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Hernando Quintero, el ingeniero de la naturaleza

Hernando dice que los visitantes se sorprenden con lo que encuentran en su finca, pero está seguro de que si esas mismas personas les preguntaran a sus abuelos por la forma como resolvían sus problemas de energía, se llevarían una sorpresa mayor.

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo
07 de abril de 2015
Hernando Quintero, el ingeniero de la naturaleza
Hernando Quintero, el ingeniero de la naturaleza
Hernando Quintero, el ingeniero de la naturaleza

El ingeniero eléctrico Hernando Quintero es el típico «cacharrero». Tiene en su casa un arsenal de herramientas y materiales de toda índole que utiliza para sus ocurrencias. En su caso, para atrapar o producir energía.

Cuando me mostró su estufa solar (un cono invertido forrado en espejos y condensadores), y encima puso una olla con presas de pollo y mojarras adobadas envueltas en bolsas plásticas de cierre hermético, dudé que pudiéramos almorzar. De hecho, mientras conocía los otros catorce sistemas de protección ambiental que tiene en la finca Villa Lucy, siempre tuve un ojo encima de la estufa y veía cómo sus ayudantes la iban moviendo a medida que se corría el sol. Al lado de la estufa está el horno, otra estructura solar que atrapa con espejos la energía del sol para purificar agua, deshidratar frutas y hasta para hacer deliciosos ponqués. 

Este santandereano de pura sepa «cacharrera», usa técnicas milenarias como la rueda, la cual, afirma, es útil para licuar jugos o cargar baterías. Tiene una bicicleta a la que le adaptó poleas y pernos y que con cada pedalazo mueve las cuchillas de la licuadora. Si el usuario quiere hacer más ejercicio, a punta de pedalazos puede recargar una batería de carro que sirva más tarde para encender un DVD o un televisor.

Hernando dice que los visitantes se sorprenden con lo que encuentran en su finca, pero está seguro de que si esas mismas personas les preguntaran a sus abuelos por la forma como resolvían sus problemas de energía, se llevarían una sorpresa mayor, porque se trata de técnicas similares a las que hoy él adapta para superar necesidades básicas: usando el sol, el aire o el agua en procesos físicos elementales como la gravedad.

Algunos de los sistemas que tiene en exposición nacieron por azar o por accidente, como el de calentar el agua para las duchas. Recuerda que un día hizo tanto calor en Curití que su hija pequeña quiso tomar un baño natural a pleno chorro de la manguera. Al abrir la llave, la niña pegó un grito que estremeció la casa porque el agua almacenada en los 150 metros de manguera negra expuestos al sol, salía hirviendo. Así nació la idea de Hernando y de su amigo Néstor de forrar los techos de la casa en mangueras negras, para calentar el agua y enviarla a un tanque de aluminio forrado en icopor que la mantiene caliente. Como una de las funciones del periodista es comprobar, pues probé. A pleno mediodía me metí a la ducha y disfruté de un delicioso baño con agua caliente.

Muestra también con orgullo un baño seco. No necesita agua porque el desecho sólido cae en una parte del inodoro y el líquido cae en otra totalmente independiente. «En este baño reemplazamos el agua por tierra. Mediante en un proceso de compostaje, obtenemos abono», explica Hernando, aunque acepta que algunos de sus clientes prefieren usar el baño tradicional. 

El noventa por ciento de su finca usa energía captada por paneles solares. En algunos casos, de la que se produce en bicicleta que hace jugo a punta de pedal. «Ojalá el uso de estas energías renovables se implementara en la región –afirma–. Aquí viene mucha gente, pregunta y se lleva la inquietud.  Yo no vendo estos experimentos porque todo esto ya fue hecho. Aquí lo que hacemos es recordarle a la gente que existen formas ecológicas de vivir y de aprovechar la naturaleza sin acabarla». 

 

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