¿Es posible tener una verdadera amistad con la amiga que te gusta?

La respuesta es sí hasta el día que te levantas con ganas de ser sincero contigo mismo. En una relación horriblemente amistosa se ponen a prueba la coherencia, la resiliencia y hasta el nivel de conformismo.

Por Alberto Ochoa Mackenzie
01 de junio de 2018
Beautiful young woman whispering a secret into her boyfriend's ear
Fotografía por: Marisa9

1 . La situación es…

La ves y te gusta. Todavía no son compañeros. Te le acercas, buscas su conversación, la induces a hablar. Terminan compartiéndose los teléfonos, ahora con más confianza la buscas en Instagram. Cuando menos piensas, ya son amigos. Tienes su whatsapp (no te cansas de repasar su foto de Whatsapp), están de contacto en redes sociales, las haces reir, hablan de cosas varias y, cuando llegas a casa, te das cuenta de lo falso que puedes llegar a ser contigo mismo. 

2. ¿Por qué por qué?

La amiga que te gusta se convierte en un problema de sicóloga (o sicólogo). Estás ansioso, en ocasiones te sientes bloqueado y disminuido, casi no puedes pensar en algo distinto a ella. Nadie te gusta más, ojalá tuvieras ganas de otras mujeres. Maldita la cosa que sientes.

Si dices la verdad se romperá lo poco que tienen de relación. Decides esperar, todavía estás en la etapa de tolerancia, todo lo aguantas. Tienes piernas de sobra para subir la montaña, quién quita que en el camino cambien las cosas, aunque en el fondo sabes que no será así.

Esta capacidad de aguante se llama resiliencia. Te sale muy bien el papel de amiguis. De Cartagena te llaman para participar en el India Catalina.

3. La mala costumbre de asumir vainas

No te ve como un hombre. Como estás seguro de que te tiene friensonizado, ahora te victimizas, piensas que se pierde de ti, concluyes que no eres de su gusto, pero en las selfies te vendes (posas) con la secreta esperanza que te vea diferente.

Todo el peso de la verdad reposa en tus hombros, lo que vuelve insoportable la relación. Brotan las preguntas, te juzgas implacable, la culpa es mía, dices. Y dices

¿Por qué no le mostré mis reales intenciones? (Tu ser más loser responde: porque igual te habría rechazado).

¿En qué momento me empezó a ver como amigo y nada más como amigo?

¿Por qué no la imagino teniendo sexo conmigo?

¿Y si hago como en las películas y me lanzo al vacío, si total el mundo corrupto, gobernado por los de siempre, no se va acabar?

4. ¿Es amor o qué es eso que llevas ahí?

Es un pedazo pequeño de amor, otro de estupidez, tiene una tajada grande de fetichismo y otra de inseguridad.

En realidad, lo que te carcome por dentro es un fetiche por tu amiga. Y cuando logren tener algo, seguramente no será tan especial como te lo imaginas.

5. Ella lo sabe, pero también juega a como si no…

Si no ha descubierto que te mueres por ella, que te derrites, tranquilo que alguien se lo hará saber. Por supuesto que la amiga lo negará, porque los chismes están compuestos por 80% de ficción, 10% de realidad y otro 10% de no se sabe qué.

El mundo puede decir lo que quiera, que ella seguirá muy cómoda en su asiento de amiga. Total eres un bacán confidente al que le puede contar sus peleas con el novio, los mensajes clandestinos con otros hombres; contrario a ti, amigo enamorado, que se conforma con los besos y los corazones, pero de Whatsapp.

6. Preferible la verdad dolorosa al engaño conformista

Un final triste puede ser el mejor final de una historia.

Lo digo por experiencia.

A mis 19 años salí del closet, todo se fue a la mierda, duré casi un año sintiéndome pésimo, al tiempo que recuperé la dignidad.

Hubo un ¡No! (sí, con los dos signos de exclamación me lo dijo), pero fue la parte que hoy rescato.

Sí, pagué caro mi analfabetismo emocional. Creí que la mujer en cuestión era el amor de mi vida, como si el amor de la vida existiera…

Quedé curado desde entonces. No me ha vuelto a pasar y, de las pocas cosas que puedo jurar, es que nunca volverá a sucederme.

Foto: Istock.

 

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