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… Aunque nos cueste mirar

“En la enorme aceleración de la vida, el espíritu y el ojo se acostumbran a un medio ver y a un medio juzgar”, dice Nietzsche. Todo es prisa, menos la pausa de un amigo. Y aunque nos cueste mirar no hay que dejar de hacerlo, y para eso sirven los amigos o las buenas revistas. Ambos, con mucha pasión y entusiasmo, nos obligan a detenernos y a mirar y volver a mirar cosas nuestras, a veces difíciles, a veces truculentas, a veces serias, a veces frívolas pero a la postre nuestras. Una buena revista tiene que ser alguien amigo, alguien con estilo, alguien confiable, confiado y divertido que nos haga perder el tiempo de vez en cuando. Una buena revista NO puede ser: un desconocido sobreactuado con ganas de hacer amigos. Un psiquiatra con afán. Un galán tieso de telenovela. Un tedioso economista. Una perfecta desconocida desnuda. Un recreacionista gritón de piscina. Una presentadora predecible de autoayuda. Un instructor de kick boxing déspota. Una fría visitadora médica. Un donjuán sin malicia. Una vecina chismosa. Un compañero de oficina pesimista. Una diva con alergia a las riñas. Un portero conversador, ni una manicurista escandalosa o un taxista con demasiadas ínfulas. Bueno, un amigo es a veces un poco de toda esta lista, pero con una manera de ser que soportamos porque en el fondo nos gusta. Y como él, una buena revista se puede sentar en nuestra sala y quedarse con nosotros todo el tiempo que sea sin que se agote el tema. Por eso, aunque nos cueste, nos empeñamos en mirar todo a conciencia, como en esta edición a Paola Turbay, nuestra portada, a través de tres miradas expertas. Con esa misma intensidad nuestros fotógrafos también vieron las corralejas, los finos caballos de Pablo Hermoso de Mendoza y las sociales con nuestra consabida tanda de fiestas.

Por Jairo Dueñas
26 de enero de 2012

 

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