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«Aquí en Milán extraño el pescado bocachico en sancocho» Freddy Guarín

Así nos recibió el jugador del Inter quien es todo un ídolo en Italia.

Por Jairo Dueñas
11 de junio de 2015
«Aquí en Milán extraño el pescado bocachico en sancocho» Freddy Guarín

Lo visitamos en su apartamento en el centro de Milán cuando al final de la tarde un parte médico lo dejó por fuera de la Copa América. Mañana regresa a jugar con la tricolor.

Vive en la misma calle, Fratelli GABBA, donde queda el hotel Bvlgari, muy cerca de las grandes tiendas que marcan la moda y atraen turistas de todos los rincones del mundo. Nuestra primera cita fue fallida, después de que Freddy Guarín no pudiera llegar por estar en Génova. ¿Haciendo qué?

Volvemos un día después al mismo lobby  inmenso con piso de madera negra, paredes blancas, cómodos sillones color crema y una lámpara incrustada en el techo muy alto, en forma de una mordida gigante de tiburón, con un bombillo fluorescente por cada diente. Se abre uno de los dos ascensores y por fin aparece. Aunque en el lóbulo de su oreja izquierda brilla un 13 con incrustaciones de diamante, lo que se roba la atención a primera vista es la sonrisa bonachona del muchacho de Puerto Boyacá.

Como buen volante se adelanta a la jugada, esta vez  para explicar que ayer no pudo llegar porque estaba en Génova, en terapia con un masajista de confianza del Club y del técnico desde hace muchos años. Era la última sesión para tratarle el desgarro de primer grado, casi llegando al segundo, arriba del muslo, en el recto superior de su pierna derecha. La buena noticia era que después de esta entrevista salía raudo al control del hospital y que de eso dependía su participación en la Copa América. La mala noticia llegaría más tarde y era que, finalmente,  la prueba no dio los resultados que él esperaba y se quedaba sin jugar.
 

Sus respuestas con todo el entusiasmo y las ganas de competir en Chile, saltaron por la ventana y volaron fuera de esta conversación.




“Aquí en Milán extraño el pescado bocachico nicuro en sancocho o sudado de Puerto Boyacá. Aquí ese pescado no lo hay”.

El regaño a James

Ganó la Uefa League con el Porto de Falcao y de James Rodríguez, ¿Cómo ve a sus compañeros para la Copa América?
Los veo bien.

Lo de Falcao en la Copa, ¿es la revancha?
Yo creo que él ahora, aunque lo sabe manejar muy bien, tiene rabia adentro de querer volver a ser El Tigre al que nos tiene acostumbrados. Y ahí está la Copa América, está el equipo y está el grupo, para que se libere.

Hablemos del otro lado de la moneda, de James en el Real Madrid.
Se sigue sintiendo igual que cuando empezó jugando en Envigado. Se ve en el campo cómo disfruta, está siendo feliz.

¿Ustedes jugaban en el Envigado?
Jugábamos.

¿Qué edad tenían los dos?
Yo tenía 17 años y él tenía como 14.  Él jugaba de volante 10 y yo jugaba como volante marca.

Alguna conversación que recuerde muy grata con James.
James siempre me dice: “¿te acordás cuando yo recogía bolas en el estadio? Una vez me regañaste porque no te pasé rápido el balón”.  

¿Cómo fue eso?
Él se lo cuenta a todo el mundo. Estábamos perdiendo 2-1 contra América. Y por acelerado y querer remontar el marcador,  le grité: “dale, pelao, dale, huevón”. Él estaba en inferiores y era recoge bolas, porque los jugadores de las inferiores de una categoría recogen los balones el fin de semana en el estadio, cuando el Envigado jugaba de local.

¿Qué ha aprendido de moda en una ciudad elegante como Milán?
De la moda nada, mira como me visto. (Lleva unos Nike sin medias color rosa fosforescente, un blue jean con salpicaduras de color blanco y rojo, arremangado más arriba de los tobillos, y una camiseta negra bajo una camisa blanca repleta de globitos, marca Dsquared2).

Pero ayer lo vi muy elegante en la fiesta de los diez años de la Fundación de Iván Ramiro Córdoba.
Lo ameritaba la ocasión.

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El traje negro de ayer ¿qué marca era?
¿Tengo que decirlo?
 

– Sí.

Dolce, Dolce&Gabbana. Me gusta mucho ese estilo. Traje oscuro y camisa blanca. A veces me pongo otro color de camisa, para variar. Claritas, una azul, color cielo o una rosadita.

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Donatella Versace, fan de Guarín
 

La invitación más exótica o especial que haya recibido un hijo de Puerto Boyacá, acá en Milán.
Un evento de Donatella Versace, de una nueva colección que iba a sacar.  Justo aquí  en su almacén en Via Montenapoleone. Ese día había gente importante, gente de todo el mundo.
 

¿Y qué le dijo Donatella?
Ella, muy amable, me dijo: “te invité porque me gusta mucho tu juego y quería conocerte. Soy interista”. ¡Me mató!
 

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¿Qué pensó en ese momento?
El boyaco cruzó el charco y está triunfando.
 

¿Fue fácil encontrar este apartamento en medio del Milán de las grandes tiendas?
No, muy difícil porque tengo dos niños. Daniel, el mayor, tiene 10 años recién cumplidos y Danna tiene 4 añitos. Nosotros antes vivíamos en una casa grande que tenía jardín y todo, cerca al estadio.
 

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Guarin junto a su esposa Andreína Fiallo y Danna, hija de ambos. “Después del fútbol, nos vemos viviendo en Estados Unidos. En la Florida, por el clima, la tranquilidad con la que se está allá y la playa”.

¿Y qué pasó?
Es que allá no había nada qué hacer en realidad. Si querías salir eran unos parques solos, calles solas, y decidimos que queríamos un poco más de ambiente, y aquí tenemos eso, estamos en el centro ahora y estamos bien acá.
 

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¿Hace cuánto está en este apartamento?
Un año ya, creo. Y aquí hay más acción.
 

Está en la parte turística.
A cualquier parte vas y te hechas una miradita.
 

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¿Solo una miradita?
Sí, solo una miradita. (A unas pocas cuadras queda el almacén de la marca de la camisa Dsquared2 que lleva puesta).
 

¿Cuando sale a la calle, la gente lo reconoce?
Sí, sí, sí. Son muy futboleros acá. Aquí te reconocen, sea un hincha del equipo o no. Admiran el fútbol y eso es lindo. Son expresivos y lo que piensan te lo hacen saber. Si ganas, te ponen allá arriba y si pierdes, te lo dicen también.
 

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Una costumbre muy propia de Milán que le encante.
Las comidas me gustan mucho. El risotto, me encanta. Obviamente aquí hay varios tipos de pasta que me encantan, pero el risotto de frutos de mar me fascina.
 

Un restaurante favorito.
El Porteño, no es italiano, pero ahí nos reunimos todos los colombianos. A Zapata me lo encuentro a cada rato allá. A Muriel, a Cuadrado cuando viene.
 

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Algo que solo encuentre en Puerto Boyacá, que extrañe aquí.
El pescado bocachico nicuro en sancocho o en sudado. Aquí ese pescado no lo hay.
 

¿Hace cuánto no come nicuro?
Desde mediados del año pasado, que estuvimos en  vacaciones en Puerto Boyacá.


“El fútbol más grosero es el italiano”
 

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¿Cómo va su italiano?
Bien, me gusta mucho, no es difícil.
 

¿Tiene profesor?
No.
 

¿Cómo lo ha aprendido entonces?
De la calle, con el equipo, aunque ahí hablan muchos español,  pero igual se comunica todo en italiano.
 

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La palabra que más se repite en el entrenamiento, en italiano.
Dai, dai, como dale, dale.
 

Jugó con Saint-Étienne, antes de pasar por Porto y de fichar para el Inter. ¿Qué tal usted para el francés?
El francés, ¡ufff!, me costó mucho más trabajo. Ahí estuvimos estudiando un año completo, con un profesor dos veces por semana, pero igual es muy difícil.
 

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Y en el entrenamiento ¿cuál fue la primera palabra que aprendió en francés?
¡Humm! En los entrenamientos, una grosería: Putan, putan, como hijuepu*#%. La dice uno, por lo general, cuando se pierde el balón en una jugada.
 

De los países en los que ha jugado ¿En qué estadios se ven más mujeres?
En los italianos, seguro.
 

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¿Todas las tribunas repletas suenan igual?
No, para nada.
 

¿Cuál es la más ruidosa?
Bueno, en Francia el equipo Saint-Étienne tiene una hinchada especial que se caracteriza por ser una de las más importantes del fútbol europeo. Es ruidosa, tienen fuerza los muchachos, son especiales por las coreografías que hacen, muy lindo. Stade Geoffroy-Guichard, se llama el estadio y se le apoda  el “sartén caliente”.  Aquí en Italia son más murmulleros, tienen más canto.
 

Una característica propia del fútbol colombiano.
El balón a tierra. El control y el manejo del balón.
 

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¿Y en el francés?
El carácter de intentar siempre, de insistir, de ir al hombre contra hombre, uno contra uno.
 

¿Y en el portugués? ¿Alguna diferencia?
Hay mucha más similitud, por la influencia brasileña en esa liga. Se juega siempre a ganar los títulos que se jueguen. Allá yo hice la diferencia con la pegada al balón.
 

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Y el fútbol italiano donde ahora juega, ¿cómo es?
Es táctico, no se corre tanto sino que es más de concentración, de indicaciones del cuerpo técnico, se trabaja mucho en los equipos contrarios, en sus movimientos.
 

¿Dónde ha jugado el fútbol más rudo?
¿El equipo más rudo? ¡Ah! El francés, allá se dan duro.
 

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¿Y el más rápido?
El italiano.
 

¿El más grosero?
El italiano. Gritan mucho. Se escucha mucha grosería en italiano.
 

¿Cómo son los entrenamientos aquí en Milán?
Normalmente se juega el domingo. Los lunes se hace recuperación, un poco de trote de velocidad, movimientos y algo táctico; el tercer día, si ya táctico, el cuarto día un poco más de carga, por lo que el fin de semana es el partido.
 

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¿Cuál es la obsesión del cuerpo técnico?
La táctica. Todo el tiempo son movimientos tácticos, el líder, el espacio. Más que todo se trabaja en función del equipo, eso es lo que se arma en el entrenamiento. En Colombia es más libre, aquí es más controlado.
 

¿Su posición específica cuál es?
Volante por derecha con funciones de ida y vuelta.
 

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¿Cuántos kilómetros corre en un partido?
Mínimo 10, después de los 12 o los 13 kilómetros tenés un partido muy fatigoso.

 

Nostalgia del Play Station
 

Estuvo a punto de fichar para la Juventus y eso a una parte de la hinchada no le gustó para nada.
Sí. Siempre va a estar esa parte del Inter que no le gustó la decisión que estaba tomando el club. Nunca van a estar contentos.
 

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¿Cuál fue el malentendido?
En principio fue decisión del club venderme, del técnico, que en ese tiempo estaba, Walter Mazzarri, fue un poco decisión de él. Conmigo no hubo problemas nunca, fue más la decisión directiva. Entonces los hinchas se resistieron, hicieron huelga para que no me fuera, y después el club aceptó y decidió echar para atrás la transacción. 

¿Pero ellos entendieron que no era usted el que quería irse?
Sí, lo entendieron, porque después el club lo aceptó y dio la explicación. Al principio ellos pensaban que era yo el quería irme a toda costa.
 

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¿Algo que extrañe del ritual del fútbol en Colombia?
La concentración dentro de los equipos es un poco diferente.

“Yo creo que falcao ahora, aunque lo sabe manejar muy bien, tiene rabia adentro de querer volver a ser el tigre al que nos tiene acostumbrados. Y ahí está la Copa América, está el equipo y está el grupo, para que se libere”.

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¿Por qué?
Bueno, allá yo tenía 18 años y se jugaba Play Station, se jodía, era otra concentración, mucho más libre.
 

¿Y aquí cómo es?
Muy serio, muy concentrado, muy para el partido.
 

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¿Nada de Play Station?
Nada, igual ya no lo hago. Bueno, porque ya tengo 28 años y los jugadores de mi edad hacemos otras cosas. Por ejemplo, a veces nos sentamos a jugar cartas o a ver una película de acción o una comedia. La última fue Focus, ¡buenísima!

 

“Este negro tiene un rifle”
 

¿Su primer gol en la vida?
Jugando para la escuela Simón Bolívar de mí pueblo, Puerto Boyacá. Estaba en tercero de primaria durante un campeonato intercolegiado. Jugábamos microfútbol y yo era el destacado del colegio, me saqué a todo el equipo contrario y definí por un ladito del arquero.  Ese fue mi primer gol, que me acuerde.
 

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¿Cuántos goles lleva contados?
A nivel profesional más de cincuenta, pero el que hice en mi escuela va a ser siempre el que voy a tener en mente.
 

El gol que más le guste de los anotados en el Calcio Italiano.
Uno de chilena que hice contra Torino y uno de media distancia que anoté contra el Celtic.
 

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Un titular suyo en la prensa italiana para enmarcar.
El título de La Gazzetta Dello Sport era ¡Guarinter! y salía la foto mía. Eso fue en 2012, cuando hice mi primer gol con el Inter en la Copa Uefa, contra el Vasliui de Rumania. Esa página la tengo guardada.
 

Ahora le pido un titular funesto.
¡Ojo! que lo negativo trato de no recordarlo nunca. Prefiero sacarlo con una escobita y que venga lo bueno.
 

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¿Cuál es su próximo sueño?
Poder ganar una Champion o jugar una final de un Mundial, sería ideal.
 

¿Cuántos mundiales calcula que le quedan?
Pues esperemos que dos más, ¡exagerando!
 

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¿Hasta cuándo viviendo en Milán?
Después del fútbol, nos vemos viviendo en Estados Unidos. En la Florida, por el clima, la tranquilidad con la que se está allá y la playa.
 

Boca Juniors fue el primer equipo que lo sacó de Colombia, ¿no?
Sí. Un año y seis meses estuve en la reserva y 6 meses en la profesional.
 

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¿Qué técnico estaba en ese momento?
El ‘Coco’ Basile.  Es un fenómeno, tanto como entrenador como persona. Es muy alegre. Recuerdo que decía: “¡Que le pegue el negro, que le pegue el negro! Este negro tiene un rifle”.
 

¿Y siempre ha sido su característica, el cañón que tiene para pegarle?
Sí, la pegada. Siempre, de pequeño me acuerdo tanto que colgaba a los arqueros, igual éramos todos chiquiticos y le pegaba desde la mitad de la cancha.
 

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La frase de Guarín de todos los días al levantarse.
“Un día lo pensé, un día lo soñé y lo logré”, esa es mi frase, la tengo tatuada acá en el brazo (Se sube la manga izquierda de su camisa y aparece la frase en su antebrazo en una tipografía negra con muchas curvas).
 

Si no juega, ¿de todos modos va a la Copa América?
No sé, seguramente los acompañaré, y estaré allá.
 

PRODUCCIÓN FREDDY GUARIN, MILÁN

Fotos: Jaime Andrés Londoño

Video: Marco Rimondi

Agradecimiento: Carlos Turriago

 

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