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Los objetivos de Pékerman en su segundo periodo

Con José Néstor Pékerman al frente de la selección Colombia de fútbol por otros cuatro años, todo el país empieza a soñar con una nueva hazaña. El primer reto será la Copa América de Chile en 2015.

Por César Augusto Londoño
06 de junio de 2015
Los objetivos de Pékerman en su segundo periodo

No sé si exista un colombiano que no haya dejado escapar por lo menos una lágrima con la actuación de la Selección en el Mundial. Este momento significó la culminación de una era brillante comandada por José Néstor Pékerman, después de treinta meses al frente de un equipo que lo respetó, le asimiló el mensaje y entendió una idea de juego que proyectó con resultados la gran capacidad individual del grupo que dirigió.

La reelección de Pekerman fue deseo nacional. Todo el país apoyó la renovación de su contrato. El presidente Santos la presionó desde su púlpito, los nacionalistas extremos coincidieron en que había que conservar al entrenador extranjero, la Federación se empeñó en ella y muchas personas hicieron campañas en redes para que siguiera dirigiendo la Selección.
Luis Bedoya, jefe de la Federación de Fútbol, tuvo una muy difícil misión para darle feliz término al objetivo. Al principio, Pékerman quería darse un descanso. La enfermedad de su madre, de 92 años, concentró toda su atención y el tema del contrato fue motivo de muchas especulaciones. Bedoya dijo públicamente que Pékerman era el plan A, B, C y hasta Z, ante la presión de la cabeza del Gobierno y de la gente. Eso endureció la posición negociadora de la contraparte, que se tomó su tiempo para empezar a dialogar sobre el nuevo contrato.

El representante de Pékerman es Pascual Lezcano, un argentino joven, agente FIFA, de toda su confianza, que participa en las decisiones más importantes del profesor. Con él se hizo la negociación y no fue nada fácil. «El contrato es básicamente parecido al que teníamos antes, con un incremento económico importante pero dentro de estándares que manejan selecciones semejantes a la nuestra en Suramérica y con la responsabilidad que debe tener la Federación», nos dijo Luis Bedoya.

La negociación

El primer encuentro se dio durante el fin de semana del sepelio de Julio Grondona, presidente de AFA; es decir, el 1° de agosto en Buenos Aires. Bedoya y Lezcano empezaron a conversar en medio de una muy buena disposición. Pékerman habló por teléfono con el dirigente colombiano y hubo un avance que desterró rumores. Pasó esa semana y la segunda cita fue en Estados Unidos.
En Miami ambos intereses empezaron a tomar forma. La parte del entrenador, que es un hombre metódico, ordenado, celoso de los más mínimos detalles y enemigo de las improvisaciones, insistió en el valor de esos temas, que siempre la Federación acató. Las ofertas que tenía Pékerman nunca se plantearon sobre la mesa. Se hablaba de Turquía, de Corea del Sur y de los Emiratos Árabes. Japón, que insistía por él desde hacía varios meses, se decidió por el mexicano Javier Aguirre; y Argentina, que surgía como una opción lógica e interesante, nunca lo fue, y Grondona y su sucesor tuvieron claro que el único candidato para reemplazar a Alejandro Sabella era el «Tata» Martino.

Con los muchachos
Pékerman parece un abuelo bonachón, pero es igual de estricto y disciplinado con sus jugadores. Por algo se ha ganado el cariño de ellos, pero también el respeto.

Pascual Lezcano se tomó una semana más para análisis personales, pero no para estudiar otras propuestas, las que nunca fueron planteadas en los diálogos.
El tercer encuentro se llevó a cabo de nuevo en Buenos Aires. Fue la recta final de la negociación y las partes estuvieron de acuerdo en esas exigencias, que se fortalecieron y fueron fundamentales para el éxito de la selección Colombia. Quedaba el tema económico, que era el más complejo y fue lo último que se acordó. Al principio las diferencias eran grandes, estaban lejos en lo ofrecido y lo pedido, pero poco a poco se fueron encontrando.

Se negoció el nuevo contrato –que fue un acuerdo, ni siquiera se firmó–, con los incrementos a los que podía llegar la Federación dentro de sus límites financieros y con la satisfacción para Pékerman, que merecía un aumento importante por los éxitos obtenidos. El domingo 17 de agosto todo estaba listo. Bedoya regresó el lunes a Bogotá y el martes a las siete de la mañana dimos la buena noticia de que don José querido, con cara de abuelo alcahueta, pero severo y riguroso como el que más, había renovado contrato por cuatro años más con Colombia.

 

Claro como el agua

El entrenador no puso como condición el manejo de las categorías juveniles. Tampoco exigió la llegada de Mario Yepes al cuerpo técnico y no hay cláusulas de abandono del contrato ante mejores ofertas. Todas estas afirmaciones fueron inventos que recogió la prensa. Trabajará con el mismo cuerpo técnico: Néstor Lorenzo y Pablo Garabello, como asistentes; Patricio Camps como entrenador de  atacantes; Eduardo Urtasún como preparador físico; Gabriel Wainer como secretario técnico; Marcelo Roffé como sicólogo; Eduardo Niño como preparador de arqueros; Carlos Ulloa como jefe del grupo médico; Martin Petrelli y Carlos Entrena como fisioterapeutas; José Rendón como kinesiológo; William Torres y Héctor Fabio Abadía «Amaral» como utileros; Mauricio Correa como jefe de prensa; Alonso Amorocho como jefe de logística, más los oficiales de seguridad y complementos que asisten al equipo. Para el Mundial de Brasil, sumando los 23 jugadores, fueron casi cincuenta personas las que representaron a Colombia. Un grupo amplio que también cuesta dinero.

La realidad dice que no será nada fácil satisfacer la ambición popular. La eliminatoria estará muy difícil, porque Brasil volverá a competir.
 



Los grandes retos
A Colombia le esperan cuatro años intensos en fútbol: tres fechas FIFA en lo que resta de 2014. Copa América en Chile, cuatro amistosos en dos fechas FIFA y el inició de la eliminatoria con cuatro juegos en 2015. En 2016 habrá Copa América en Estados Unidos por el centenario de la Conmebol, más una fecha FIFA de amistoso y seis partidos de eliminatoria. En 2017 tendremos ocho encuentros clasificatorios a Rusia y una fecha FIFA preparatoria; y en 2018, el Mundial, con sus juegos previos amistosos (ver calendario completo).

Nadie está contento con lo que tiene y el país va a pedirle mucho más a la selección Colombia. La emoción del Mundial quedó atrás y en la próxima Copa América muchos exigirán título. La realidad dice que no será nada fácil satisfacer la ambición popular. La eliminatoria estará muy difícil, porque Brasil volverá a competir y está en riesgo el medio cupo del repechaje que le dio a Suramérica la opción de tener (incluida la selección local) seis equipos de la región.

Un tema complejo pero delicioso es el táctico. Pékerman en la eliminatoria jugó con dos delanteros, generando fútbol por los costados con gran salida de los laterales y el mantenimiento de la pelota como objetivo prioritario. En el Mundial, con la ausencia de Falcao, Colombia jugó muy distinto: tuvo menos el balón. La posesión no fue el gran objetivo. Contragolpeó, jugó con un solo delantero en cuatro de los cinco partidos, los ataques arrancaron por el centro y James Rodríguez jugó más avanzado, llegó permanentemente al gol y fue figura.

En la defensa, tendrá que reemplazar a Faryd Mondragón, retirado, y a Mario Yepes, que muy pronto abandonará la actividad. Amaranto Perea está en los 35 años y Aquivaldo Mosquera no ha sido de los afectos del técnico. Está el reto de encontrar otro arquero, los mejores marcadores centrales y algún lateral izquierdo competente. En la nómina de 23 que fue al Mundial hay 17 jugadores de 28 años o menos, una edad ideal para garantizar vigencia en un nuevo ciclo mundialista. Por ahí dicen que nunca las segundas partes fueron buenas, pero en el caso de la Selección todo está dado para que la emoción continúe.

El entrenador no puso como condición el manejo de las categorías juveniles. Tampoco exigió la llegada de Mario Yepes al cuerpo técnico y no hay cláusulas de abandono del contrato ante mejores ofertas.
 

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El fútbol nunca garantiza nada y no hay éxitos eternos, los rivales también juegan y a la lógica a veces se le atraviesan la táctica, los árbitros, las lesiones y los imponderables.
Tenemos una gran generación y un excelente conductor que supo adaptarse al medio, que decidió vivir en Colombia con todos sus colaboradores, que quiere la tierra donde jugó con el Medellín y donde nació una hija, y que en este nuevo periodo de cuatro años espera seguir dándonos muchas alegrías.

Luis Bedoya tiene que estar muy satisfecho, porque las metas propuestas se cumplieron, el balance deportivo es el mejor y el administrativo no se queda atrás. Su nuevo periodo también será por cuatro años. Solo falta que lo ratifiquen como presidente en la próxima reunión del comité ejecutivo, como seguramente sucederá. Con la Selección el país se une, las personas gozan, nuestra imagen internacional mejora, la vida es más placentera y Colombia nos encanta más.

Fotos: AFP.

 

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