

Niñas de todo el mundo se han movilizado hasta Madrid para asistir a la COP25 y pedir a líderes mundiales que «por favor hagan algo» ante la emergencia climática, además de que no se olviden de ellas en las negociaciones.
Greta Thunberg es uno de los rostros más relevantes: tras cruzar el atlántico en velero, ha intentado convencer al mundo entero de que la crisis climática «no es un problema de futuro, sino algo que ya nos afecta». A lo largo de esta semana la joven de dieciséis años ha dicho alto y claro lo que no se estaba hablando en las agendas políticas, señalando como principal peligro «la inacción de los políticos y directivos que pretenden actuar y no hacen nada».
Pero Greta solo es un símbolo, como ella hay miles de rostros anónimos que diariamente emprenden sus luchas personales para defender su tierra y su derecho a ser niñas.
«Soy la voz de la infancia moribunda, mujeres desaparecidas y personas que sufren a causa de la crisis climática creada por los países ricos», clamaba esta semana la joven activista ugandesa Nakabuye Hilda, dando voz a los olvidados. Hilda, que ha crecido viendo cómo la gente de su país se moría a causa de las inundaciones, concurre en esta cumbre con un discurso duro y contundente para advertir de que la crisis climática «es otra forma de racismo ambiental y apartheid».