
Haber recorrido 876.600 horas que suman un siglo, nos otorga el privilegio de volver a cortejar a esa primera mujer que asomó por vez primera en una carátula.
Volvemos a ella, muy actual, con sus mejillas sonrosadas, como si nada, luego de viajar cien años por un sinuoso río que carga lo más sensible de nuestro territorio.
Estas páginas llenas de detalles, son apenas reflejos del mundo. Acontecimientos que nos cruzan, momentos que naufragan, fechas que se disuelven, épocas que se hunden como viejas anclas, personajes que se desvanecen, instantes que pasan raudos pero que, frente al remanso de nuestra mirada, se congelan en el tiempo y alcanzan la posteridad.
Lo que tiene CROMOS que la hace única, más allá de estos largos 100 años de tradición, es esa cualidad relajada de ser más que una revista, un punto de vista desde un plácido diván para mirar desde allí, sin prevenciones, nuestra grata e ingrata realidad.
Con placidez, así hemos visto pasar la vida en los últimos cien años, así volvimos a abrir para ustedes estas ventanas, así queremos que nuestros lectores caigan en el sosiego de esta edición, que hagan la pausa y recuperen el ritual de mirar hacia atrás.
Cuando se llega a los cien años, claro que el mayor deseo es recordar, confrontar, contrastar y comparar. Pesar y sopesar el ayer y el hoy, en nuestra amañada balanza, con el riesgo de quedar acorralados por nuestra propia sombra, hablando de nuestras hazañas.
Para no caer en este monólogo egoísta, en esa soledad infinita, invitamos a los estudiantes de la facultad de Comunicación Social y Lenguaje de la Universidad Javeriana, a que entraran durante un año en nuestros archivos y fueran ellos los que recorrieran con su curiosidad y energía nuestros recuerdos e hicieran memoria por nosotros, mientras descubrían el pasado como algo nuevo en sus vidas.
Quisimos que estas reminiscencias fueran un auténtico encuentro de asombros más que un diálogo de fantasmas, para meter a los jóvenes en nuestro viaje de hacer memoria en un país que olvida.