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Edwin Nuñez, el hombre que educa a través de música marcial

El ganador en la categoría de Cultura, creó un grupo musical que les brinda oportunidad a los niños de este sector de Bogotá para enamorarse de los instrumentos y las melodías.

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo
18 de diciembre de 2015
Edwin Nuñez, el hombre que educa a través de música marcial

La música es para Edwin como la tierra para las plantas, el elemento necesario para vivir. Los niños que forma en su banda marcial son como esos frutos llenos de color y sabor que solo se logran con la mezcla mágica de cuidado, dedicación y empeño.

Hace unos 20 años cuando el comandante de la estación de Policía de Ciudad Bolívar vio y escuchó el trabajo de Edwin con un colegio, en la celebración patria, le propuso armar una banda cívica de niños. Los primeros instrumentos salieron de su casa y de un par de donaciones que se levantó el sargento, luego vino la convocatoria y todo el mundo a tocar. Ganaron más de 72 reconocimientos nacionales.

Fueron 11 años en los que cada fin de semana los bombos, platillos, tamboras, redoblantes y liras retumban en la estación hasta que en esos cambios “rutinarios” de autoridad, llegó un oficial que llamó a Núñez y le dijo que su guarnición estaba hecha para policías y no para niños, algo que hoy cualquier uniformado no dudaría en calificar de descabellado porque la fórmula de la seguridad y la prevención es tener más cerca a la comunidad de la institución.

Vino un período de transición y aunque pensó seguir con sus proyectos personales como su orquesta, fueron más fuertes la voces de los niños y de sus padres que le pidieron seguir adelante. Solo que esta vez con el apoyo de los propios pequeños de quienes dice, ya forman parte activa de su familia porque sus dos hijos tocan corneta y platillos.

«La mayor satisfacción es poder llevar a mis chicos a presentarse. Ellos son felices, hay niños en la localidad que no tienen quizás la oportunidad de conocer otros municipios o partes del país».

  El grupo pasó a ser una banda marcial con el nombre de corporación Roka. Los únicos requisitos que exige Edwin para ingresar es tener disciplina, constancia, dedicación y disposición para que los sábados en la tarde y los domingos en la mañana ensayen las marchas, los cruces, las figuras y todo un rico repertorio de música colombiana. 

“Esa tradición, esa riqueza de melodías que encarna nuestro folclor debemos enseñarlo para que evolucionemos en el tiempo y ese patrimonio construido con las uñas no se pierda”, dice Núñez.

Pero además de la música, este espacio les ha permitido a estos jóvenes distinguir claramente el peligro de la calle y los vicios que se ocultan tras las esquinas. Entonces ellos, en un acto de protección, están pendientes de que ninguno falte a los ensayos y que estén unidos a la hora de tocar y disfrutar de esta manera de entretenimiento.

Muchos de los muchachos que han pasado por sus manos han tomado la música como una segunda opción de vida, incluso como otra oportunidad de incrementar sus ingresos porque el conocimiento que ya tienen de la música colombiana les abre puertas en orquestas o grupos tradicionales.

Cuando algún chico ve que un niño nuevo se acerca al sitio y golpea sus muslos queriendo seguir el ritmo, ellos mismos le informan a Edwin y en uno de los descansos lo invitan a tocar. “Aquí en Ciudad Bolívar hay muchos niños abandonados a su suerte, sus padres no se interesan por lo que hacen, si van o no a la escuela o quiénes son sus amigos, así que cuando nos llega un niño, hay que arroparlo y darle a entender que este es un sitio seguro y de amor”, advierte este músico de 41 años que sin duda en un titán de corazón.

Palabras de ganador

Recibir este premio es una satisfacción muy grande. Más que un logro personal, es un logro para mis muchachos, que son la base del proyecto. Es muy bonito trabajar con la comunidad de Ciudad Bolívar. Este es un logro que le quita los estigmas a la localidad, porque son niños con mucho potencial. En Titanes conocí compañeros maravillosos. Los treinta finalistas tienen proyectos muy fundamentados. Son líderes que trabajan por nuestro país. Aquí me di cuenta de que tenemos a mucha gente dándole una mano a Colombia. 

En lo cultural tenemos espacios para trabajar. En Bogotá la cultura es diversa, nosotros procuramos rescatar los valores de las regiones. En ese sentido hemos tratado inculcar estos valores en otras comunidades, así como ellas en la nuestra.

Me motivan mis hijos, mi familia, yo quiero para ellos un futuro mejor. Hay mucho potencial, a los niños de la fundación hay que darles la libertad de expresarse.

A los empresarios les digo que hace falta apoyo. Desafortunadamente, aquí la gente no apoya si no va a ser retribuida. Más que un apoyo, es una inversión. Las empresas deberían apostar por estas causas, porque en ellas se forman personas. 

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Foto: cortesía Caracol. 

 

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