Duván tenía un año y medio cuando aparecieron los primeros síntomas: fiebre, inflamación en el estómago y constante diarrea. Las visitas a los médicos en Líbano (Tolima), donde vivía con su mamá y tres hermanos, se hicieron constantes, al igual que el pronóstico, pues los especialistas coincidían en que era una infección intestinal. ?
Pero el sexto sentido de Claudia Pulido, ése que se agudiza cuando de hijos se trata, le decía que su pequeño tenía algo más. El terrible dolor que su niño decía sentir, el malestar constante y una protuberancia que comenzó a crecer en su cuello hicieron que Claudia se enfrentara con las entidades de salud para que trasladaran a su hijo a Bogotá. ?
Un año después, Claudia llegó al Instituto Nacional de Cancerología, donde le confirmaron lo que su corazón temía: su niño estaba muy enfermo, tenía una variedad de cáncer llamado Linfoma, que afecta el sistema inmunológico. Aunque la noticia fue devastadora, la certeza de que su hijo tenía cáncer, le permitió a Claudia comenzar a luchar contra el mal, informada. “Uno llega al Instituto desubicado porque hay muchos niños con diferentes tipos de cáncer. Las mamás empezamos a preguntar buscando un caso que sea similar al que le han diagnosticado a nuestro hijo para asesorarnos”, cuenta Claudia, de 34 años.?
Sin pensarlo dos veces, Claudia, madre soltera, se vino con sus cuatro hijos para Bogotá. Comenzó a trabajar en casas de familia por días, “con otro trabajo no tendría tiempo para dedicarme a mi hijo”, dice. En Soacha consiguió un lugar para vivir y entonces pensó que sería temporal, o al menos hasta que Duván mejorara. De eso ya han pasado once años, pues el tratamiento de su hijo se ha visto detenido varias veces por los trámites de las EPS. ?
“El tratamiento de Duván duró 7 años cuando se suponía que debía realizarse en un periodo de 2 años porque la EPS en ese entonces quería remitir a mi hijo a oncología para adultos siendo un niño. Esto hizo que mi hijo detuviera el tratamiento y la continuidad de éste, provocándole serias recaídas que afectaron gravemente su salud”, asegura Claudia.?
No sólo eso. Siete años de lucha contra el cáncer, viviendo en un hospital, sin poder ver a sus hermanos y sometido al agresivo tratamiento, hicieron que Duván se volviera desconfiado y se deprimiera. “Allá conocí a Opnicer, una fundación de padres de niños con cáncer, que además de dar información de la enfermedad a los papás, enseñan a los niños a ser felices a pesar de la adversidad. Ellos han sido una mano amiga, claves en la recuperación de Duván, que está a punto de ganarle la batalla al cáncer”, dice Claudia. ?
Hoy su hijo ha superado el linfoma en un 90%. Un dato reconfortante no sólo para esta familia, sino para los más de 2.000 niños a los que al año se les diagnostica el cáncer. ?
A los 13 años, el niño, que sueña con ser médico radiólogo, dice que lo que más admira en su madre es la compañía y el cariño que le ha brindado. Duván aún convive con la enfermedad, pero Claudia sabe que ya han vivido las pruebas más difíciles: “Tenemos muchas más ganas de seguir adelante, Duván es un sobreviente”.