Publicidad

… Cuestión de énfasis

 

Por Jairo Dueñas
01 de junio de 2012

F E M E N I N A. Después de verla aligerar los tonos graves cuando habla, se me cruza frente a los ojos un libro verde con un título que se retiñe fuerte como las letras de una lápida: Cuestión de énfasis, una recopilación de reflexiones de Susan Sontag. Pero eso no importa, ni la autora, ni siquiera el contenido específico del ensayo que así se titula. Es sólo “Cuestión de énfasis” lo que suena. Aparece frente a “ella” como nos llega la imagen de una cascada cuando nos sorprende un fuerte sonido de agua. Verlo volcado totalmente en femenino, con una gran convicción y sin necesidad de repintarse y llamar la atención como una escandalosa pancarta, hace que retumbe una vez más la bendita consigna: “Cuestión de énfasis”. Salto a otro libro, tras la palabra énfasis: “Fuerza de expresión o de entonación”, o de emoción, pienso. Según Guido Gómez de Silva en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, la palabra énfasis proviene del griego “émphasis”, importancia, significación, y de “emphaínein”, mostrar. Y eso es lo que muestra Michel Alexandro Valencia, en su empeño por amontonar todos los pedazos de un espejo que jura llevar por dentro y en el que todos los días se ve como una dama. Su fuerza es por reteñirse en silencio en lo más oscuro de su intimidad, su esmero es por calcarse sutilmente como sólo ella puede verse dentro y fuera de su casa. Él, que siempre quiso ser ella, nos enseña una gran lección: que por convicción podemos ser lo que sea, vaya en contra de la lógica, la costumbre o la naturaleza, siempre y cuando lo deseemos con énfasis, lo luchemos con intensidad y lo vivamos con entereza.

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Publicidad