
Por: Gilberto Eduardo Gutiérrez.
En la primera época de Cromos era inimaginable que sus páginas se llenaran de reinas, futbolistas, bailarinas carnavalescas o estrellas de cine. Tal vez porque, para la sociedad reflejada en la revista, gozar era algo diferente y tanta dicha estaba reservada para unos pocos. Con razón un corresponsal en Madrid, Conrado Solsona, afirmaba en un artículo: “Lo regocijado a toda hora, lo melodramático a ninguna”.
Al comienzo, el golf, el tenis y el skate (patinaje) anticipan el futuro de los Villegas y las Chechis Baena. A estos deportes se les da un lugar privilegiado en la sección ‘Elegancias’. “Una joven o una niña cuidadosa de su elegancia se esforzará en combinar un vestido que le deje la libertad en los movimientos haciendo valer la armonía de su cuerpo y la euritmia de sus movimientos” era el consejo para las damas que comenzaban a practicar los deportes al aire libre.
18 de marzo, 1916
La moda del skate
Sorprende el vestuario de invierno y la promoción de los deportes con nombres en inglés.
Pero, sin lugar a dudas, los deportes que mejor expresan la ensoñación de la época son los ecuestres. No las carreras, sino el polo; deporte de contemplación y de breve esparcimiento en el que se puede conversar y pasear por el campo mientras se aprecia la competencia, sin prestar mayor atención a los resultados y a los deportistas. Allí lo importante pasa en las tribunas y por eso la revista muestra a los asistentes vestidos con elegancia. Caminan por el embarrado zanjón por el que han trasegado los carros, mantienen la compostura y sonríen para que su paso por la cancha de polo quede registrado en una imagen.
Esta especie de desfile se repetirá años después en el hipódromo. Este acontecer lo dibuja Ricardo Rendón en sus apuntes humorísticos, donde se refiere al verano sabanero como “temporada de caza… de amoríos” y recrea las carreras de caballos en el hipódromo de La Merced con siluetas de moda que se exhiben ante la cámara.
2 de marzo, 1932
Deportes y estilo
La hípica fue un deporte emblemático en los años 30, más allá de competencias eran eventos sociales donde se reunía la élite con sus elegantes atuendos.
Por años, la hípica será un tema central. En los 60 y 70, las crónicas hablan de las apuestas, de la emoción de los apostadores y de la búsqueda de un golpe de suerte entre los aficionados al 5 y al 6. Hasta se presta atención al modo en que se narran las carreras, como la hace Julio Nieto Bernal en los 60: “Hay que tratar de situarlos (los caballos), medir las distancias y el impulso, y hasta cierto punto intuir, faltando algunos metros, el posible ganador”. Con la decadencia de las élites y las apuestas, la hípica perderá para siempre su lugar en las páginas de la revista y quedará relegada a la nostalgia.
Fotos: Archivo Cromos.