
19 de agosto, 1918.
Fiestas patrias de Chapinero
Niñas disfrazadas de flores que participan en las fiestas a favor del templo de la virgen de Lourdes.
La carroza de Colombia en esta celebración que, según el cronista, superó a la de Bogotá “por lo culta y pintoresca”.
El lago de Chapinero donde los visitantes paseaban en barca.
Después de que Enrique Olaya Herrera inaugurara el Parque Nacional en 1934, los paseos obligados eran a ese rincón verde. También eran claves los espectáculos que se realizaban en la Media Torta, que se inauguró en el cuarto centenario de la ciudad. En ese entonces, los bogotanos se enloquecían por las riñas de gallos y los juegos de turmequé, billar y bolos, para luego buscar la salvación en el santuario del Señor Caído, en Monserrate, adonde muchos subían de rodillas o descalzos, mientras los turistas tomaban el funicular.
El padre Almansa, 1919.
El párroco de la Ermita de San Diego tuvo cuatro portadas en cromos. Hoy está en causa de beatificación.
Periódicamente, salían en Cromos especiales sobre la vida nocturna en Bogotá, que giraba en torno a los cafés, como el Automático y el Windsor, donde se mantenía la tradición de la tertulia literaria. Según una crónica, 50.000 personas vivían de la noche en la Bogotá de mediados de los 40, cuando los cafés de la Calle Real permanecían repletos. Esos hábitos nocturnos se acabaron con el Bogotazo y renacieron en los 50, cuando las nuevas generaciones comenzaron a ‘rockanrolear’. En los 60, aparecieron los ‘ye-yés’ y los hippies, que tuvieron su punto de encuentro en la Terraza Pasteur y en el Parque de la calle 60.
11 de octubre, 1930.
Bogotá bajo la nieve
No es la estepa rusa, son los campos de La Merced con los cerros al fondo, cubiertos de una espesa capa de granizo.
El famoso Ximénez escribió, en 1942, una crónica sobre La Puerta Falsa, en la que rindió tributo a su administradora, Cristina: «Aya del dulce, soberana de la aguapanela, emperatriz del chocolate, cacica del arequipe y reina de las empanadas”. Sus mejores clientas eran las beatas con mantilla que salían de misa. Tan bueno era el negocio que surgieron otras siete puertas falsas más en la llamada Calle de la Catedral.
6 de febrero, 1932.
Bomberos de Bogotá en exhibición especial
En la inauguración del nuevo servicio de bomberos de Bogotá, se ven las bombas lanzando gases para dominar un simulacro de incendio.
La mayoría de los reportajes gráficos de la ciudad empiezan o terminan en la Plaza de Bolívar, que en los últimos cien años ha sido objeto de polémicas por sus renovaciones arquitectónicas —como cuando le quitaron las rejas, los jardines y fuentes luminosas—. Ha sido escenario de posesiones presidenciales, manifestaciones multitudinarias, películas, publicidades y postales. Además, testigo de tragedias, como la de la toma del Palacio de Justicia, que todavía arde en la memoria de muchos colombianos.
15 de agosto, 1966.
La Bogotá de ciencia ficción
Hace 50 años, el artista Roberto Álvarez se imaginó así el metro elevado. Hoy, el alcalde Enrique Peñalosa hará realidad el sueño.
Tras el Bogotazo, el 9 de abril de 1948, los talleres de la revista quedaron en ruinas y tres sucesivas portadas dieron testimonio de la destrucción. En mayo siguiente, Cromos publicó una entrevista con el alcalde Fernando Mazuera Villegas sobre la reconstrucción del centro de Bogotá que, según él, además de material tendría que ser moral.
16 de agosto, 1966.
El telesférico de Monserrate
Construido en los años 50 para atender la demanda de los visitantes al Santuario, es uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad.
A pocas cuadras de la epicéntrica plaza que se han tomado los manifestantes, los vendedores ambulantes, las palomas y, en junio de 2016, los nudistas que posaron para el fotógrafo Spencer Tunick, comienza la carrera Séptima, eje longitudinal de la ciudad, que también ha visto numerosas tragedias, como el incendio del edificio Avianca, la masacre del restaurante Pozzetto o la explosión de la bomba en el club El Nogal. En 1972, un reportaje define la vía como “vieja, linda, querida, sucia, fea, inimitable”, donde se puede interpretar una “sinfonía de huecos”, dado el pésimo estado de la malla vial.
Cambiando a un tono más festivo, en su línea de conmemoraciones, Cromos celebró con una edición especial el cuarto centenario de la fundación de Bogotá, en 1938. Y en 1966, repitió el homenaje con 100 fotografías de todas las épocas de la capital, que alcanzaba los dos millones de habitantes. Para esta ocasión, el director de la revista, Camilo Restrepo, entrevistó al alcalde Jorge Gaitán Cortés, quien anunció la construcción del tren subterráneo, el tren elevado y el gran Parque de Oriente. Para el mandatario, el problema más grave de la ciudad era el tránsito, porque solo contaba con tres vías para recorrer 30 kilómetros que la atravesaban. Como sus antecesores, se quejó de los habitantes “indisciplinados, anárquicos, desordenados y destructores”. Los columnistas invitados coincidieron en resaltar los defectos de la capital y solo salvaron el barrio La Candelaria, lo único auténtico que le quedaba. Pese a todas las críticas, vieron en ella su “influjo civilizador” sobre el resto del país.
La fotogénica Plaza de Bolívar en 1963.
Los publicistas también aprovechan este escenario para anunciar sus productos.
En la primera mitad del siglo pasado, la revista además denunció la falta de redes de acueducto y de alcantarillado, la delincuencia y la criminalidad, la insalubridad pública y los barrios de invasión. En 1959, un reportaje hablaba de las 400.000 personas que se hacinaban en tugurios.
Pero nada comparable a la situación del hospital San Juan de Dios —que bien podría ser San Juan sin Dios—, cuyo abandono comenzó a ser narrado por Cromos hace cien años, y que finalmente estalló a finales del 90. Una crónica de 2004 habla de los 70 empleados y sus familias que completan tres años de ocupación del edificio.