

Es una influenciadora que cuestiona su propia imagen. Está haciendo del “antes y “después”, tan popular en las televentas, un recurso para llamar la atención sobre un fenomeno que parece incuestionable. En una operación a la inversa, Mary Jelkovsky decidió renunciar a su imagen cosmética, socialmente llamativa, para mostrarse real, acorde a su espíritu.
No tuvo que voltear a mirar a la orilla opuesta para armar un debate sobre la aceptación en redes sociales. Su esbelta figura es un fantasma que ella arrastra sin pudor al presente. Su objetivo es mostrar sus kilos de más sin editar. Las rutinas intensas en el gimnasio, las dietas estrictas y los “clic”, “clic”, “clic” de la cámara del celular, buscando su mejor ángulo, ahora se reducen a uno solo.

De sus 100.000 seguidores recibe más apoyo que críticas. Los 20 kilos que la diferencian de su versión delgada pueden seguir aumentando. “Recuerdo todas las comidas que me salté cuando mi barriga gruñía y los incontables minutos en la caminadora cuando me dolían las piernas. Y las cantidades de helado y mantequilla de maní que comí antes de correr al baño por sentirme enferma y deseando poder revertir el daño», confesó la estadounidense de 20 años.
