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Daniel Ramírez, un inventor virtual muy real

Desde su dispositivo virtual, los pensionados que se encuentran en ciudades distintas a Bogotá, pueden hacer sus trámites sin tener que ir a la capital.

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo
07 de abril de 2015
Daniel Ramírez, un inventor virtual muy real
Daniel Ramírez, un inventor virtual muy real
Daniel Ramírez, un inventor virtual muy real

Cuando Daniel Ramírez comenzó a explicar la forma como funciona el dispositivo virtual que creó para que, desde ciudades distintas a Bogotá, los pensionados puedan hacer sus trámites sin tener que ir a la capital, me cautivó. Sobre todo el hecho de que se hubiera convertido él mismo en un pensionado para analizar, estudiar y resolver los problemas que podría llegar a enfrentar un adulto mayor a la hora de sentarse frente al computador.

 Daniel cuenta que desde que tuvo memoria se interesó por experimentar: hacía ensayos con alimentos, mezclaba líquidos… en fin, curioseaba con la materia en busca de respuestas científicas. Recuerda que cuando entró a primero elemental, su maestra lo promovió al segundo año una semana después de su ingreso porque él ya sabía leer y sumar. La historia se repitió de sexto a séptimo y todo ese adelanto académico hizo que a los catorce años fuera uno de los bachilleres más jóvenes de Antioquia.

La más preocupada por su avance fue su mamá. Ella sostenía que entrar a la universidad a los quince años no era normal y podía afectar su desarrollo personal. Aun así, a los veinte años se hizo profesional en Rionegro y, de inmediato, arrancó su maestría en la Universidad de los  Andes, en Bogotá. Allí, después de trabajar en grupos de investigación sobre el funcionamiento y la programación de dispositivos móviles, tuvo su primera experiencia laboral. Recuerda que empezar como profesional no fue sencillo, ya que sus compañeros de gerencia tenían edades entre los 35 y los 40 años de edad, hasta que un día su jefe lo llamo y le dijo: «Daniel, usted está aquí por lo que sabe y no por el tiempo de la expedición de su cédula». Ese día entendió que la discusión debe partir del conocimiento y no de los años de vida.

  Volviendo al dispositivo inventado, Daniel me reveló que sometió el aparato a tres meses de prueba en la oficina de pensionados en Bogotá, y que eso le permitió meterse en la piel y en los zapatos del adulto mayor. «Lo más importante era ganar la confianza del usuario con un proceso seguro pero sencillo, como digitar un número o contestar sí o no. A partir de este punto, todo se hace con el acompañamiento de una persona con la que el cliente está viendo interactuando todo el tiempo, como una videollamada». Cuando la crítica más grave fue la de una señora de 76 años que se quejó porque la silla no era cómoda, entendió que el dispositivo estaba listo para entrar en marcha en Medellín.

Hoy el Punto de Atención Virtual atiende entre sesenta y setenta personas al día, y Daniel siente que no solo cumplió las expectativas de la empresa que lo contrato, sino que suplió también las necesidades  de ese adulto mayor que ahora puede, desde su ciudad de origen y sin tropiezos, ejecutar un trámite pensional. 

El dispositivo va a ser probado en Cali, Bucaramanga y Barranquilla, y dice Daniel que el dispositivo también podría ser utilizado para resolver procesos en otros campos, como los servicios de salud, el pago impuestos y la adquisición de créditos personales o de estudio. Este ingeniero de 29 años está convencido de que aún le falta mucho por aprender. Por eso se ha propuesto capacitarse en una de las cuarenta mejores universidades del mundo en Ciencia analíticas, para luego regresar a Colombia y generar proyectos que tengan tanto impacto como este, en el que los adultos mayores pueden gestionar su pensión por sí mismos y sin salir de su ciudad. 

 

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