colombiano y enfrentando argumentos y reclamaciones de todo orden, evitó una condena al país y mucho más. De esa manera, se desactivó la altísima tensión internacional causada por el incidente”.
* Embajador de Colombia ante la OEA